Posteado por: fernando2008 | 25 septiembre 2010

Isaac Asimov. Fundación.

Para un lector como yo, y además un enamorado de la Ciencia Ficción, hacer la reseña de la “Fundación” de Asimov, es como para un literato hacer la reseña de “El Quijote”. Me tiembla la mano. Hay tantas cosas que querría decir que no sé por dónde empezar. Cosa pertinentes unas, impertinentes otras. ¿A quién le puede importar lo que yo he sentido al leer el libro?

Hace tiempo, escribí un diálogo, desgraciadamente imaginario, con Asimov. En él decía:

No sé cómo compartir las emociones que me producen la sabiduría de Hari Seldon, el pesimismo de Ben Riosel o la tristeza de El Mulo. Usted ha contado ya perfectamente esas historias.”

Sigo pensando lo mismo. Pero lo que está de Antonio tiene mucha fuerza, por lo que comienzo mi reseña. A ver qué sale.

En primer lugar, quiero examinar una afirmación de Antonio con respecto a la tetralogía de Frederic Poh. Antonio decía:

Pienso que la ficción humanística también tiene límites: las premisas que fija el autor para su obra. (…)En el momento en que meto un mago de por medio o me salto las propias normas sobre las que he construido mi sociedad estoy entrando en el terreno de la Fantasía como género”.

Casi estoy de acuerdo con esta afirmación. Estoy de acuerdo con la idea, pero con una excepción. La técnica en sus realizaciones más modernas, puede, en un momento determinado, o para algunas personas más atrasadas, aparecer como magia. Un mago, moviendo sus manos, puede generar luz, como cualquier usuario de una casa inteligente. Moviendo la varita, un mago puede conjurar espíritus; como yo, moviendo mi ratón inalámbrico. Y si a los magos entidades invisibles le susurran al oído ciertas informaciones ¿en qué se diferencia esto de la entidad invisible que me dice con una acariciadora voz femenina: “Abandone la rotonda por la segunda salida”. En la Fundación encontramos ejemplo de esto. Salvor Hardin se hace con el control usando la religión, o la magia que en realidad es ciencia.  Aparte de esto, Antonio tiene razón. Una ficción humanística, y “Fundación” lo es, no puede caer en la fantasía.

La primera impresión que tenemos al leer la Fundación es que el libro es una antología de cuentos. Hay cinco en él, y el primero “Los Psicohistoriadores” fue escrito con posterioridad a los otros cuatro. Para explicar esto, conviene que recordemos que vivimos en un mundo capitalista. Cuando una idea triunfa, se exprime hasta sus últimas consecuencias. Sólo hay que ver la cantidad de literatura que ha generado la trilogía inicial.

Los Psicohistoriadores” cuenta la historia de Hari Seldon hasta que los componentes de la Primera Fundación salen hacia Términus.

Y aquí vemos aparecer una de las ideas más geniales de Asimov: La Psicohistoria. Es el sueño de todo historiador. En vez de rompernos la cabeza intentando explicar las consecuencias de un determinado hecho histórico en función de unas causas, el genial Hari Seldon lo reduce todo a fórmulas matemáticas: Veámoslo:

La Psicohistoria como la rama de la Matemática que estudia las reacciones de los conglomerados humanos ante determinados estímulos sociales y económicos… Evidentemente,  el conglomerado humano de que se trata debe ser lo suficientemente grande como para poder admitir un tratamiento estadístico La magnitud necesaria para tal conglomerado puede determinarse por el Primer Teorema de Seldon. Además, otra condición necesaria es que el conglomerado humano no debe ser consciente de ese análisis psicohistórico, con el objeto de que las reacciones sean realmente auténticas.

Por decirlo de otra manera, manera que no me invento yo, porque también está en el libro, la Psicohistoria es el estudio de las sociedades humanas como un fluido. Se puede prever como se comportará ese fluido en líneas generales, aunque no se pueda predecir como se comportará una partícula en especial. Por eso, Hari Seldon no pudo prever a “El Mulo”.

Bien. Las ecuaciones de Hari Seldon le dicen que el imperio se desintegra. Que vendrá una edad obscura y después un segundo imperio, mejor que el actual. Crea dos fundaciones, una pública y otra secreta “en los dos extremos de la Galaxia” (Esta frase dará mucho juego). Y encarga a la primera fundación que escriban la “Enciclopedia Galáctica” Para ello los enciclopedistas tienen que ir a un planeta sin metales. Y además, en el equipo no va ningún psicohistoriador.

Los Enciclopedistas” Términus está gobernando por la Junta que hace la Enciclopedia hasta que Anacreonte se rebela y un enviado imperial no hace absolutamente nada y Salvot Hardin alcalde de Términus toma el poder tras la primera crisis Seldon. Estos enciclopedistas no querían ver más allá de sus narices. Se dedican a clasificar los conocimientos de la galaxia, más menos como las escuelas filosóficas de finales de la época de oro en Atenas se dedicaban a hacer interminables taxonomías.

En “Los Alcaldes” Salvor Hardin se hace con el control de los cuatro reinos mediante la religión. Y además, ayudándose con la política. Nunca niega sus conocimientos científicos a nadie; pero se asegura de que los cuatro reinos estén equilibrados. Así, si uno de ellos intenta conseguir la supremacía, los demás le atajarán. Ha creado una religión éticamente perfecta, con un ritual más o menos coherente, pero en la que los sacerdotes tienen el control de la técnica y están al cargo de las plantas de energía. Cuando la flota de Anacreonte intenta invadir Términus, lanza el interdicto, y todo Anacreonte se sume en el caos. Él no mueve un dedo, no amenaza. Hace realidad la frase que tiene enmarcada en su despacho: “La violencia es el último recurso del incompetente. Y triunfa. Como la Iglesia católica triunfa en la Edad Media. Ningún rey se atrevía a la excomunión papal, porque inmediatamente sus vecinos se lanzaban, santamente, sobre él para arrebatarle su reino.

En “Los comerciantes” los reinos se han dado cuenta de los peligros que entraña para ellos la religión y prohíben los misioneros. Pero, en otra de las lapidarias frase de Slavor Hardin: “Nunca permitas que el sentido de la moral te impida hacer lo que está bien”.  Limmar Ponyets vende en Askone un cargamento de aparatos atómicos algo prohibido por la religión de ese planeta. Y tras las máquinas irán los sacerdotes, encargados de hacerlas funcionar

Los Príncipes Comerciantes” es el relato final. Los cuatro reinos han caído bajo la influencia de la Fundación y toda la periferia ha tomado buena nota de esto. Ahora la Fundación está en manos de estos príncipes comerciantes, equivalentes galácticos a los Médicis de Florencia, los cuales al principio no tenían absolutamente ningún cargo en la república del Arno, pero la dominaban por completo. Hover Mallov, el protagonista de este último relato, vende aparatos a una potencia rival asegurándose la dependencia de la Fundación por las reparaciones y los repuestos. Y entre las brumas del pasado, aparece por primera vez los restos del Imperio.

Me temo que ésta es una reseña fallida. Cuanto más admiro al autor, peor me salen las críticas. El lector que se moleste en leer esto se quedará en ayunas sobre la verdadera grandeza de este libro. A lo mejor, le entrarán ganas de leerlo para aclararse de este galimatías.

Que es en realidad el objetivo que intento conseguir.

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Responses

  1. Yo recuerdo la Trilogía como un descubrimiento. Y la Psicohistoria es esa ciencia que aúna dos de las disciplinas más aparentemente contradictorias. Y digo aparentemente porque, en mi opinión, las Matemáticas describen, o lo intentan, numéricamente el mundo (aunque no son el mundo) y la Historia describe, o lo intenta, al hombre a través de sus actos (aunque no es el Hombre a través de sus actos).

    El uso de la religión para esconder la ciencia tras la magia no es “trampa”, en mi opinión, desde el momento en que el autor lo que describe es un engaño y no nos esconde la verdadera naturaleza de la tecnología.

    Mi idea va más por la diferenciación entre la ciencia ficción y la fantasía que, cuando lo necesita, se inventa un mago al que dota de poderes sobrenaturales sin ninguna clase de explicación.

    Evidentemente, una sociedad o un indivuo no educado sobre una base racionalista podrá confundir ciencia con magia pero, por poner un ejemplo, si nosotros nos encontrásemos con una cultura superior capaz de logros por encima de los nuestros, no diríamos que son seres superiores dotados de poderes divinos; calificaríamos casi automáticamente sus “hazañas” como tecnológicamente superiores y podríamos quedar sobrecogidos de temor ante un arma poderosa, pero no ante el supuesto dominio por medios ocultos, de las fuerzas de la naturaleza.

  2. En eso tienes razón. Asimov no “hace trampas” Explica bien qué es para él la religión


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