Posteado por: fernando2008 | 15 septiembre 2010

Frederic Pohl. Pórtico. Tras el incierto horizonte. El encuentro. Los anales de los heechees.

Cuentan las crónicas que un día un profesor llegó a clase y soltó sin previo aviso a sus asombrados alumnos la siguiente pregunta “¿Por qué?”

Sinceramente creo que si un profesor hace eso sólo puede deberse a dos razones. La primera, porque no se ha preparado la clase. Y la segunda porque se la ha preparado, pero se ha olvidado en casa los apuntes.

De todas maneras, preguntarse el por qué, es el comienzo del aprendizaje. Sabes que no sabes algo, y quieres aprenderlo.

¿Por qué la ciencia ficción? Una vez leí que los individuos con un cociente intelectual más alto, leen ciencia ficción.  Puede. Sin embargo yo matizaría. Los individuos con un cociente intelectual más alto, leen.

Pongamos un ejemplo. Comparemos Alejandría con Roma. Roma está encorsetada en un plano anterior. Las ínsulas, estas construcciones tan frecuentadas por Falco, y de las que sacaba tantísimas ganancias Craso, apodado “El verdín” por el moho de sus casas, impiden una planificación racional de la ciudad ya desde la época de los reyes. A veces ocurren afortunados accidentes que permiten mejorar su trazado. Pero no sonriáis. Nerón estaba en Actium en el momento del incendio, regresó a Roma a toda velocidad y se puso a ayudar, con la cara negra de hollín, a los supervivientes. La historia la escriben los vencedores. Que gracias a ese incendio apareciese la Domus Áurea, fue una casualidad.

Pasemos a Alejandría. Cuando Alejandro llega, en aquel paraje no había nada. No se sintió constreñido por una planificación anterior y pudo montar con harina, una retícula en el más puro estilo de Hipodamo de Mileto. Hizo Alejandría a su gusto.

La ciencia ficción es como Alejandría. Discurre sin un condicionante previo. Mientras que el escritor de novela histórica no puede hacer que César se defienda a tiros de sus asesinos o que Roldán huya en helicóptero para reunirse con Carlomagno  y el grueso del ejército, el escritor de ciencia ficción sí puede. No está limitado por nada. Ni siquiera la vieja velocidad de la luz puede limitarle. Para salvar esta limitación están el hiperespacio o los agujeros negros.

A mi juicio, la ciencia ficción podría dividirse en dos grandes apartados. El de la ficción científica, cuyo exponente sería Arthur C. Clarke, ficción que organiza la trama en función de las leyes conocidas del universo llevando al límite esas leyes. Clarke, por ejemplo construye unas torres en el ecuador, torres que sirven para escapar de la atracción de la Tierra. O un cinturón de espejos para aprovechar la luz del sol. Esta ficción científica permitirá por ejemplo a algunos profesores, lectores ocultos de esta bitácora, enseñar física basándose en relatos de ciencia ficción.

La ficción científica funciona, pero tiene un problema. En 1900 una revista propuso a estos escritores elaborar cien tarjetas imaginando aspectos de la vida en el año 2000. Yo he visto estas tarjetas y puedo aseguraros que en todas, la realidad ha superado la ficción. Todo lo que un hombre imagina, otro puede hacerlo realidad y antes de lo que se espera.

La otra ficción es la ficción humanística. Se pueden crear situaciones, sociedades, gobiernos “ex nihilo”, creación que hasta ahora estaba reservada únicamente para Dios. Todas las utopías, tanto las hermosas como las horribles, son posible sobre el papel. Y aquí tampoco hay barreras, y si las hay se saltan. Cuando Asimov necesita crear un cerebro avanzado para sus robots crea el “cerebro positrónico” simplemente porque el positrón se conocía desde 1932. Asimov, por supuesto, nunca se molestó en explicar qué era dicho cerebro.

Siento la larguísima introducción. Era algo que llevaba bullendo en mi mente mucho tiempo, y necesitaba soltarlo. ¿Por qué? Porque soy un entusiasta de la ciencia ficción,, porque leo muchas novelas de este género y porque quiero comenzar a reseñar alguna.

El diecinueve de junio de 1992 leí “Pórtico”. Gracias a la maravilla del iPad he completado la tetralogía.  Y hoy, quiero compartirla con vosotros.

En “Pórtico” comienza la historia de Robinette Broadhead, un prospector. Estos prospectores surgen debido al hallazgo, en un asteroide llamado Pórtico, de los  restos de una civilización, la civilización de los “Heechee”, desaparecida hace medio millón de años. Los prospectores son personas que se ofrecen a probar las naves de los heechee y reciben fantásticas primas pero generalmente mueren porque nadie sabe donde van a ir esas naves, ni mucho menos manejarlas. Son los pioneros, los descubridores, los hombres que están dispuestos a morir con tal de saber o, en este caso, con tal de enriquecerse. El protagonista, tras vencer su miedo se embarca y llega cerca de un agujero negro perdiendo allí a su novia. Toda la novela es la psicoterapia que un robot psiquiatra, al que Robinette llamará Sigfrid von Schrink,  le aplica para demostrarle que él no mató a su novia, que ella vive pero dentro de la peculiaridad del agujero negro.

“Tras el incierto horizonte” es la segunda novela. En ella Robinette Broadhead se ha hecho rico con los hallazgos de la civilización heechee, se ha casado y vive feliz. Mientras una expedición, compuesta por dos hombres y dos mujeres,  ha llegado a un lugar que ellos llaman “Paraíso Heechee” encuentra allí a un chico, a unos llamados Primitivos (antiguos australopitecus) y a los Difuntos que son percepciones de cerebros muertos hace tiempo Pero uno de los hombres muere y el resto de la expedición es apresada por los Primitivos. Robin vuela allí y consigue salvarlos y recuperar su fortuna, perdida por los pleitos que le ponen. Tras mucho investigar, se dan cuenta de que los Heecheee están modificando el universo actuando sobre el Big Bang y modificando los Números Universales. En el último capítulo hacen su aparición los heechee dando validez indirectamente a esa teoría.

En “El encuentro” averiguamos las razones que han tenido los heechess para sus actos, aparentemente disparatados. Éstos se han escondido en un agujero negro huyendo de los Asesinos, una raza de seres de pura energía que intentan modificar el universo a su capricho, para hacerlo mejor para ellos, sin importarles si tienen que acabar con todas las demás criaturas vivientes. Los heechee intentan explicar esto a los humanos, pero ellos reaccionan atacándolos. El verdadero protagonista de esta novela es Albert, consciencia de Einstein, un “programa asistente para todo” de Robinnette. Cuando Robinette muere y es traspasado a una conciencia holográfica como Albert se encuentra con Klara su primera novia que ha escapado del agujero negro y le pregunta si le ha estado odiando todo este tiempo. Klara se echa a reír y le contesta que con todo el follón que hay en el universo y en la vida de Robinette, sólo le preocupa su complejo de culpabilidad.

“Los anales de los heechees” es la última novela de la tetralogía. Los heechees y los humanos han comenzado a convivir, e incluso los niños de las dos razas van juntos a la escuela. Un niño humano, uno heechee, y una niña humana pero que ha vivido en contacto con ellos, comparten clase y son secuestrados por dos terroristas. Robinette Broadhead que ya es una personalidad metida en el espacio de los gigabait, lo mismo que su esposa y Albert Einstein, los salva. En la novela hay muchas explicaciones de el Big Bang, de las 9 dimensiones, y de muchas más cosas. Al final descubren que los Asesinos no son tales, sino unos seres de energía solamente que no han reparado en los seres hechos de materia. Están modificando el universo para que sea mejor para todos. La apoteosis final la pone Dios, el cual justificará la protección que ha dispensado a los Asesinos diciendo: “Al fin y al cabo, también son mis hijos”.

No es mi mejor entrada, pero es la primera de ciencia ficción y así se quedará. Espero que las siguientes estén más logradas.

¿Por qué la ciencia ficción? ¿Por qué no?.

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Responses

  1. ¡Hummmm!.

    Con la venia.

    Pienso que la ficción humanística también tiene límites: las premisas que fija el autor para su obra.

    Yo puedo pensar la psicohistoria como una ciencia y ajustar la narración para que sea coherente con esa premisa. Puedo pensar a Dios y hacer que la narración sea coherente con la existencia de un ser de tales características. Incluso puedo poner al Mulo y no apartarme de cierta lógica histórica que resalta la importancia de algunos seres humanos concretos.

    En el momento en que meto un mago de por medio o me salto las propias normas sobre las que he construido mi sociedad estoy entrando en el terreno de la Fantasía como género.

  2. ¡La Psicohistoria! Magnífico tema, divus Antonius. Me lo apunto y ecribiré sobre ella. Dime ¿has hecho progresos con Calibre?

  3. Nop.

    😦

    Estoy liado traduciendo el “ab vrbe condita” de Tito Livio y calculo que me llevará año y medio completar el proyecto. En mis ratos libres me limito a leer lo que me descargo…, y a veces hablo con mi familia 🙂

    En http://tlivio.iespana.es puedes ver un adelanto. Las períocas ya están traducidas (bueno, me ayudaste tú y un compañero tuyo).

    De “ab vrbe…” llevo el primer libro (que ya está subido) y voy por la mitad del segundo. Cuando esté todo lo subiré también en formato .pdf y .epub (para ebooks).

    De momento, en las notas del traductor hay unos enlaces a una edición de Google Books de la Imprenta Real de Madrid de 1794 que se puede descargar en PDF. Aunque el traductor se saltó algunos párrafos del original, está bastante bien y su castellano es bastante comprensible.

  4. Bueno, todos ponemos nuestro granito de arena. Uno con la Psicohistoria y otro con Livio. Vivir no es necesario, navegar sí.


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