Posteado por: fernando2008 | 10 septiembre 2010

Una tarde en Barcelona.

Desgraciadamente, voy poco por Barcelona. Y además, por poco tiempo. Es por eso por lo que me veo obligado a priorizar y seleccionar mucho. Mi anterior visita la dediqué íntegramente a la Sagrada Familia, antes de que los topos comenzasen a hacer sus madrigueras debajo de ella. ¡Marx mío! ¿No tendrán otro sitio donde escarbar? Esta vez iba en grupo y la visita tenía la duración de una tarde, tarde que terminaba a hora del partido España-Paraguay, mal que me pesara. Así que decidí que la tarde sería una rencuentro con dos escritores barceloneses.

Santa María del Mar es una maravilla. Pero es una maravilla a partir de los tres metros de altura. Si exceptuamos Nimes, nunca he visto alrededor de un monumento una fauna tan variopinta. Tenderetes de mercancías extrañas, manadas de turistas e incluso unos horribles triciclos multicolores impulsados por “rickshaw” de pinta equívoca. Como dice una amiga mía, nunca me han gustado las fotos “con bicho”. Por eso os pongo éstas, en las que no salen la fauna circundante.

No os voy a hablar de las características arquitectónicas de la iglesia. Ya lo he hecho durante demasiados años.  Sólo quiero explicar que es eso, una iglesia.

La catedral es el templo en el cual el obispo tiene su cátedra, sillón desde el que enseña. La catedral es pues el centro de la diócesis, la sede o seo. Y la catedral de Barcelona está al lado (Por cierto, recubierta de toldos verdes. Es una mala suerte que me persigue por toda Europa. Cada vez que voy a una ciudad, siempre hay un monumento con burka. Yo, ingenuo de mí, pienso que es en verano cuando los turistas visitan más los monumentos, por lo que debían arreglarse en invierno, cuando no hay tantos visitantes. Pero por lo visto, las autoridades municipales tienen una idea muy distinta).

Pero volvamos a Santa María del Mar. Me llamó la atención que muchos turistas preguntaban por “la catedral del mar”. Los aborígenes debían ya estar acostumbrados y educadamente les indicaban el camino. En realidad no preguntaban por una iglesia; preguntaban por Ildefonso Falcones.

Como no me gusta repetir autor en mi apartado de “Libros”, no he hecho en la bitácora la reseña de “La catedral de mar”. Hago aquí un resumen rápido: Arnau Estanyol es un siervo que, harto de las injusticias del régimen feudal se escapa a Barcelona. Si consigue demostrar que ha vivido un año en la ciudad será un hombre libre.  Efectivamente. No hay nada nuevo bajo el sol, ni siquiera en la emigración ilegal. Trabajará como “bastaixo” o mozo de carga y será uno de los que colaboren en la construcción de Santa María del Mar, iglesia que los feligreses de la zona del puerto estaban construyendo, aportando tanto dinero como trabajo. En el caso de Arnau, él cargaba con las piedras de la construcción desde la cantera de Montjuic hasta el lugar donde se construía la iglesia.

La construcción de esta iglesia es un desafío. Pacífico y religioso, pero desafío al fin.

En esta misma época se está construyendo la Catedral de Barcelona, obra patrocinada por la corona, la nobleza y el clero. Los humildes habitantes de la zona del puerto quieren proclamar a los cuatro vientos que ellos también cuentan; en esta época no se hacen mociones de censura ni huelgas generales; por eso, se les ocurre construir su propia iglesia.

En una de las jambas de la puerta está un relieve que representa a un “bastaixo” con su carga. Podemos considerarlo el retrato de Arnau y el monumento a todos los “bastaixos”.

Ildefonso Falcones es un gran escritor y un magnífico autor de novelas históricas. Pero es un escritor triste.. Lo mismo en esta novela que en “La mano de Fátima” te pasas todo el tiempo de la lectura con el corazón encogido. Cada que el protagonista comienza algo el lector no puede por menos que preguntarse por donde le lloverán los palos. Va de desgracia en desgracia hasta la victoria final, menos mal, gracias a un oportuno “Deus ex machina”. Pero será mejor que leáis la novela.

Y después, Plaza Real y las Ramblas. Es un tópico, lo sé, pero siempre que paso junto a callejones como éste, miro a ver si está “Bromuro” para que me limpie los zapatos y me hable de “su” general Muñoz Grandes.

He renunciado hace mucho a calificar a un escritor como mi escritor favorito. Mis alumnos me indicaron, con muy buen criterio, que si tengo en mi corazón cien escritores, la palabra “favorito” pierde su significado. Algún día tendré que buscar un adjetivo lo suficientemente calificativo para Manuel Vázquez Montalbán. Sólo diré que es uno de los pocos escritores a los que me he propuesto leer su obra entera. Me identifico mucho con él: su gula, su figura y su obsesión por atesorar libros. Porque estoy firmemente convencido de que Vázquez Montalbán no quemaba libros; los coleccionaba. Como yo.

Mis pensamientos dirigieron a mis piernas, y al poco me encontré delante de La Boquería. No voy a haceros creer que me puse a comprar los ingredientes de una cena, para cocinarla en Vallvidrera, a la vera de una chimenea, permanentemente encendida, incluso en verano. Sencillamente deambulé por el mercado viendo, oliendo y, como diría un cursi, rememorando. Algo es algo.

Después fue el partido, que ya he contado en otra entrada, una cena insípida y la vuelta al hotel. Al día siguiente salimos, si no para Bangkok, sí para Ginebra. Que tampoco está mal. No se aparta excesivamente del guión.

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Responses

  1. Tu blog me recuerda mi paso por Barcelona. Definitivamente aquella ciudad es el mejor pretexto para rememorar. Bien lo has hecho con Santa Maria del Mar, nombre que le coloque a mi hija para homenajear permanentemente ese ícono de la historia del puerto.
    Saludos desde Colombia.

  2. Saludos para ti también, Mara. Bienvenida a mi bitácora. Me alegro que coincidamos.

  3. Saludos, Maestro:
    No sé si sabrás, pero soy catalán y he vivido en Barcelona desde los 7 años hasta los 24 en que me casé. Tengo bastante familia en Barcelona y voy allí en bastantes ocasiones al año y por la proximidad que tengo desde Castellón.
    (2 horas y cuarto en en Euromed y 2 horas y media en coche)
    Todo lo que cuentas es real y te aseguro que es una ciudad que cautiva por muchas y variadas razones.
    Me alegra saber que te gusta.

    😀

  4. Por supuesto que me gusta, Jomer. Y me honro en haber participado en la Diada cuando vino Tarradellas. Y de mi pertenencia al PSUC


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