Posteado por: fernando2008 | 4 junio 2010

Andrea Camilleri. La pista de arena.

Perdonadme, sufridos lectores. Se me había olvidado. Después de cantar a Sicilia y a todos los sicilianos vivos, muertos o de ficción, se me había olvidado glosar al siciliano más famoso en la actualidad: el comisario Salvo Montalbano. He caído en la cuenta al leer ésta, la decimonovena novela de Montalbano escrita por Andrea Camilleri.

¿Qué os voy a decir de Montalbano que vosotros no conozcáis ya? Que es comisario de policía en Vigata, que tiene un magnífico grupo de subordinados, que tiene una novia, Livia, cuyo nombre no es un azar; Livia es el vivo retrato de la Livia de Augusto. Que tiene una casa junto al mar, mar en el que se baña, no como ejercicio, sino para despejarse. Que tiene una amiga/amante, Ingrid, que aparece y desaparece en su vida. Y que tiene un buen apetito, rasgo que ha heredado de su padre espiritual, Manuel Vázquez Montalbán.

Montalbano no es un comisario al uso. No es un tipo duro en una tierra de tipos duros. La prueba de ello es que mantiene a su servicio a Adelina, una magnífica asistenta cuyos hijos han sido encarcelados alguna vez por Montalbano. Y mantiene una magnífica relación con Catarella, el policía inútil que equivoca el nombre de todas las personas que pasan por la comisaría.

En ésta, su decimonovena novela, Montalbano comienza a sentirse viejo. Él en realidad no está convencido, pero los hechos son muy tozudos. Está viejo y cada vez tiene peor vista. Cuando su ayudante Mimi aparece en el despacho con gafas, Montalbano pierde el hilo del razonamiento que estaba haciendo y se pone a discurrir sobre las gafas. Incluso llega a pedirlas prestadas, pero constata que con ellas no ve bien. Ve mejor con las de su padre. El porqué Montalbano no va de una vez al oculista, es un tema en el que mejor no entramos.

Un día Montalbano se levanta y ve un caballo muerto delante de su casa en la playa. Ha sido apaleado brutalmente. Mientras llama a comisaría, el cadáver del caballo desaparece misteriosamente. Una hermosa amazona, amiga de Ingrid piensa que el caballo es suyo, un purasangre que vale mucho dinero. Al poco tiempo, la casa de Montalbano es asaltada por unos ladrones varias veces cuando el comisario no está en ella. Pone de guardia al agente Galluzo, el cual evita que incendien la casa. Galluzo dispara a uno de los incendiarios y cree haberle herido. Nadie entiende en Vigata que exista alguien tan tonto o tan atrevido como para intentar entrar en la casa del comisario.

Pero hay más. Mucho más. Hay sueños freudianos, en los cuales Livia, con la que ya apenas discute desganadamente, se convierte en caballo. Hay un juicio en el que Montalbano debe declarar. Y hay muchas comidas que comer.

Es la novela del otoño, del declinar de Montalbano. Esperemos que Camilleri use la omnipotencia que todo autor tiene, y rejuvenezca a Montalbano. O que siga haciéndole viejo, pero que nos lo conserve para el disfrute de todos sus lectores. Que es mucho el disfrute que nos produce. Si no la habéis leído, leedla. Merece la pena.

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Responses

  1. No lo he leído, si tu lo recomiendas, lo leeré este verano. Estuve haciendo éso con los de Montalbán,verano tras verano. Tiempo de disparates y de relax (el verano) jeje.
    Saludos
    Elisa

  2. Efectivamente, te lo recomiendo. Es una magnífica lectura para el verano. Mejor que los periódicos.


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