Posteado por: fernando2008 | 11 mayo 2010

Arturo Pérez-Reverte. El húsar.

Tenía una cuestión pendiente. No con Pérez Reverte, desde luego, sino conmigo mismo. Había leído todo lo que ha escrito este autor y me faltaba “El húsar”. Hoy, por fin, puedo decir que he leído todas sus novelas.

Ya dije en “El asedio” que en mi vida he visto a Pérez-Reverte, y que por sus artículos no me cae simpático. Sin embargo, me gustan sus novelas. Tiene el don del narrador; te mete dentro de la trama, ves por sus ojos y piensas por su cerebro. También dije que no conseguía rematar sus faenas. Creaba durante el nudo unas expectativas que después no se materializaban en el final.

Pero estas consideraciones son para las demás novelas. Hoy por fin he leído “El húsar” y me ha gustado. Me ha gustado más, siendo su primera novela, que otras que ha escrito mucho después. Me ha gustado porque ésta le salió redonda.

Le ha salido redonda porque no intentó abarcar más de lo que podía llevar. Pérez-Reverte ha visto muchas guerras y puede describir la Guerra magistralmente. Aquí la describe sin concesiones: en la gloria y en la mierda.

La trama es sencilla y por ello acierta. El subteniente Frederic Glüntz, es un joven de diecinueve años, un oficial del 4º de Húsares, la flor y nata de la caballería ligera de Napoleón. Han pasado ya los días del Terror, la nobleza, aunque sea la advenediza nobleza bonapartista, vuelve a levantar cabeza y Frederic es un chico que basa su ética en la estética. Su sable, sus botas con sus espuelas, su dormán, su colbac, su caballo “Noirot”, son toda su vida. Apenas queda un rincón en su alma para Claire, una chica a la que ha visto sólo una vez y de la que se ha enamorado. O al menos, él lo cree así. Pero se encuentra en la realidad más cerca de su compañero Michel de Bourmont que de la ensoñación de Claire.

Su vida es la de un oficial de diecinueve años. Paseos por la Córdoba ocupada, vino, duelos y un profundo desprecio a la “canalla” española; seres incultos, andrajosos, sucios y fanáticos. Incluso Pérez-Reverte pone en la novela la figura de un afrancesado, un noble que vive en Aranjuez, culto, admirador de la Francia revolucionaria. Don Álvaro de Vigal, pues así se llama el afrancesado, reconoce que las ideas francesas son mejores, que Fernando VII es un felón que traiciona a su país, el país que lo idolatra. Pero, a pesar de todo esto no ve ninguna solución, ya que los españoles son “gente a las que, además, una religión dura e intransigente ha ido empapando, desde tiempos remotos, en cerril fanatismo”.  Don Álvaro sabe que, en cuanto se vayan los franceses, sus compatriotas los sacarán a rastras de su casa para matarlo. Los españoles saben morir y saben odiar como nadie.

Un día, el 4º de Húsares se pone en marcha. Frederic por fin va a recibir su bautismo de fuego. Su ética-estética hace que bromee, que se muestre impaciente por entrar en combate. Pero, poco a poco, a medida que se va acercando al campo de batalla, su estado de ánimo cambia. La guerra no es hermosa. Son cadáveres en el camino, personas ahorcadas, pueblos en llamas, lluvia y barro.

Frederic entra en combate y lo primero que siente es un terror absoluto. Avergonzado, mira a su alrededor y ve que nadie se ha dado cuenta de su momentáneo miedo. Carga una y otra vez contra el enemigo y cuando cree haber vencido, se produce el contraataque. Frederic huye perseguido por los lanceros españoles, se encuentra solo en un bosque, pelea de una forma poco heroica, se arrastra para buscar comida en el zurrón de los muertos y recibe una herida poco heroica: una pedrada le destroza la boca, desfigurando su bello rostro.

Al final, descubre el verdadero rostro de la guerra: fiebre, frío, miedo, sangre, barro y mierda. En una batalla nadie tiene tiempo ni ganas de bajarse los pantalones. Honor, Gloria, Patria, Amor, desaparecen. Sólo queda la Muerte, plantada en mitad del camino con su guadaña. Cuando ve acercarse a un grupo de campesinos armados con hoces, palos y navajas “no sentía más que una cansada indiferencia”.

Buena novela. Y lo es porque Pérez-Reverte no intenta ninguna pirueta literaria. Se limita a narrar, magníficamente, lo que él bien conoce: el horror, la mentira y la estupidez de la guerra.

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Responses

  1. Magnífico análisis. Te felicito, Maestro. 🙂

  2. Jomer ¿te das cuenta que jamás me has dicho que haya hecho algo mal?. Eres un sol. Pero el cariño hacia mí te ciega. Un abrazo muy fuerte.

  3. Es que yo reconozco el talento cuando lo veo y si además, detrás de eso hay una buena persona, mejor que mejor. 😀

  4. Lo que digo. Eres un sol.


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