Posteado por: fernando2008 | 7 mayo 2010

La moral del superhombre.

Leí hace mucho tiempo “Así habló Zaratustra”. Fue una lectura de juventud, de la que recuerdo que me gustó el aspecto colorista del libro. Después, estudié historia y los frutos del libro no me parecieron coloristas, sino pardos. No voy a hablar de este libro porque pienso quien no condena al mal, lo está alimentando.

¡Curiosa teoría la del superhombre! Como, en el otro extremo del espectro, la del pueblo elegido. Fijaos en el hecho insoslayable de que quienes escriben sobre superhombres y razas o pueblos elegidos siempre son los que están dentro de esa clasificación. Ningún “sub-hombre” ningún miembro de las razas de los esclavos, ha escrito jamás defendiendo la teoría de las razas superiores. Por el contrario, se suele atacar la teoría de la superioridad racial o religiosa enfrentándola a otra teoría que establece una superioridad racial o religiosa distinta. Nadie se resigna a no pertenecer a la élite. Porque fuera no hay más que llanto y crujir de dientes.

También me asombra la calidad científica de las razones que se esgrimen para establecer qué razas o qué religiones deben ser superiores. En las religiones, tenemos la siempre problemática declaración de un dios a un fiel. Y esa declaración vale lo que valga el testimonio del fiel. Plutarco decía que “quizás los dioses prefieran a los ateos, antes que a algunos creyentes que hablan de ellos con demasiada familiaridad”. En cuanto a las razas, la prueba es, si cabe, menos científica: mi raza el la superior; las demás son todas inferiores.

Pero hoy vamos a hablar del superhombre, el Übermensch de Nietzsche y, sobre todo, de su moral. El superhombre, según Nietzsche, es una persona capaz de generar su propio sistema de valores identificando como bueno todo lo que procede de su genuina voluntad de poder. ¡Bonita definición de moral! El superhombre puede hacer lo que quiera para conseguir el poder. Los demás, los sub-hombres, tendrán que aguantarse, trabajar y morir si el superhombre se digna elevarlos a la categoría de esclavos suyos. Y al superhombre jamás se le pasará por la cabeza el hecho de que los sub-hombres no estén de acuerdo. Han nacido para eso.

A nosotros, civilizadísimos ciudadanos del siglo XXI, estas opiniones nos suenan a folklore, a delirios de un filósofo loco del siglo XIX. Pero estos delirios tomaron cuerpo en el siglo XX, cuerpos dentro de uniformes pardos que cometieron la mayor atrocidad que recuerda una humanidad acostumbrada a atrocidades: el Holocausto.

Y no hace falta irse a la Alemania del siglo XX para encontrar superhombres. En España los tenemos y bien conspicuos. Superhombres especialistas en ver la paja en el ojo ajeno y no ver la viga en el ojo propio. Superhombres que sienten una profunda desconfianza hacia los demás, que se escandalizan a cada paso, que se niegan a firmar cualquier tipo de pacto llevados por unos escrúpulos morales que dejan en mantilla los escrúpulos matrimoniales del buen Enrique VIII. Superhombres que juzgan la labor de gobierno de los demás mala, tardía e insuficiente, pero que jamás dan un avance de cómo sería la suya. Superhombres que cuando tuvieron responsabilidades de gobierno y cometieron errores, se desentendieron de ellos entre hilillos de plastilina, o salieron huyendo de sus responsabilidades a más velocidad que la alcanzada por un Yakovlev-42.

Hace tiempo, estos superhombres se escandalizaban porque un juez y un ministro coincidieran en una cacería. Pensaban, con sus mentes superiores, que cada vez que dos sub-hombres se juntan es para urdir maldades. Ellos, los caballeros de refulgente armadura defienden la presunción de inocencia, el mantener a los tesoreros en sus cargos, a cerrar los ojos ante las evidencias. Porque son superhombres, y la moral del vulgo no va con ellos. Están por encima del bien y del mal.

Hoy, siete de mayo de 2010, estos superhombres nos han vuelto a recordar que la justicia, como el matrimonio, es para la clase de tropa. Y para que se nos quede bien grabado en nuestra mente de sub-hombres, don Mariano Rajoy ha hecho las siguientes declaraciones en Onda Cero, declaraciones recogidas ampliamente por todos los periódicos y, hasta ahora, no desmentidas.

“El líder del PP, Mariano Rajoy, expresó hoy públicamente su respaldo al presidente de la Generalitat, Francisco Camps, y aseguró que será el candidato del partido en las elecciones autonómicas del próximo año, ya que, según recalcó, no se cree “lo de los tres trajes”.

Al ser preguntado si cambiará ese apoyo en el caso de que el Tribunal Supremo reabra el próximo día 12 el “caso de los trajes” presuntamente regalados por la trama Gürtel, Rajoy señaló que ese respaldo no va a cambiar. “Que diga la Justicia lo que quiera”

¡Así habló Zaratustra!

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Responses

  1. No es por hacer de abogada del diablo, pero Mariano no le llega a Zarathustra ni a la suela de la sandalia. Es un hombre reactivo y en sus momentos más álgidos hasta un aborto sublime.
    De Nietzsche y su superhombre no puede hacerse una lectura política, por mucho que su hermanísima así lo tergiversara.
    El superhombre no es una bestia aria. Te animo a leer las tres transformaciones del espíritu incluidas en “Así habló Zarathustra”. Aparte de una maravilla es un texto muy esclarecedor.

  2. Efectivamente, diga lo que diga la justicia (en minúscula a propósito) porque además, él ya sabe y los demás intuimos, lo que va a decir.

    De todas formas, cuanta razón tienes maestro. Ese cinismo me encorajina y consigue sacarme de mis casillas aunque he de reconocer que no tengo tu paciencia. Soy de mecha corta.

  3. Las releeré, Estatua, porque reconozco que leí el libro en el colegio y no he vuelto a hacerlo.
    ¡Por supuesto que no le llega a la sandalia! Pero en cinismo le sobrepasa.

  4. ¿Dónde has estado, Jomer? ¿En alguno de tus fastuosos viajes?

  5. Pues no. Este año me parece que los fastuosos viajes no los haré porque me gasté el dinero en otros menesteres y hasta que no me reponga del susto, tendré que conformarme con ir a ver a mi hijo, nuera y nieta en Tenerife, que tampoco es mal viaje y mala solución, más bien todo lo contrario. 😀

    De todas formas, te leo en cada post que escribes y sólo comento cuando me tocas la fibra sensible. 🙂

    Los demás asuntos que no comento, están guardados para meditación posterior. No lo dudes.

  6. Buen sitio Tenerife, lugar de mi luna de miel. Y si hay una nieta, mejor que mejor.
    No lo dudo. Sé que eres el presidente de mi club de fans.

  7. Comparto la concreción de la crítica pero debo decir que resiento el trato dado al superhombre; su capacidad de crear, destruir y transformar valores no radica en su voluntad de poder sino en su naturaleza misma, el verdadero superhombre no busca su egoísta bienestar sino una sublime autogongruencia, una fidelidad a sí mismo que nace de un desarrollo humano y un autoconocimiento verdaderamente complejos y críticos.

    Falso es que un subhombre nunca ha hablado bien del superhombre; cierto que un oprimido no hablará bien del opresor, pero el superhombre no oprime, supera y se yergue como icono de una superioridad posible y deseable para los demás; los “subhombres” como dices tú, en realidad reconocen a los superhombres y los aman pero no les llaman superhombres sino profetas, héroes, genios, guías y mil otros nombres según campo y cultura.

    El superhombre existe, pero nace para serlo aunque no siempre lo alcance, y aunque caiga en validar otra de sus críticas, puedo decir esto porque yo soy uno, no superior a los demás pero sí con un esquema mental y cosmovisión propios y distintos, capaz de criticar inteligentemente, crear, destruir y transformar valores no para mi bien sino desde un “supersentido común” que es bien poco común.

    Ahí les dejo la reflexión.

  8. Pues aquí queda. Pero todo aquello que nace para algo me suena falso. No creo en subhombres ni en superhombres. Creo en hombres y mujeres libres e iguales.

  9. libres e iguales en dignidad, libres e iguales en derechos, pero no en cosmovisión, en inteligencia, en capacidades o potencias… la riqueza es la diferencia

  10. De cada cual según su capacidad. A cada cual, según sus necesidades. Pero nada de superhombres. Ni Vicedioses en la tierra.


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