Posteado por: fernando2008 | 2 mayo 2010

Esquilo. Los siete contra Tebas.

Hay muchas definiciones de “clásico”. Una de ellas es la de Italo Calvino: “Un libro que nunca termina de decir lo que tiene”. Y mi definición personal es la de un autor que describe unos sentimientos, acontecimientos y personajes atemporales. El clásico habla al corazón de todos sus lectores, por encima del tiempo. Y nunca termina de decir cosas a los hombres de todas las épocas.

Esquilo es uno de ellos. En sus obras se oye el fragor del áspero viento del corazón. Sus héroes se enfrentan a grandes decisiones e incluso en la victoria está presente el dolor, aunque ese dolor y esa muerte estén llenos de nobleza.

Hoy quiero compartir con vosotros la tragedia “Los siete contra Tebas”. El porqué de esta elección es bastante fácil de adivinar. Sólo tenéis que mirar un periódico.

Como prólogo a la obra diré que Eteocles, cuyo nombre significa “verdadera gloria” y Polinice cuyo nombre significa “muchas querellas” son hijos malditos del maldito Edipo. Los hermanos gemelos llegan al acuerdo de alternarse en el trono de Tebas un año cada uno. Cuando pasa su año, Eteocles se niega a dejar el trono. Polinice reúne una serie de partidarios extranjeros y se planta ante los muros de Tebas, para reclamar el trono que en justicia le pertenece.

La obra comienza cuando Eteocles manda a un soldado para espiar el campo enemigo. Mientras, las mujeres de Tebas, aterrorizadas por el ruido de las armas, lloran y tocan las estatuas de los dioses. Eteocles las riñe, prohibiéndoles que asusten a los tebanos con sus gritos; pero ellas continúan, imaginando muertes y violaciones que el autor describe con una acertada metáfora: ”Amargos lechos nupciales”.

Vuelve el espía y cuenta a Eteocles como los caudillos enemigos han determinado por sorteo qué puerta de Tebas debe atacar cada uno. Eteocles va distribuyendo a seis de sus capitanes ante cada puerta, contraponiendo a la jactanciosa actitud de cada enemigo el reflexivo valor de cada defensor. Recalca la hybris del enemigo con estas palabras: “En cualquier empresa, no hay nada peor que tener mala compañía. De la mala compañía no puede obtenerse un buen fruto. La tierra, sembrada de error, como fruto produce la muerte”.

Eteocles decide colocarse personalmente ante la puerta atacada por Polinices. El coro, horrorizado, intenta disuadirlo con varias razones. No le es lícito derramar la sangre propia, la sangre de su hermano. Nadie podrá tacharlo de cobarde si combate en otro lugar. Si persiste en enfrentarse con Polinice, “la Erinia de negra égida se hará cargo de la venganza” y los dioses le abandonarán. Eteocles contesta que ya está abandonado por los dioses y parte a situarse delante de la puerta.

El coro comienza a recordar la sangrienta historia de la familia de Cadmo, el fundador de Tebas, que la edificó sobre la sangre de los guerreros nacidos de los dientes del dragón. Su hijo Lábdaco, provocará la maldición de Dionisos y su nieto Layo será el padre de Edipo el cual “hizo brotar del seno materno una raíz llena de sangre”. El coro ve en esta guerra “la culminación de las maldiciones antaño imprecadas”.

En el teatro griego, no se representan actos violentos a la vista de los espectadores. Es por eso por lo que los mensajeros narran el final de la batalla que, si bien ha sido ganada por los tebanos, ha concluido con la muerte de Eteocles y Polinice, uno a manos del otro. Ante los cadáveres de los dos hermanos, el parlamento del coro alcanza el clímax del dramatismo.

– ¡Ay, ay, insensatos, desobedientes a quienes os querían, que de desgracias nunca os cansasteis! Para vuestra desdicha habéis conquistado mediante un combate la casa paterna!

– Desdichados, sí, quienes hallaron mísera muerte para sumir en ruina su casa!

– ¡Ay, ay de vosotros, los que abatisteis  los muros de vuestra morada, y tras haber visto monarquía amarga ya mediante el hierro hicisteis la paz!

– El odio ha cesado, y en la tierra empapada en su sangre se han mezclado sus vidas. ¡Ahora sí que son de una sangre! ¡Amargo ha sido el liberador de sus querellas el extranjero del Ponto sacado del fuego, el hierro buido amargo también el cruel partidor de la herencia, Ares al hacer verdadera aquella antigua maldición paterna.

El lector avisado sabe que la tragedia no acabará aquí, aunque “Los siete contra Tebas” sí lo haga. Sólo hay que recordar los nombres de las dos hermanas de Eteocles y Polinice: Ismene y Antígona. El Destino, esa fuerza ciega e irracional, superior a los propios dioses, seguirá alimentado el río de sangre.

Pero esas son otras historias y otras tragedias. Ahora quiero explicar un poco el porqué elegí releer esta obra en concreto.

En 1966 leí por primera vez la obra de Esquilo. De esta tragedia en concreto, me impresionó sobre todo la escena que he descrito antes: Eteocles, de todas las puertas en las que legítimamente podría combatir, elige aquella a la que va atacar su hermano. Y embargado por un furor insano, furor que solamente Tiépolo supo retratar en el cuadro que cierra esta entrada, se lanza contra su hermano y los dos mueren matando. ¿Qué clase de odio puede provocar esta situación?

Tiene razón Calvino al decir que un libro clásico nunca deja de decir cosas. Ahora me explico el motivo de ese odio: el poder. El conseguir el poder a toda costa, por encima de toda reflexión, por encima de toda ética.

Esquilo no dedica ni una sola línea a decirnos quién tiene la razón. No explica el porqué Eteocles intenta retener ese poder contra el acuerdo pactado. El coro no se plantea nunca el problema de la legitimidad del poder; lo que le preocupa es el fúnebre concierto “en el que la flauta es sustituida por la lanza” o el horror de los “amargos lechos nupciales” que puede sufrir en sus entrañas.

Por decirlo con toda claridad: cuando el Partido Popular piensa que él es el único partido que debe detentar el poder por derecho divino y que si lo pierde, no es por la decisión de las urnas, sino debido a una criminal conspiración, en la que dirigentes socialistas ponen bombas en los trenes de Atocha; cuando proclaman que un juez es un héroe, porque mete en la cárcel a los altos cargos socialistas del GAL y es un villano cuando intenta juzgar a los ladrones de la Gúrtel; cuando vocean en todos los foros que la economía española es un desastre, alentando la desconfianza de todos los mercados financieros internacionales, están, ni más ni menos, provocando la hybris, atrayendo la venganza de la Moira de negra égida.

Porque cuando consiga el poder, de manera legítima como siempre se ha conseguido el poder en España desde 1978, ¿qué argumentos creíbles van a usar para decir que su poder es legítimo? ¿Cómo van a impedir que el PSOE devuelva uno por uno todos los ataques que ha sufrido en estos ocho años? La ekdikh, la venganza será una tentación difícil de resistir. La maldición de Layo se volverá a poner en marcha, las cunetas se volverán a llenar de muertos y la sombra de Caín volverá a erguirse sobre España.

Escuchadme bien: ni el socialismo, ni el capitalismo, ni ningún “ismo”, ninguno, hará que tome las armas contra otro español. Pertenezco a la primera generación que no ha vivido una guerra y pienso seguir viviendo en paz, y luchando porque mis hijos vivan también en paz. No quiero que ni ellos ni yo muramos defendiendo vuestros pesebres.

“Los siete contra Tebas” termina con los lamentos de dos hermanas, Ismene y Antígona, cada una de las cuales va detrás de los cadáveres de sus dos hermanos, Eteocles y Polinice y cada una de ellas presta su voz a los muertos. Leed bien estos versos y sacad conclusiones.

ANTÍGONA. Herido, heriste.

ISMENE. Moriste después de matar.

ANTÍGONA. Con lanza mataste.

ISMENE.  Por lanza moriste.

ANTÍGONA. Dolores causaste.

ISMENE. Dolores sufriste.

ANTÍGONA. Aquí estás yacente.

ISMENE.  Mataste.

ANTÍGONA. Salga mi lamento.

ISMENE.  Mis lágrimas salgan.

Eteocles y Polinice. Tiépolo

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