Posteado por: fernando2008 | 6 abril 2010

Cristina.

Mirad atentamente esta foto, por favor. Es la foto de una niña de Seseña que se llamaba Cristina. Fijaos en su carita y decidme si no es adorable. Yo, cuando la miro, veo las caritas de mis alumnas de Tercero de E.SO.

Pues bien, Cristina se peleó un día en el mercadillo con una compañera suya, a la que supongo con una carita similar. La pelea no debió llegar a mayores, porque estaban rodeadas de gente. Pero a ninguna de las dos debió gustarle el desenlace, se llamaron por teléfono, quedaron en un lugar apartado, y allí la otra niña consiguió arrojar a Cristina al interior de un pozo y escapó. Cristina murió en el pozo desangrada. Si hubiese tenido ayuda, viviría.

Imagino que los padres de Cristina la querían. Imagino que sus parientes y amigos le daban cariño y apoyo. Imagino que los profesores de Cristina se esforzaban en que consiguiera las competencias básicas, le enseñaban a aprender a aprender, fomentaban sus actitudes de respeto, tolerancia y no discriminación. Imagino que su municipio, su comunidad autónoma y el estado español cumplieron con los deberes que tenían por ley para Cristina.

Yo, como profesor, me siento fracasado por esta muerte. Y quiero decir que todos los demás, padres, parientes, amigos, municipio, comunidad autónoma y España, se deben sentir igualmente fracasados. Y, por favor, que nadie se excluya de este fracaso. Todos, absolutamente todos, somos culpables. Que la muerte de Cristina no sea utilizada como arma arrojadiza contra nadie. La culpabilidad nos alcanza por igual. Que nadie se escape.

Estas han sido mis últimas vacaciones. A primeros de julio abandono la enseñanza. Y no me voy con la satisfacción del deber cumplido. Me voy con una enorme sensación de frustración. Me voy reprochándome no haber podido hacer más. Me voy pensando que debía haberme esforzado más para evitar monstruosidades como ésta.

Pero, además, me voy con mucho miedo y mucha inseguridad. Nuestros alumnos de hoy serán los políticos que nos dirigirán mañana, los médicos que nos curarán, los ingenieros que construirán nuestros puentes, los arquitectos que construirán nuestras casas, o los conductores que llevarán nuestros trenes. Y pensar esto, me da miedo, mucho miedo.

Hemos fracasado todos. Y no quiero terminar diciendo que la cosa tiene todavía arreglo. Porque es mentira.

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Responses

  1. Nadie lo puede todo. Por desgracia, muchos no podemos ni con lo que debemos hacer. Somos tremendamente imperfectos y muchas veces sólo nos queda esforzarnos por no ser mezquinos. Sí, hoy estoy como la tarde, nublada. O tal vez no.
    El 17 de junio de 2009 transcribiste un texto sumerio de hace 5.500 años. En él un padre y un hijo conversaban y el primero acababa lamentándose. Extrajiste la siguiente conclusión: en todas partes y épocas cuecen habas.
    Esta conclusión te podría llevar a eximirte de tu responsabilidad, pero me temo que tú nunca has hecho eso: tú has sido consciente de tus límites, propios de un simple mortal, que es distinto.
    Tú no has fracasado en nada, por mucho que formes parte de la misma sociedad en la que ha ocurrido un hecho tan triste y tan terrorífico al mismo tiempo.
    Si alguno de los médicos y políticos del mañana ha sido tu alumno y dentro de unos años se acuerda de ti, ten por seguro que te recordarán como una de las personas de la que más aprendieron, y no sólo historia. Probablemente también aprendieran de ti el respeto por el rigor científico, por el libre pensamiento, por el saber. Puede que contigo despertaran su responsabilidad ciudadana.
    A los que nos quedamos, sobre todo a los que somos jóvenes, nos queda quejarnos infinitamente menos y seguir modelos como el tuyo.
    No, tú no eres culpable, aunque la inseguirdad y la tristeza nos alcancen a todos.

  2. Gracias María, pero me parece que ya es demasiado tarde. Alguien habló una vez de la “generación perdida”. Yo veo en el futuro a la generación psicópata. Y esa generación existe, está formada ya, no hay marcha atrás. Cuando coja en sus manos el destino del mundo, necesitaremos un ejemplar de Boecio cada uno. Yo ya tengo el mío.
    No es que en nuestras manos el destino del mundo fuera la Utopía. Pero no era esto. Al menos teníamos mala leche. Ahora sólo hay inconsciencia.

  3. Querido maestro:
    Esta sociedad en la que nos ha tocado vivir ha fracasado estrepitosamente. Es así de triste y así de desesperanzador el futuro que nos espera.
    Me indigno con estas atrocidades. Lo siento.

  4. Y yo también, Jomer. Espero morirme antes de que esta sociedad se desplome. Seguro que después vendrá otra. Pero ya no me quedan ganas de volver a empezar.

  5. En la película El Valle de Elan unos soldaditos, si bien más crecidos, pero jovencísimos cometen un crimen similar. Matan a un amigo y queman su cadáver. La tesis de la película es que el horror de la Guerra de Irak los deshumaniza hasta ese punto. ¿Qué es lo que deshumaniza a nuestras adolescentes?

  6. Que lo tienen todo y que el esfuerzo es cosa de sus padres. Yo conseguí un cúmulo de sensaciones fuertes, de las que todavía me acuerdo, a mis catorce años, en 1964 cuando aprobé la Reválda de Cuarto y mi padre de compró una bicicleta. Nuestros alumnos tienen a los dieciocho un coche sin haberse esforzado jamás y necesitan sensaciones fuertes, como emborracharse, drogarse o, en el último de los casos, matar. La chica que mató a Cristina estaba (está) obsesionada con la muerte. Y no les importa lo más mínimo los demás. Por eso digo que vivimos en una socieadad psicópta.


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