Posteado por: fernando2008 | 4 abril 2010

Santiago Posteguillo. Africanus, el hijo del cónsul. Las legiones malditas. La traición de Roma.

Me gustan las novelas históricas largas. Es por eso por lo que he tenido un inmenso placer (sí, la palabra está bien elegida, placer) al leer la trilogía de Santiago Posteguillo. El placer ha sido múltiple porque no he encontrado ningún fallo histórico (más frecuentes de lo que creéis para un lector avisado), la acción sigue las viejas reglas de introducción, nudo y desenlace, viejas reglas que mantienen su vigencia hoy, y no hace excesivas digresiones que te hacen perder el hilo. Todo perfecto. Es un autor al que no debemos de perder de vista.

Llevo cuarenta y nueve libros reseñados en esta bitácora. De la misma manera que estos libros han enriquecido mi intelecto, el ejercicio de ponerme a contar cosas sobre ellos ha ido perfeccionando, creo, la forma de escribir las reseñas. Desde luego he abandonado completamente la idea que tenía al hacer mi ficha particular de libros leídos, ficha que se basa en hacer un resumen. Es evidente el provecho que se puede sacar de tener un resumen (alguno de cincuenta páginas manuscritas) de libros digamos científicos. Pero me he convencido ya que esta técnica no debe emplearse al hacer la reseña de una novela, porque la novela no trasmite conocimientos, o no es ésta la primera misión de la novela. La novela transmite sensaciones, impresiones. Y no se puede hacer un resumen de una impresión. Y en caso de que pueda hacerse, a nadie le interesa un resumen de sensaciones. Es contraponer el cuadro “Impresión. Sol naciente” con una foto del puerto del Havre con mucha resolución. Además ¿para qué contar otra vez la historia de Escipión? Santiago Posteguillo lo hace mejor que yo.

Hace mucho tiempo leí un cómics que me impactó. Dos espíritus guerreros, de ignorada procedencia, se encarnaban en diferentes cuerpos para mantener una lucha eterna. Ocupando los cuerpos de Aníbal y Escipión se enfrentan en Zama. Posteriormente luchan a través del tiempo. La viñeta final presenta a los dos espíritus despidiéndose con el fondo de los tanques destruídos en El Alamein.

La trilogía presenta a Aníbal y Escipión como dos seres excepcionales. Además de todas sus magníficas cualidades tienen otra cosa en común: sus méritos no son reconocidos. Tanto el senado de Cartago como el senado de Roma llegan a cotas de mezquindad increíbles para acabar con los triunfos de los dos generales, triunfos que los que más les beneficiaba era a los propios mezquinos. Ambos militares tienen que hacer verdaderos milagros para cumplir sus misiones. Es por ello por lo que las dos entrevistas (una según la historia) se debieron desarrollar en unos términos muy parecidos a los que describe la novela.

Pero basta de paralelismos. No soy Plutarco. Las tres novelas han satisfecho todas mis expectativas, expectativas de un lector voraz y, quiero creer, entendido. Tiene estampas de gran plasticidad (el círculo que los Escipiones trazan con la espada cuando entran en batalla), escenas épicas como Zama o la posterior lucha contra los catafractos en Asia Menor, y otras dramáticas como el legionario borracho orinando sobre sus águilas en Sicilia, o el descubrimiento de la cabeza de Asdrúbal por Aníbal.

Antes hacía las reseñas de libros de uno en uno. Ahora las hago de tres en tres. ¡Qué queréis! Me estoy haciendo viejo.

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Responses

  1. Vir Clarissimvs:

    Ya te comenté en un correo cuánto me habían gustado. Además, el primer libro relata la primera campaña hispana de Escipión y la extraordinaria marcha y conquista de Cartagena. En el ataque de distracción sobre la ciudad sigue el autor de la novela a Tito Livio, porque Polibio nos dice que rodeó las murallas aprovechando el reflujo de la marea en el almarjal.

    Yo, que soy casi indígena y me precio de conocer bien Cartagena, estoy más de acuerdo con Polibio. En primer lugar, porque la laguna tenía bastante profundidad y hubiera sido imposible vadearla a pie desde el norte. En segundo lugar, Polibio tuvo acceso a los Escipiones y, seguramente, a testigos de la campaña. Por último, visitó personalmente Cartagena y, aunque se equivocó en la orientación de la ciudad (aún no entiendo muy bien por qué, pero fue así), su descripción de la misma, salvando el error de orientación, ha resultado completamente corroborada por la arqueología.

    El trabajo de documentación de Santiago Posteguillo ha sido impresionante. Lo ha integrado en la novela de forma natural y, por lo que yo sé de la ciencia militar romana, no hay un solo “pero” que poner.

    Tengo yo en mi web un artículo (http://antonio-duarte.iespana.es/antonio-duarte/misterioscartageneros.pdf) donde se describe someramente la campaña y que ha dado lugar a un libro de un buen amigo que se publicará próximamente. A veces, aún le doy vueltas a la cabeza tratando de comprender cómo organizó sus fuerzas y su sistema de inteligencia para conseguir un golpe tan extraordinario sobre los púnicos.

    En cuanto a Aníbal, …. bueno…., hizo falta una legión desplegada en orden de combate para recoger su cadáver. No está mal para un perdedor, ¿no?.

    Salve.

  2. Ave, divus Antonius. ¡Por eso tengo tantas ganas de ir a Cartago Nova! Para que me enseñes in situ la campaña. Desde luego, la trilogía esa me ha gusado mucho. Valeo ut valeas!

  3. Gracias por esta reseña y disculpa mi senil olvido.

    😉


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