Posteado por: fernando2008 | 1 abril 2010

Virgilio, profeta de Cristo.

– Maestro ¿vas contestar la pregunta de Virgilio?

– Alumno, voy a darte la clase que toca hoy.

– No fray Guillermo, por favor. ¡El comentario de texto histórico es un rollo!

– Adso, nunca pensáis que los maestros tenemos nuestro corazoncito. ¡Debemos estar luchando permanentemente contra vosotros para cumplir con nuestro deber! Imagínate que tú contratas a alguien para que limpie tu casa ¡y luego intentas por todos los medios que no trabaje!

– No es lo mismo.

– ¿Por qué?

– Porque si yo contrato a alguien para que trabaje, trabaja sólo él.

– Ya. Y si contratas a un maestro para que te enseñe, el maestro trabaja, pero te hace trabajar también a ti.

– Visto así…

– Así es como hay que verlo. No te importa lo que hagan los demás, siempre y cuando no tengas que trabajar tú. Por eso, cuando quieres saber una cosa no investigas. Esperas que los demás investiguen y luego preguntas. Para ti te resulta más cómodo.

– Vale pero ¿el poeta Virgilio profetizó en su segunda égloga el nacimiento de Cristo?

– Descubrámoslo entre los dos. Aquí tienes la parte principal de la égloga. Hagamos un comentario de texto histórico.

Tú, al ahora naciente niño, por quien la vieja raza de hierro
termina y surge en todo el mundo la nueva dorada,
se propicia ¡oh casta Lucina!: pues ya reina tu Apolo.

Por ti, cónsul, comenzará esta edad gloriosa,
¡oh Polión!, e iniciarán su marcha los meses magníficos,
tú conduciendo. Si aún quedaran vestigios de nuestro crimen,
nulos a perpetuidad los harán por miedo las naciones.
Recibirá el niño de los dioses la vida, y con los dioses verá
mezclados a los héroes, y él mismo será visto entre ellos;
con las patrias virtudes regirá a todo el orbe en paz.

Por ti, ¡oh niño!, la tierra inculta dará sus primicias,
la trepadora hiedra cundirá junto al nardo salvaje,
y las egipcias habas se juntarán al alegre acanto.
Henchidas de leche las ubres volverán al redil por sí solas
las cabras, y a los grandes leones no temerán los rebaños.
Tu misma cuna brotará para ti acariciantes flores.
Y morirá la serpiente, y la falaz venenosa hierba
morirá; por doquier nacerá al amomo asirio.

– Un momento maestro. Faltan algunas estrofas. Falta lo relativo a Virgo y a Sagitario.

– No me digas, Adso, que un alumno mío cree en los signos del Zodíaco.

– ¿Por qué no, fray Guillermo? Los signos zodiacales son el receptáculo de una sabiduría antiquísima.

– Los signos del Zodíaco son meros trucos mnemotécnicos. Cuando los astrónomos, que como sabes trabajaban a ojo desnudo, querían retener la forma de las constelaciones, imaginaban que formaban figuras, más o menos familiares y de ahí nacieron. Sacar conclusiones de ellos es tan científico como sacarlas del logotipo de McDonalds.

– Vale, vale. Volvamos a Virgilio.

– Virgilio fue el poeta más famoso de la antigüedad. Por eso estaba muy cotizado. Todo el mundo quería participar de su gloria. Hasta Dante lo invitó a que se fuera con él de excursión. Pero ¿cómo se comenta un texto histórico?

– Primero debemos buscar los nombres. Como Asinio Polión.

– ¿Y quién era Asinio Polión?

– Elemental, maestro. Era un cónsul.

– Estupendo. Pues ya tenemos la fecha. Porque ¿cómo fechaban los romanos?

– Señalaban el año con el nombre de los dos cónsules. Si Asinio es cónsul, entonces el año al que nos referimos, Virgilio y yo es el 40 a C. ¿Ves como domino el procedimiento?

– Bien. Sabes sacar ideas del texto. Pero eso es sólo la mitad del comentario. Hay que saber también lo que no dice el texto. Por ejemplo ¿qué pasaba en Roma en el año 40 a C.?

– Bueno fue un año que no estuvo mal. Lépido estaba en África y los otros dos triunviros Octavio y Marco Antonio habían hecho las paces. Octavio había casado a su hermana Octavia con Marco Antonio y los dos se exhibían paseando amigablemente por las calles de Roma. La era de las proscripciones y la guerra civil parecían ya sólo malos recuerdos del pasado. El propio Polión estaba muy contento porque, aunque en el fondo era partidario de Marco Antonio, lo que realmente quería, por lo que constantemente trabajaba era por la paz entre los triunviros.

– Y el águila de Virgilio, que era poeta pero no tonto, arrimaba el ascua a su sardina cantando a la paz y concordia. Pero ¿dónde está la profecía?

– En que iba a nacer un niño.

– Caramba Adso ¿la noticia que va a nacer un niño implica que ese niño nacerá treinta y nueve años después, más o menos y en un lugar tan apartado como Judea?. ¿Esa es toda la explicación de la profecía?

– Doctores tiene la Iglesia.

– Pues me temo que no. Si existen esos doctores, o son muy malos o son muy poco científicos. O algo peor.

– ¿Más malo que lo que acabas de decir sobre los doctores de la Iglesia?

– Sí. A ver que te parece. O esos doctores sólo están atentos en llevar el agua a su molino y aprovechan cualquier oportunidad, previendo  que su grey dirá eso exactamente: no me parece sensato pero, doctores tiene la Iglesia.

– No te crees que sea una profecía cristiana.

– Lo de la Edad de Oro, el león junto al cordero es algo que aparece en los textos sumerios, tres mil años antes. Si la profecía se refiere a Cristo ¿qué pintan ahí Apolo y Lucena? Si anuncia a Dios ¿por qué lo pone entre los dioses y héroes? Nada en el contexto huele ni remotamente a cristiano.

– Pero dice que va a nacer un niño. ¿Por qué dice eso?

– Pues sencillamente porque iba a nacer un niño. Octavia, hermana de Octavio y esposa de Marco Antonio estaba embarazada. Y en ese niño, prenda de unión de los dos triunviros más importantes, cifraban Virgilio y Polión todas sus esperanzas de paz futura.

– ¡Que corte, maestro! ¡Del nacimiento del Hijo de Dios al nacimiento del hijo de Marco Antonio! ¡Menudo profeta fue Virgilio!

– No lo sabes tú bien. No acertó en ninguna de las dos cosas.

– ¿Las dos? Dijo que iba a nacer un niño.

– Pero no era uno sino dos. Escribonia, mujer de Octavio también quedó embarazada en el año 40 a C.

– ¡Qué casualidad!

– La casualidad no existe, Adso. Virgilio fue un gran poeta, pero no un buen administrador. Vivió siempre arrimado a la mesa de los poderosos. Recuerda el significado de la palabra “mecenas”. Si canta el nacimiento de un niño, tiene dos para elegir. Siempre le quedaba un niño de repuesto.

– ¿Y en lo otro en que no acertó?

– Pues que en el año 39 a C. Escribonia dio a luz a Julia y Octavia da a luz a Antonia. Por ser tan machista, Virgilio no acertó ni en el cincuenta por ciento. Ningún romano pensó jamás que una niña salvaría al mundo.

– ¡La profecía de “nacerá un niño” en el 40 a C se materializó en el 39 a C en el nacimiento de dos niñas! Tienes razón, maestro. No existen las profecías.

– La mejor profecía del futuro, Adso, es el pasado.

– ¡Cuánto has aprendido, fray Guillermo!

– Tampoco, Adso. En la juventud aprendemos; en la madurez comprendemos.

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Responses

  1. Cualquier profecía es un ejemplo de interpretación deliberadamente errónea. Ya Umberto Eco hablaba de que muchas interpretaciones son posibles a partir de un texto determinado. Y que ninguna es necesariamente la correcta. Pero que definitivamente, hay interpretaciones que el texto “no permite”.
    Sin embargo, a los doctores de la Iglesia hay cosas, como esta, que les importa poco.
    Basta con estudiar un poco la liturgia dominical: con excepción de los evangelios seleccionados como oficiales, no hay mucho de la Biblia que llegue a los oyentes de una celebración: casi todo es Isaías o Saulo de Tarso. ¿Por qué? Porque son los que mejor se prestan a las pruebas “a posteriori” de la profecía cristiana.

    Un saludo, fernando.

  2. Un saludo, Edgar. Estamos de acuerdo.


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