Posteado por: fernando2008 | 25 marzo 2010

Arturo Pérez Reverte. El asedio.

De todos los libros que ha escrito Arturo Pérez Reverte, sólo me faltan por leer tres. Como veis, es un autor que me gusta. Como no lo he visto nunca no puedo decir si es simpático o no. Pero, desde luego, leyendo sus artículos no es la persona a la que invitaría a tomar una copa.

Pienso que es un escritor que se va superando con cada novela que escribe. Crea el ambiente, cuida la geografía de sus novelas, y usa estupendamente el lenguaje. La única pega que yo le pondría sería en desenlace. Cuando comienza un libro crea en el lector unas expectativas, expectativas que no acaba de satisfacer en el desenlace. Siempre, vuelvo a repetir que a mi humildísimo parecer, queda algún cabo suelto, defrauda un poco.

Me gusta Cádiz. Me gustan las novelas históricas. Me gustan las novelas policíacas. Me gusta como escribe Pérez Reverte. Me gustan los libros gordos. Por estas cinco razones me ha gustado “El asedio”.

“El asedio” es una novela histórica. Narra los momentos que las chirigotas gaditanas definieron con su inimitable gracia: “Cuando toda Europa se bajó los pantalones delante de Napoleón, sólo Cái con dos c…” le hizo frente. Y es verdad. Una magnífica y documentada novela histórica.

Además, me gusta repasar la geografía de Cádiz. La antigua. Por ejemplo, en la novela no aparece ni una vez el nombre de mi querida Valdelagrana. Pero se la adivina bajo el nombre del río San Pedro. Y el Trocadero. El auténtico, no la exportación que hicieron de ese nombre los franceses. El nombre de la plaza del Trocadero de París, conmemora la conquista del Trocadero gaditano. El lugar de los trueques, mercado que debió funcionar desde la época fenicia y que en esta novela adquiere una especial importancia. Y el camino que va de Cortadura a Puerta Tierra, ahora debajo de las construcciones de la Avenida. Y la playa de la Caleta, fuera de las murallas. Y el Mentidero. Y la Alameda, con vistas a la iglesia del Carmen por un lado y a Rota y Puerto de Santa María por otro. La calle Ancha. La plaza de San Francisco. El Cádiz de siempre, el Cádiz eterno.

La parte policíaca tampoco está mal. Rogelio Tizón Peñasco, comisario de Barrios, Vagos y Transeúntes, de genio agrio y bastón veloz, está desesperado porque durante todo el año de 1811 se están sucediendo en Cádiz una serie de horribles crímenes. Niñas de quince o dieciséis años aparecen muertas, con la espalda desollada a latigazos. Y hay una turbadora coincidencia entre los lugares donde aparecen los cadáveres y donde caen o han caído las bombas francesas, esas bombas que al estallar esparcen trozos de metralla, retorcidos como tirabuzones. La obsesión del comisario Tizón por comprender, por meterse en la mente del criminal le lleva a realizar una serie de acciones disparatadas, como leer la tragedia “Ayax” de Sófocles, o entrevistarse con el capitán francés Simón Desfosseux, el cual manda la batería que desde el Trocadero bombardea Cádiz. Al final, la novela policíaca termina en las sombras de la Santa Cueva. Pero la relación entre crímenes y bombas no acaba de quedar clara.

Pero el libro da más. Mucho más. Acciones de guerrilleros entre las salinas, historias de corsarios enamorados, capitanes franceses obsesionados con parábolas, pólvora y obuses. Y al final, la retirada francesa.

Por supuesto también está la promulgación de la Pepa. Una ceremonia deslucida ya que fue pasada por agua. Pero los empapados gaditanos disfrutaron mucho con la fiesta. Aunque sólo fuera por amargarle el día de su santo a José Bonaparte.

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Responses

  1. A mí también me gusta cómo ecribe ese señor tan antipático. Es muy certero tu análisis sobre los desenlaces. No sabe acabar los libros. Todo lo contrario de Javier Marías que tiene unos finales fantásticos. Pero se me antoja igual de antipático. Fernando Marías me dijo una vez que no entendía por qué los escritores para hacerse los sublimes tenían que ser bordes. Yo tampoco. Un beso.

  2. Yo supongo que no se hacen. Son así y deben ser muy desgraciados. Por lo tanto lo intentan compensar de alguna manera. Son medio genios, porque no son personas completas. Pero como decía alguien: ¡Para lo que yo lo quiero!. A mí sólo me interesan sus libros no su estúpida personalidad. Dos besos.

  3. Unamuno contaba esa anécdota. Me encanta porque demuestra que las mujeres siempre han hecho un poco lo que han querido. Era una viuda riquísima que pretendía casarse con un joven chulazo, pero tonto. Cuando una amistad le comentaba ese último detalle, ella contestó como dices tú. Y se casó con él. Supongo que le fue de lujo. Por eso tú y yo leemos a Marías y a Reverte.

  4. Somos almas gemelas, Carmen. Bueno, no sé si estarás tan de acuerdo con mi última entrada. Espero tu comentario.

  5. ps yo kiero todo el libro no el resume aora noi zee k trabajo le voii a entregar a mii maeztra

  6. ¡Pobre maestra tuya, Campanita, si escribes así! Haz como yo: compra el libro, léelo y después entega el trabajo a tu maestra. ¡Sin faltas de ortografía!


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