Posteado por: fernando2008 | 7 marzo 2010

Martínez de la Torre, C. González Vicario, Mª T. y Alzaga Ruiz, A. Mitología clásica e iconografía cristiana.

Hace algunos meses participé en una polémica en el periódico “Extremadura” sobre iconografía. Varios profesores de Historia del Arte mostraban su inquietud por el hecho de que sus alumnos padecían una ignorancia total acerca de la iconografía, ignorancia que les impedía llegar al segundo nivel de entendimiento de Panofsky en Historia del Arte. Del tercer nivel ya ni hablamos. Si bien todos los profesores que participamos en ese debate compartíamos esta inquietud, el debate terminó mal, porque algunos, llevados por su celo misionero, pretendían que los alumnos no sólo conociesen la iconografía y religión católica, sino que hiciesen de esa religión el eje central de sus vidas. Particularmente criticada fue mi sugerencia de que los alumnos, para estudiar la Historia del Arte “debían conocer la mitología clásica y todas las demás mitologías”.

Centrémonos en la cuestión. Imaginémonos a un cantero románico que va a representar un pasaje de la Biblia y que dicha representación tendrá como receptor un público especialmente ignorante. Este artista deberá llegar a su público a través de imágenes exclusivamente. Independientemente de su mayor o menor perfección técnica, el artista tendrá que contar, sobre todo, con una desbordante imaginación. La imaginación que le permitirá distinguir a los apóstoles de los evangelistas y, dentro de los evangelistas a cada uno de ellos. Los resultados de aplicar esta imaginación que tengan más éxito, nos darán la Iconografía.

Estoy seguro de que los hombres que vivían en época románica podían leer con cierta facilidad las “Biblias de piedra”. En primer lugar, porque tenían memoria, memoria que nosotros hemos ido perdiendo gracias a nuestros escritos, agendas y diarios. Hemos aceptado que “la tinta más tenue es más duradera que la memoria más fuerte”. Y en segundo lugar, porque vivían inmersos en una cultura religiosa. Para ellos, el comienzo de la estación del calor era la fiesta de San Juan, la mitad de esa estación coincidía con la fiesta de la Asunción y el final con San Miguel. El “Año Cristiano” coincidía con el año astronómico. Los santos marcaban el ritmo de las labores agrícolas.

En nuestras actuales ciudades de cemento, ya no nos acordamos de Santa Bárbara ni cuando truena, y no nos preocupa en absoluto que San Marcos llene o no los charcos. Ahora nuestro problema es el contrario: no nos acordamos, cuando vemos a una mujer con un cáliz y una torre de tres ventanas, que estamos ante una imagen de Santa Bárbara.

¿Cómo saber iconografía? Viendo muchas imágenes. Este consejo de Perogrullo viene a cuento de algo que ya he dicho antes: si bien la Iconografía recoge aquellas representaciones que tienen más éxito, hay muchas representaciones que no gozaron del favor popular, pero que tendrán que ser explicadas también iconográficamente. Por poner un ejemplo, existen muchas Inmaculadas antes de Murillo; pero no son tan conocidas como las de este pintor.

Además, para saber interpretar iconográficamente esculturas y pinturas, tenemos este libro, recién salido de la imprenta. No es una obra más. Es una obra, magníficamente estructurada, que consta de dos partes. La primera, la mitología clásica, dividida en cinco temas: 1º Aproximación al mito. 2º Los mitos cosmogónicos y teogónicos. 3º Genealogía divina. 4º Mitología de los héroes. 5º Ciclos de la mitología griega.

La segunda parte, la iconografía cristiana, se divide seis temas: 6º El origen de la iconografía cristiana: la imagen simbólica. 7º y 8º Los nuevos programas iconográficos después de la paz de la Iglesia: Antiguo Testamento. 9º Ciclos iconográficos del Nuevo Testamento. 10º La iconografía mariana. El Apocalipsis. 11 Hagiografía: la representación artística de los santos. Este último capítulo llega hasta santos tan modernos como san Vicente de Paúl.

Lo primero que salta a la vista, leyendo esta obra, es que no tiene ni una sola línea superflua: es un libro sin desperdicio. El prefacio es una magnífica síntesis utilísima para cualquier estudioso que quiera abordar el estudio de la Mitología y la Iconografía. El epílogo es una bibliografía comentada. Y toda la obra está adornada con ilustraciones, perfectamente elegidas, pero quizás un poco escasas en número.

Para terminar diré que esta obra no es la de Réau, evidentemente. Pero es una obra completa y, sobre todo, muy bien estructurada. Tiene rigor científico, amenidad y su tamaño es el adecuado. La UNED siempre ha producido buenas obras; pero ésta no es sólo buena. Resulta imprescindible para cualquier estudioso del Arte.

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Responses

  1. Tomo nota del libro. Tus sugerencias son “sacramentos”

  2. Bípeda ¿has vuelto a jugar al póker?. Bienvenida a esta tu casa. A ver si te prodigas más por este jardín de cerdos de la manada de Epicuro.


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