Posteado por: fernando2008 | 21 febrero 2010

¡Ara, Geme!

– Sabio maestro, te traigo nueva munición para que ataques al culto mariano.

– Necio alumno, jamás he atacado al culto mariano.

– Caramba, fray Guillermo ¡nunca hasta ahora me habías insultado!

– No, Adso, no es un insulto. Es una definición. Todo aquel que diga que ataco a la Madre de Dios, es un necio.

– Pues muchos lo piensan. Sólo hay que leer tus entradas sobre las Vírgenes para darse cuenta.

– Y sólo hay que oír lo que acabas de decir para saber que eres un tonto. El culto de María es la parte dulce, amorosa, femenina de la que tan necesitada está la religión católica.

– ¡Pero niegas las apariciones de la Virgen, sus milagros!

– ¡Tente, necio! Niego las historias absurdas, mentirosas y estúpidas. Me rebelo ante la idea de que para fomentar el culto a la Virgen haya que inventar mentiras absurdas, que sólo pueden creerse siendo un asno. La Madre de Dios no necesita tener como peana para su culto una serie de mentiras patéticas. La grey puede rezar a la Virgen o no rezarle. Lo que no puede hacer es comulgar con ruedas de molino y ser objeto de burlas por parte de unas personas que inventan mentiras para llevar el agua a su molino.

– Vale, vale. Me he equivocado.

– Esta es la única cosa sensata que has dicho hasta ahora. Por  cierto ¿de qué querías hablarme?

– De Coria.

– ¡Magnífica ciudad! ¿Y de qué aspecto de Coria?.

– De la Virgen de Arageme y su historia. ¿La sabes?

– Prefiero que me la cuentes tú.

– Pues ahí va. Un moro – siervo de labor de algún cristiano acaudalado – labraba con un buey que se llamaba «Geme». El arado queda atascado en una peña y por más que el labrador animaba a su buey gritando: ¡ara, Geme!, no podía seguir. Levantó la piedra y descubrió bajo ella una imagen. El buen moro creyó haber encontrado una muñeca y se la guardó. Cuando al anochecer, volvió a su casa, buscó entre sus aperos, pero la muñeca había desaparecido. Al día siguiente se encontró con que la muñeca estaba en el mismo lugar. La volvió a guardar y, por la noche volvió a ocurrir lo mismo. Ante este inexplicable prodigio, no le quedó más remedio que comunicarlo a las autoridades cristianas. Éstas reconocieron en aquella pequeña imagen a la Virgen María y levantaron en ese lugar una ermita. La ermita de la Virgen de Arageme.

– Curiosa historia.

– ¿Por qué? Es un milagro.

– Efectivamente. Un milagro léxico y semántico.

– Ahora sí que me he perdido.

– Primer milagro: el milagro léxico. Un labrador, musulmán por más señas, se dirige a su buey diciéndole: “¡Ara!” ¡Increíble!

– ¿Por qué?.

– No siquiera hoy, Adso, época en la que los labradores son más cultos, se usa ese imperativo latino. Además, un musulmán se dirigiría a su buey en su lengua, el árabe. La palabra “ara” sería muy poco conocida en la Coria de aquel tiempo. Y me atrevo a decir que sólo la conocerían los eclesiásticos.

– ¿Me estás diciendo que el milagro es una falsificación?

– No sólo eso. Te estoy apuntando al culpable o culpables de dicha falsificación.

– Vale, pero ¿y el milagro semántico?

– ¿Tú conoces algún buey que se tenga un nombre tan extraño como “Geme”?

– Confieso que conozco pocos bueyes, pero sé que la gente pone a los animales otro tipo de nombre. ¿De dónde puede haber salido ese extraño nombre?

– Para mí no es tan extraño. Yo lo he oído varias veces. Pero en lugares tan alejados de Coria como Sevilla y Marrakech.

– ¿El buey era de Marrakech? ¡Qué raro!

– El buey no. Las palabras. “Harat aljamah”. “Harat” es la explanada que hay enfrente a “aljamah” que es la mezquita.  La palabra “mezquita” tiene varias traducciones, pero aquí que la traducción literal del “aljamah” es sitio donde se reúne la gente”. Por eso la plaza principal de Marrakech se llama “Jamah el fna.”

– ¡Otra vez las palabras árabes!

– Lo siento, pero es que los musulmanes estuvieron mucho tiempo en España. Y si el labrador era musulmán, hablaría árabe, no español y mucho menos latín.

– ¡Quién lo iba a pensar!

– Pues cualquiera que tuviese dos dedos de frente. O que hubiese leído algo. En el Repartimiento de Sevilla aparece varias veces el topónimo “Harat Algeme”. Todo se reduce a buscar un poco, no a crear leyenda absurdas basándose en el sonido aproximado de las palabras. Eso en el mejor de los casos.

– ¿Y en el peor?

– En el peor, dar un falso certificado de milagro a un culto que se quiere cristianizar.

– ¿Entierran a una Virgen y dicen que la han hallado milagrosamente?

– Peor.

– No me explico cómo se puede empeorar esta acción.

– Lee este párrafo: “El toro, en las antiguas religiones, es simbólicamente el animal viril y solar por excelencia. La leyenda del descubrimiento milagroso de nuestras estatuas asocia a él frecuentemente un toro (o un buey). Este animal es el que, arando un campo, desentierra la estatua, la hace surgir de bajo tierra, y la estatua se convierte en una fuente fecunda de beneficios para los habitantes del lugar. Lo mismo ocurre en Manosque, en Err, en Font-Romeu y en Prats de Molló, en los Pirineos Orientales, donde el toro “descubre” a Nuestra Señora del Coral en el hueco de un roble, el árbol sagrado de los druidas, significando “coral” en catalán la madera del roble que, una vez mojada, se vuelve negra como si fuera ébano… A veces, el toro es remplazado por otros animales, teniendo sin embargo el mismo valor simbólico viril, como el ciervo que dibuja en el suelo el plano de la iglesia del Puy o el león del milagro de Notre-Dame de l’Apport…” A esta párrafo de Jean Huynen sobre las “Vírgenes Negras” no le he quitado ni una coma. Ni siquiera le he puesto el paréntesis del buey.

– ¿Entonces no podemos decir…?

– Entonces, Adso, podemos decir que el culto a la Gran Diosa, la Diosa Madre, la Diosa Blanca se practicaba en Coria mucho antes de que naciera la Virgen María. Este culto, como muchos otros, se cristianizó, y se aprovechó el topónimo musulmán para crear la leyenda. Leyenda que tiene orígenes célticos y palabras árabes, pero pocos elementos cristianos. El único elemento cristiano que tiene, es la mentira. Es deprimente.

– Sí que lo es, maestro. ¡Qué poca vergüenza! ¡Cómo se sacan nombres de donde no los hay. ¡Y como estoy de acuerdo contigo, no me digas otra vez tu muletilla de “peor”.

– Pues lo siento, Adso, pero hay nombres peores. ¿Te acuerdas de Zalamea?

– ¡Claro que sí, fray Guillermo! Una ciudad preciosa, con el dystilo sepulcral romano, donde Nebrija publicó la primera gramática castellana.

– Pues ni siquiera Nebrija pudo evitar que alguien creara un falso origen del nombre de Zalamea. Se dijo que provenía de un hombre que tenía una burra llamada “Zala”.

– ¿Y qué pasó?

– Pues pasó que el buen hombre estaba preocupado por la vejiga de su burra. Y le dio una orden. ¡Hay que ver lo bien que funcionan los imperativos para crear nombres! Del nombre de “Zala” y de la orden, surgió el nombre de Zalamea.

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Responses

  1. ¡Qué bonito es el nombre de Argeme! ¿Por qué no escribes desde el día 21?

  2. Estoy preparándome para la operación. Me he puesto vacunas, me he empastado dientes. Todo para estar limpito de cuerpo y alma. Además, me gustarái dejar los exámenes hechos y las notas puestas. Prefiero no dejar ningún cabo suelto.
    Y ademas, por qué no decirlo, estoy cansado, adormilado y asustado.
    Besos


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