Posteado por: fernando2008 | 28 enero 2010

Gripe, debate político, educación, residuos nucleares y cadena perpetua.

Estoy pasando la gripe porcina. Ya sé que ahora se llama con un nombre más científico, lo mismo que la sífilis antes se llamaba “mal francés” en España y “mal español” en Francia; la cuestión era echar balones fuera. Yo la llamo gripe porcina, a pesar del riesgo de que me consideren un cerdo. Como siempre he considerado esta gripe un montaje publicitario de algunos laboratorios farmacéuticos, la estoy pasando de pie, a base de grandes dosis de paracetamol, naranjas y brasero. Todo el mundo sabe, y si no se lo digo ahora, que la gripe dura siete días con medicación o una semana sin ella.

Como cuando llego de mi trabajo me siento fatal, me he recetado, además, leer. No hago otra cosa, y los titulares de los periódicos se acumulan en mi imaginario “debe” de artículos por escribir. Aunque estoy seguro que el mundo no se parará por la falta de estos artículos, mi conciencia de “blogero” (no me atrevo a llamarme “bitacorero” porque suena peor), me obliga a escribir algo, de muy mala gana por cierto. Por lo tanto, haré un resumen, o mejor una macedonia.

Primer tema: hay que sacar la educación del debate político. Muy bien pero ¿no habría que sacar también la energía nuclear y sus inevitables residuos?. ¿Y la justicia?. ¿Se debe usar el caso “Faisán” como munición política?. Quizás por la fiebre, he encontrado una solución: sacar a los políticos del debate político. Se les monta un ring en, por ejemplo, la plaza de las Cibeles, y allí se les deja pelear. El resto de España seguiría su vida normal. En Italia dicen que cuando mejor funciona el país, es cuando no hay gobierno. Seguro que aquí también. O quizás funcione igual de mal, pero no nos darán tanto la lata.

Segundo tema: la Educación. Una petición desesperada: “No la toquéis ya más, que así es la rosa”. Alguien, en el Ministerio de Educación, o en las Consejerías de Educación de las comunidades autónomas, debía saber que cuando se promulga una Ley de Educación (buena, regular o mala, da lo mismo) se tardan unos cinco años en ajustar a dicha ley el delirante papeleo que lleva añadido la labor de enseñar. Proyecto Educativo, Proyectos Curriculares, Reglamentos de Organización y Funcionamiento, impresos de matrícula, deben adaptarse a la nueva normativa. Una vez adaptados, inspirarán la Programación General Anual, las programaciones de los departamentos y las programaciones de aula. (No. Todavía no son obligatorias las programaciones de pasillos). En resumen, cuando el pobre profesor adecua todos estos documentos y empieza a dar clase, impartiendo los nuevos contenidos con los nuevos libros de texto, llega el terremoto legal y echa por tierra todo. Propongo, ya os he dicho que tengo fiebre, un nuevo patrón para los enseñantes: Sísifo. Creo que su eterno esfuerzo con la piedra que se caía cada vez que él la llevaba a la cima, es el paradigma de la educación.

Hay que decirlo una vez más, y repetirlo cuantas veces sean necesario: la educación no se arregla con leyes. Pongamos un ejemplo más o menos didáctico: si se cae una casa, el responsable es el arquitecto; si se caen mil, no hay responsables, es un desastre natural, un terremoto. Si muere un enfermo, el responsable es el médico; si mueren un millón, no hay responsables, es una epidemia. Si un alumno sale malo, el responsable es el profesor. Si el 25% de la población estudiantil sale mala, el responsable también es el profesor. Esta opinión, ni es justa ni es científica. Decimos que estamos por debajo de la media de la Unión Europea en respecto a la educación. Y yo añado que también por debajo de la media africana, porque los africanos tienen más claro que nosotros este problema. Ellos dicen que “se necesita a la tribu entera para educar a un niño”.

Tercer tema: los residuos nucleares. ¿Realmente puede alguien asombrarse de lo que puede llegar a hacer la gente por dinero?. ¿Alguien ignora que hay una oposición general a las centrales nucleares en toda España, menos en los pueblos donde las centrales nucleares están ubicadas?. Creo que el lugar donde se almacenen los residuos no debía ser el problema. El problema es conseguir que no haya residuos, porque ningún gobierno puede garantizar la seguridad de los cementerios durante los próximos dos mil años. Ni siquiera el III Reich pudo hacer proyectos a tan largo plazo. El cierre de todas las centrales supondría una merma en nuestras comodidades, pero una mayor seguridad para nuestros descendientes, a los que estamos condenando con esta bomba de relojería a largo plazo. Recordemos las sabias palabras de Edward A. Murphy Jr. “Si algo puede salir mal, saldrá”. En este caso, además, hay cientos de años para que su cumpla le ley de Murphy.

¿Y mientras?. Pues mientras, hay un sitio ideal para almacenar los residuos: el sol. A nuestro astro rey no le importará recibir un cohete con tan deletérea carga. Él lo purifica todo.

¿Y si nadie quiere hacerse responsable de que este cohete y su carga atraviese nuestra atmósfera?. Vaya, me lo estáis poniendo cada vez más difícil. Si no queréis una solución de ciencia-ficción, os daré una solución salomónica: los residuos nucleares deberían almacenarse en la plaza mayor de las ciudades que más electricidad nuclear consuman.

Cuarto tema: cadena perpetua. Efectivamente, hay personas que no merecen vivir en sociedad. El contrapunto es que los problemas de la sociedad llegan hasta esas personas. Habría que reestructurar muchas cosas para conseguir aplicar la cadena perpetua. Por ejemplo la Constitución, abriendo el debate si la cárcel sirve realmente para la reinserción, para la venganza o para el aislamiento de elementos peligrosos. Si la cárcel no sirve para la reinserción, y hay muchos que piensan que no sirve, se puede plantear la pena de privación de libertad como una venganza de las sociedad contra el delincuente, o como un modo de evitar, con su confinamiento, que siga cometiendo delitos.  Entonces habría que duplicar la capacidad de las cárceles, cosa fácil ya que, al no existir la reinserción, no serían necesarios ni las aulas ni los talleres.  Pero tendría que haber un partido que dijese claramente esto, y ninguno se atreverá a plantear la situación con esta crudeza.

¿O quizás sí?. Hoy he oído la propuesta del Ministro de Educación de prologar la escolaridad de cero a dieciocho años. Si un tercio de la población estudiantil de España no aguanta la Secundaria Obligatoria de los dieciséis años, no quiero ni pensar qué ocurriría al obligarles a estar dos años más en las aulas. En mi delirio veo, asaltos, motines, rejas, disturbios. No, no veo el futuro; es una película: “Celda 211”. Pero quizás, ahí esté la solución. Si condenamos a todos los jóvenes a cadena perpetua, las estadísticas mejorarían, conseguiríamos el pleno empleo y se acabaría la crisis.

Tengo que terminar. Me está subiendo otra vez la fiebre.

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Responses

  1. La fiebre te ha hecho delirar como un santo (bueno, no tanto, pero las visiones son muy lúcidas).

    Acá en mi terruño llevamos una buena temporada debatiendo sobre la educación, pero nada que aplicamos las leyes que se producen. Además, creo que el sistema educativo se llama en realidad Hogar, Casa, Padres, etc. Si un niño llega a los siete años siendo un tirano egoísta e ignorante, las escuelas tendrían un trabajo más grande que los que Hércules tuvo, para “reinsertarlo” en la sociedad.

    ¿Y la cadena perpetua? Creo que tienes razón al escribir que primero hay que definir y aceptar el fin que persigue la justicia penal.

    Un saludo, y que pronto te repongas Fernando.

  2. Gracias Edgar. Con lectores como tú, da gusto escribir.

  3. El final ha sido febril pero genial. ¿En realidad no son la misma cosa?
    Educación. Bonita palabra. También deberían reflexionar sobre su significado y los propósitos de la misma. A lo mejor así, con las ideas más claras y los pies en el suelo, dejaba de ser una condena para todos.

  4. Gracias Estatua. eres un alivio para mi mente febril.


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