Posteado por: fernando2008 | 24 enero 2010

¡Santa María, detén tu día!.

– Maestro, ¡has hecho trampa!.

– ¿Trampas, Adso?. ¿Dónde?. ¿En mis partidas de póker, o en la ruleta que hay en el claustro?. ¡Estamos en un monasterio, no en Las Vegas!.

– Perdón fray Guillermo. Me he expresado mal.

– Expresado y comportado. Hace semanas que no apareces por aquí y, cuando apareces, lo haces como el consabido elefante por la susodicha cristalería. Y acusándome de no sé qué. ¿Se puede saber en qué se basa tu acusación?.

– En la reseña de “Caín”. En ella no hablaste del milagro de Josué deteniendo al sol.

– Adso, soy un comentarista, no un plagiario. Saramago es magnífico como persona y magnífico como escritor. ¡No voy a reproducir su libro en mi bitácora, impidiendo así sus ganancias!.

– Ya. Pero de ese pasaje no hablaste, quizás porque no tenías argumentos para rebatirlo.

– Mira Adso. El pasaje que tú dices es muy interesante, lo mismo que los amores de Caín con Lilith y otros muchos. He recomendado que se lea el libro, con lo que los posibles lectores podrán disfrutar de él.

– ¿Y qué te parece el milagro?. ¿Sabías que se produjo otro igual en Extremadura?.

– Pues no.

– Vaya ¡hay algo que tú no sabes!

– Con lo que yo no sé, Adso, se podrían llenar libros y libros. ¡Qué digo libros!. Se podrían llenar enormes discos duros. ¿Qué milagro es ese?.

– Pues resulta que Fernando III El Santo encargó al maestre de la Orden de Santiago, Pelay Pérez Correa, tomar a los sarracenos las sierras de la comarca de Tentudía. Cuando estaban en plena batalla, los cristianos veían que se acercaba la noche y no conseguían vencer. El maestre imploró a la Virgen gritando: ¡Santa María, detén tu día! Y el sol se detuvo en el horizonte el tiempo suficiente para que los cristianos vencieran a los musulmanes. En agradecimiento, el maestre Pérez Correa mandó construir una pequeña ermita para honrar este milagro, bajo la advocación de Santa María de Tentudía.

– ¡Qué bestialidad!

– ¡Maestro!

– Sí, Adso, ¡qué bestialidad!. ¿Quién ha podido inventar la calumnia blasfema de que la Virgen es colaboradora necesaria en un genocidio?.

– Eran moros, maestro.

– ¡Como si son samuráis!. La dulce Madre de Dios no está en el cielo para fomentar degollinas. ¿Qué clase de Mariología es ésta?. Esto es falso desde el punto de vista teológico y desde el punto de vista histórico. Del astronómico no quiero ya ni hablar.

– ¿Por qué?.

– Porque no es el sol el que se mueve, sino la Tierra. ¿Me vas a decir que Dios, cuando inspiró la Biblia no sabía esto?. ¿Y que la traslación de la Tierra no se produce en Extremadura?.

– La Biblia no es un libro de Astronomía.

– La Biblia es la palabra de Dios eterna e infalible. El cielo y la tierra, e incluso el viajero sol, pasarán, pero su palabra no pasará.

– Vale, me has convencido. Ni la Astronomía ni la Mariología avalan el milagro. Pero ¿y la historia?. Tendrás que reconocer que el valor español, personificado en el maestre Peláez El Grande…

– Portugués.

– ¿Cómo?.

– Pelay Pérez Correa era portugués. Nació en Monte de Fralaes.

– ¡Vaya maestro!. ¡Y decías que no sabías nada!.

– Sé la historia, Adso. De lo que no sé nada es del milagro.

– ¿No se produjo una batalla y el sol se paró?

– En esta época se produjeron muchas batallas, pero la tierra siguió su curso de siempre, y el sol salió y se puso todos los días. Igual que hoy.

– Entonces, las crónicas…

– Varios siglos posteriores a los hechos, como siempre.

– Pero al menos se sigue manteniendo el nombre de Santa María de Tentudía. Eso indica que el milagro se produjo.

– ¡No hay tutía!.

– Maestro, ¡ahora eres tú el que dices ordinarieces!.

– No. Digo el nombre que has pronunciado tú antes, pero que ahora no reconoces.

– No entiendo.

– Te lo explico. Si el maestre hubiese puesto el nombre de Tentudía, los coetáneos lo hubiesen usado, ¿no?.

– Claro. Y lo usaban.

– No, no lo usaban. Pocos años después de la muerte del Maestre, en el Libro de la Montería de Alfonso XI se nombra ya “Val de la Madera, cabo Sancta María de Tudía”. Y en documentos posteriores, referentes al monasterio, siempre se dice “sancta María de Tudía”. Es más, el nombre de Val de la Madera, se conserva hoy exactamente designando la sierra, de la que es el final ‑cabo‑ Santa María de Tudía.

– ¿Y qué más da Tudía que Tentudía?. Las dos palabras hacen referencia al milagro.

– Tudía no.

– ¡Por qué?.

– Porque Tudía es una palabra que proviene de “tutiya”, término árabe  con que se designa al sulfato de cobre. “Tutiya” producirá también “atutía”.

– ¿Me quieres cambiar un milagro de la Virgen por una vulgar producción minera?. ¡Eso es una ofensa para Nuestra Señora!.

– Al contrario, es una alabanza. Es más propio de la dulce Madre de Dios, hacer que en su sierra se produzca “atutía” que se produzcan masacres.

– ¿Y qué demonios es esa “atutía”?. Nunca la he oído nombrar.

– Pues está en el Diccionario de la Real Academia. Es una medicina para los ojos. Pero quizás la conozcas más por la expresión que generó.

– ¿Cuál?.

– No hay tutía.

– Esa sí la conozco. Significa que no hay nada que hacer.

– Efectivamente. Que no hay ungüento o remedio para ese mal.

– Entonces, el milagro, los moros, el maestre. ¡Oh maestro, me he perdido!

– Tranquilízate, Adso. La realidad es que en el Maestre de Santiago mandó construir el monasterio sobre la sierra de su nombre, Sierra de Tudía, añadiéndole el de Santa María, en cuyo honor lo levantó. Cuando ya no se supo el significado de la palabra árabe, inventan esa explicación, falsa de todo punto. Es un episodio más de la eterna lucha entre el mito y el logos.

– De acuerdo, fray Guillermo. Explicado así, parece razonable. Pero ¿es que no podré encontrar nunca un milagro que resista a tus análisis?.

– No hay tutía.

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Responses

  1. Lo mismo sucede en el llibro que traigo entre manos, el Cantar de Roldán. Carlomagno pide a dios que detenga al sol para terminar su batalla contra los “infieles”. Y el dios de los ejércitos y de los astros, por supuesto que accede. (Cap. CLXXIX)

    Es un libro muy simpático e ingenuo, en que los mismos musulmanes se llaman “infieles” a sí mismos, y el autor los hace tener ídolos de Mahoma y de Apolo.

    Ah, los buenos libros.

    Un saludo.

  2. Sí Edagar, no hay patraña lo suficiéntemente absurda como para que no se invente para llevar el agua al molino de la Iglesia.
    ¡Que falta de respeto para con su rebaño!


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