Posteado por: fernando2008 | 21 enero 2010

José Saramago. Caín.

Escribo un poco molesto esta reseña. Siempre se me ha acusado de ser demasiado benévolo con los escritores que reseño, y mis alumnos se ríen cuando uso la frase “escritor favorito”. ¡Y ahora, cuando debo escribir sobre Saramago, me voy a poner duro! “Amigo de Sócrates, amigo de Platón, pero más amigo de la verdad”.

No diré que Saramago es un mal escritor porque no es cierto. Técnicamente es perfecto. Además, escribe con una magnífica sorna. Y lo admiro mucho como persona.

¿Entonces?. Intentaré explicar mi decepción.

Lo considero un autor demasiado lento. Quizás porque mi lectura favorita son los “thrillers” o las novelas históricas, me desespera un poco la parsimonia con la que se desenvuelven las obras de este autor. Lento, reposado, un poco otoñal, una pizca decadente. Pero, desde luego, muy portugués. En cuanto abro un libro de Saramago mi imaginación vuela hacia el barrio de la Alfama, con sus ventanas despostilladas y con sus fachadas de pintura descolorida. Puedo oler el estuario del Tajo, puedo oír los fados y, no sé por qué, viene a mi imaginación la película “Sostiene Pereira”. Todo muy bonito, pero mis gustos marchan por otros derroteros. Yo tuve la suerte de ver la Revolución de los Claveles; en junio, pero llegué a verla. (Alguna ventaja tiene que tener el ser viejo). Prefiero “Capitanes de abril” a Pereira y “Grândola, Vila Morena” al fado. Además de viejo, sectario.

Vayamos con el argumento. Si alguien ha leído alguna entrada de mi “Historia Sagrada”, puede imaginar que me lancé sobre el libro con verdadera avidez. Y, efectivamente, Saramago dice cosas muy acertadas. Y un tanto descafeinadas para mi gusto. No entiendo el revuelo que ha armado este libro, cuando a cualquier lector un poco crítico de la Biblia le han pasado por la cabeza esas ideas y más. Creo que en mi bitácora hay más ataques y más duros que los que ha hecho este autor. Pero, afortunadamente, no he recibido tantos reproches. Al fin y al cabo, no soy Saramago.

Hay un montón de preguntas muy sensatas en esta obra:  ¿Por qué Dios no quería que Adán y Eva estuviesen informados sobre el bien y el mal? ¿Por qué si Dios realmente no hubiese querido que comiesen plantó el árbol, no lo puso fuera del paraíso o, al menos, lo cercó?. ¿Por qué Dios, sin ningún motivo, desprecia a Caín  y favorece a Abel?. ¿Por qué aniquilar a toda una población, sea Sodoma, sean los madianitas, los amorreos o cualesquiera de los demás pueblos con los que se enfrenta Israel? ¡Es que no quedaba títere con cabeza!. “Que los designios de los dioses son inescrutables no lo dicen los dioses, sino los hombres que presumen de tener trato de tú a tú con la divinidad”. Es una magnífica frase de Saramago, con la que no puedo estar más de acuerdo.

Y luego llegamos a las pruebas. Prueba de Abraham, prueba de la mujer de Lot. ¿Quién es Dios para divertirse de esa manera con sus criaturas?. ¿El hecho de crearlas le da derecho a martirizarlas?. Especialmente absurda es la prueba de Job. Dios hace una apuesta con Satán, a consecuencia de la cual no sólo castiga injustamente a Job, sino que permite a Satán disponer a su antojo de los sabeos, los caldeos, del huracán y del fuego del cielo para hacer el mal. Todo ello para ganar una apuesta que está amañada, ya que Dios apuesta sabiendo que va a ganar. Porque Él lo sabe todo. ¿No?.

Además de estar amañada, el Dios de bondad (la verdad es que en la Biblia se aprecia muy poco la bondad de Dios. ¡Y eso que es Él mismo quien la ha inspirado!) actúa sin importarle nada el dolor que causa, sin respetar la dignidad de las personas ya que, cuando repone todo a Job, obra como si los hijos fueran para Él otro rebaño.

No tengo derecho a contar todos los argumentos que aparecen en el libro. Si queréis sopesarlos todos, leed esta obra. Terminaré este repaso del argumento con otra idea genial de Saramago. Caín mata a toda la familia de Noé para “poner a Dios delante de su propia imagen, de lo que Él hace”.

Cualquiera que haya leído alguna vez la Biblia, sabrá que la historia de Caín no da para tanto, nos se prolonga tanto en el tiempo, ni siquiera en un tiempo bíblico donde la vida humana se contaba por centenares de años. Saramago salva este escollo con un truco de ciencia-ficción  explicando que Caín se mueve en el futuro o en “otro presente”.

Saramago repite que el hombre hace a Dios a su imagen y semejanza. El hombre sueña a Dios, exactamente al contrario que la idea de Unamuno, y de ese sueño nace la Biblia.

Hace tiempo leí “La esfera” novela de Michael Crichton. El título es debido a una esfera, de procedencia desconocida, que hace que los sueños de las personas se conviertan en realidad. Podíamos pensar que alrededor de la esfera todo sería felicidad y placer. Pues no. Todos son muertes, producidas de la manera más horrible. El sueño del hombre es matar y de esos sueños saldrá la figura colérica del Dios de los Ejércitos.

Pero éstas son reflexiones mías, no de Saramago. Terminaré con otra de sus lapidarias frase: “Todos los dioses deben cargar con los crímenes cometidos en su nombre o por su causa”. Que así sea.

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Responses

  1. Efectivamente, que así sea.

    De todas formas, el Antiguo Testamento siempre me pareció bastante tenebroso y el Dios que ahí se refleja no tiene nada que ver con la bondad, caridad, amor y demás virtudes. Al menos así lo veo yo. Lo siento.

  2. No lo sientas, es así, o así lo vemos miucha gente incluido Saramago.

  3. Tengo ese libro en mi anaquel, esperando que le llegue su oportunidad. En lo personal me gusta mucho la prosa de Saramago. Como tú dices, técnicamente es muy bueno.

    En cuanto a la religión, qué te puedo decir, es sólo un pretexto para imponerle a los demás nuestra particular visión del mundo.

    Un saludo.

  4. Efectivamente, es una definición muy buena de la religión. Tengo que meditar ye scribir sobre ella. Muchas gracias, Edgar.

  5. Y, fíjate, a mí de todos los libros de esta temática, guardo el mejor recuerdo de “La tourneé de Dios”, de Enrique Jardiel Poncela. Quizá mereciera uno de tus acertados comentarios. Vale.

  6. Lo leí en los años sesenta, divus Antonius. Recuerdo el “Agnus Dei”, la materalización de Dios en el Cerro de los Ángeles bajito y con sombrero, su noche en una catedral pasando frío y su mutis que no intgeresó a nadie, además del follón que organizó su llegada y como tuvo que salvarlo el ejército. Pero tendría que releerlo. Voy a ver si lo encuentro. Valeo ut valeas.

  7. Magnífico libro “La tourneé de Dios”. Disfruté mucho en su día cuando lo leí. Ese y todas las obras de Jardiel Poncela.

  8. Y yo también, Jomer.


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