Posteado por: fernando2008 | 15 enero 2010

La obsolescencia.

La obsolescencia es la caída en desuso de máquinas equipos y tecnologías motivada no por un mal funcionamiento del mismo, sino por un insuficiente desempeño de sus funciones en comparación con las nuevas máquinas, equipos y tecnologías introducidos en el mercado.

(Wikipedia)

Hay gente para todo. Lectores especialmente asiduos, lo cual me complace, que me reprochan el hecho de que dediqué la tarde de Nochebuena a escribir una entrada sobre “Anatomía de un instante”, y luego he guardado un extraño silencio.  Me preguntan qué me ha pasado.

Nos preocupéis, sufridos y sin embargo asiduos lectores. No me ha pasado nada. Tampoco es que sea un fanático de mi vida privada, porque en realidad mi vida privada no es un secreto. Sencillamente, no tengo nada interesante que contar sobre ella. Todo se debe a la estupidez de la obsolescencia.

¿No os habéis dado cuenta que ya las reparaciones han pasado a la historia?. En mi juventud, cuando unos zapatos se rompían se llevaban al zapatero. Cuando a un mueble le pasaba lo mismo, se llamaba al carpintero. Sí, incluso cuando una pluma estilográfica funcionaba mal, había personas que la arreglaban. Hoy no.

Recuerdo cuando se me estropeó una impresora. Llamé a la casa y ellos amablemente me indicaron por teléfono qué botones debía pulsar. Cuando les dije el color de la luz que se había encendido a causa de estas pulsaciones, me anunciaron que en dos días un mensajero me traería una nueva impresora. Supongo que esto es más barato y cómodo que mantener un servicio técnico en mi ciudad.

Así estrenamos más cosas, pero no les cogemos cariño. Porque a las cosas antes se les cogía cariño. Eran cosas bien hechas, destinadas a durar siempre.  Como la pluma que aparece al comienzo de esta entrada, y con la que ahora mismo estoy escribiendo. Es una pluma que tiene más años que yo. Y que está muy bien hecha. Por eso es por lo que escribir con ella es un placer. En 1782, escribir cartas era un placer y de ese placer surgió la novela epistolar “Las amistades peligrosas”. Hoy, escribir a mano puede ser un placer, si se cuenta con una buena pluma.

¿Y qué tiene que ver esto con mi silencio del 2010?. Pues muy sencillo. Hacía tiempo que venía constatando el fastidioso hecho de que mi Mac, que no es ya ni el más potente ni el más moderno, funcionaba mal. Se calentaba y entraba en reposo. Dos visitas al servicio técnico no me aclararon nada. Una revisión de mi instalación eléctrica, tampoco. Y el día de Año Nuevo recordé la frase de un amigo: “Si algo funciona, no lo toques”. Así que, como mi primer y único propósito para este año, formateé el disco duro y le instalé no el sistema operativo que podía tener, sino el inmediatamente inferior. Luego, me he dedicado a instalar no el último grito de los programas, sino el penúltimo. Desde entonces, funciona como un reloj. Pero no como estos relojes modernos. Funciona como un reloj suizo.

“Citius, altius,fortius” sí, pero en otras cosas. Si funciona bien, no lo toques. Pues la manía de la obsolescencia me ha hecho perder los primeros quince días de enero.

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Responses

  1. ¡divvs Ferdinandvs, vir clarissimvs!.

    No has perdido quince días; los has empleado en aprender por qué era determinante el valor sereno del veterano triario (¡oh tú, emérito caesarino!) frente al ímpetu alocado del príncipe.

    P.S.- ¡Han sacado a la luz todo un barrio musulmán del siglo XII – XIII en lo que era el arrabal de Murcia!. ¡Y otro buque fenicio (de 15 metros de eslora) del siglo VII adC!. ¡Y un nuevo museo paleontológico para 2011. ¡Esto sí que son regalos de navidad!

    P.P.S.- ¿Para cuándo dices que vas a venir a Murcia? (que no sea en Semana Santa que nos vamos a oir una misa en París)

    P.P.P.S.- Agustina tiene todo lo necesario para que te relamas con un arrocico con verduras.

  2. ¡Como me tientas, divus Antonius!
    el 31 de agosto del año 10, un año como Bo Derek, pasaré a la categoria de emérito. Lo primero que haré será irme a Gadir, al templo de Mlekart. Luego, en el mes de Brumario, me iré a mis orígenes, es decir a Alejandría, con una extensa expedición por el Nilo. La tierra de Teodmir está en el siguiente lugar, te lo prometo. Dile a la simpar Agustina que el arroz es mi plato favorito.
    Es maravilloso recuperar el control de tu vida. Vamos que es magnífico pasar de tiario a emérito.
    Por cierto, París bien vale una misa.
    Vale.

  3. Yo no cambiaré mi ordenador hasta que : a) me explote en las manos; o b) la clavija ya no haga contacto y no pueda encenderlo por falta de batería a pesar de tenerlo conectado a la red eléctrica.
    Los hay más bonitos, más rápidos, con más prestaciones… pero ninguno tiene una pequeña foto de Andy y Lucas en la tapa ni me ha acompañado durante la oposición y los primeros años de trabajo. ¡Y pensar que ni siquiera le he puesto un nombre!

  4. Yo soy menos fiel que tú, Estatua. Este es mi cuarto Mac. Pero sigo siendo fiel a Apple, una fidelidad que a veces tiene tintes de masoquismo. Los cambio, los remuevo, los formateo. Les hago, hacía todas las perrerías imaginables. Como ya me he dado cuenta de que los dos estamos viejos he decidido que nos daremos un respiro.
    ¡Pero ahora martirizo a mi iPhone!


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