Posteado por: fernando2008 | 26 diciembre 2009

Javier Cercas. Anatomía de un instante.

En mi lejana juventud, cuando todavía no tenía ordenador ni base de datos, leí una anécdota, falsa, como todas las anécdotas, pero muy graciosa. Un autor novel le preguntaba a otro consagrado qué título podía ponerle a su libro. El autor consagrado le preguntó. ¿Trata su libro sobre  trompetas? No, contestó el autor novel. ¿Y tambores? Tampoco. Pues  ahí tiene usted el título: “Sin trompetas ni tambores”.

Viene esto a cuento de que había leído anteriormente un libro de Cercas y no acabó de gustarme. Me refiero, naturalmente, a “Soldados de Salamina”. No me gustó por el tema. Odio el tema de la guerra civil española. Creo que la sangre derramada está todavía manchando muchas manos de uno y otro bando. Tampoco me gustó por el personaje de Conchi y sus picores internos. Por el desenlace, el cual deja toda la historia en el aire. Pero, sobre todo por el título. Yo me imaginaba pasar algunas horas a bordo de un trirreme en los estrechos de Salamina, al estilo de Mika Waltari y, al final, pasé esas mismas horas en un bosque catalán y sin gafas. Por eso inicié la lectura de esta obra con cierto recelo. Recelo que se disipó a las diez páginas.

¿Qué es “Anatomía de un instante”?. El propio autor dice que es una ficción sobre el 23 de febrero. El caso es que esta novela dice más verdades sobre el acontecimiento histórico que todos los libros de historia que he leído sobre el mismo. Verdades que estaban ahí, delante de nuestras narices y en las que no habíamos reparado, o no habíamos querido reparar. Cercas, en el prólogo, confiesa haber escrito una novela sobre una neurosis, sobre una paranoia. Y tiene razón. Fracasado el golpe y con los golpistas en la cárcel, todo el mundo fue un héroe. Durante el golpe nadie lo fue. Y cuando digo “nadie” quiero decir nadie. Es curioso que el único golpe de Estado que fue televisado en directo en toda nuestra historia, pudiera ser tan deformado en nuestra memoria colectiva, e incluso en las memorias individuales.

El instante al que alude Cercas, es el que está reflejado en la portada. Los guardias civiles de Tejero han estado disparando y todos se han tirado al suelo: diputados y soberanía nacional. Sólo Gutiérrez Mellado se enfrenta a ellos. Sólo Suárez y Carrillo permanecen sentados en sus escaños. SóloTejero cumple con su misión. El resto se hunden en un mar de dudas.

Esta novela historiada, o historia novelada crea más dudas de las que despeja. Y eso es bueno. Enfrentarnos a nuestras dudas. “Aprende a dudar, hijo, y acabarás dudando de tu propia duda”, como escribía Juan de Mairena. Todo el que lea el libro de Cercas, comenzará a dudar de la versión oficial, y acabará dudando de su propia memoria individual.

Dudemos en primer lugar de la mitificada “Transición”. “La Transición no fue un proceso diseñado de antemano, sino una continua improvisación, que adentró a Suárez en territorios que pocos meses antes ni siquiera imaginaba que pisaría”, dice Cercas en la página 119. Y de eso tenemos mucha culpa los historiadores. Presentamos un período con sus etapas y sus apartados, engarzando causas y consecuencias, cuando la realidad es como el rodaje de “Casablanca”, que el guión de lo que se iba a rodar al día siguiente, se escribía la noche antes. O no se escribía, si la juerga se prolongaba, y a la mañana siguiente había que improvisar. A pesar de la improvisación, tanto “Casablanca” como la Transición salieron redondas.

Por una vez, creo que es la única, estoy de acuerdo con la contraportada de un libro. “Este libro es un libro imprescindible. Un libro único”. Y como es un libro que hay que leer, me salto mi obligación de hacer un resumen del argumento. No podría. Sería como intentar comentar una proyección de diapositivas, cuando en la obscuridad aparece una imagen perfecta, completa y luego es seguida por otra, igualmente perfecta. Hay que ver las diapositivas. Y para animaros, os mostraré algunas.

Podemos ver la diapositiva de Suárez, el león atacado por los perros. (Las caracterizaciones de las diapositivas son mías, no de Cercas). Suárez se defendió y defendió a la democracia. “Una clase dirigente cuya pasión conspirativa contra Adolfo Suárez le llevo, consciente o inconscientemente a conspirar contra la democracia, y a Suárez, cuando luchaba por mantenerse en el poder equivalió a luchar por la democracia”. Y esa clase dirigente que luchó contra la democracia vive todavía y algunos están, todavía en el Congreso. Suárez vive, a veces se nos olvida, pero la enfermedad de su mujer, de su hija, la suya y la ingratitud han conseguido lo que no pudieron las mociones de censura. Cercas recoge su patética última intervención política. Para mí, el defecto de Suárez, fue el no saber retirarse a tiempo. Defecto mínimo, en comparación a los defectos de los demás.

La siguiente diapositiva es de Gutiérrez Mellado, un militar de cuerpo entero, que actuó como Leónidas en las Termópilas. En 1936 se sumó siendo teniente, a la rebelión de Franco. Durante su carrera, se ganó el respeto de sus compañeros, respeto que fue sustituido por el desprecio y el odio cuando aceptó la vicepresidencia de Suárez. Gutiérrez Mellado sufrió por este cambio de actitud, pero siguió adelante. Cercas apunta también si no sufriría por el hecho de que en el 36 estuvo disparando una ametralladora desde un tejado atacando a una república que era tan convulsa y caótica como la democracia que defendía desde su puesto de vicepresidente. “Cuando murió Gutiérrez Mellado desapareció el político más fiel que tuvo Adolfo Suárez, el último militar español que ocupó un escaño en el Congreso, el último espadón de la Historia de España. Cuando le hablaban del 23 F contestaba siempre: Hice lo que me enseñaron en la Academia. Pero nunca dijo que quien dirigía esa Academia era Franco”.

Tejero, Sansón derribando el templo de los filisteos. “Tejero fue el que diseñó el golpe y quien lo ejecutó. Había sido arrestado varias veces con penas ridículas, y se convenció que podía intentarlo otra vez, sin correr más riesgos que pasar una pequeña y confortable temporada en prisión, convertido en héroe semisecreto del ejército y en héroe clamoroso de la ultraderecha. En la noche del 23 F Tejero prefirió el fracaso del golpe, al triunfo del golpe de Milans y Armada, golpe que no era el suyo”.

Por último, dos lecciones y un aviso para navegantes.

“Afirmar que el sistema político nacido de estos años no es una democracia perfecta, es una perogrullada. Tal vez exista una dictadura perfecta, pero no existe una democracia perfecta, porque lo que define a una democracia de verdad, es su carácter flexible, abierto ­– es decir, permanentemente mejorable- . De forma que una democracia perfecta es la que es perfectible hasta el infinito”.

“Desde el punto de vista político, el pacto (que posibilitó el paso de la dictadura a la democracia) fue un acierto, porque su resultado fue una victoria política de los vencidos, que restauraron un sistema en lo esencial idéntico a aquel que habían defendido en la guerra (ambos eran democracias parlamentarias) y porque quizás el error moral habría sido ajustar las cuentas a quienes habían cometido el error de ajustar las cuentas, añadiendo oprobio al oprobio”.

“El problema no consistía en echar a Suárez, sino cómo se echaba a Suárez. (…) A cualquier precio. Fue una respuesta salvaje, en gran parte fruto de la soberbia, de la avaricia del poder y de la inmadurez de una clase dirigente que prefirió correr el riesgo de crear condiciones propicias a la actuación de los saboteadores de la democracia, antes que seguir tolerando en el gobierno la presencia intolerable de Adolfo Suárez”. ¿Os suena a algo actual?

No voy a ahorrar elogios a Javier Cercas. Baste decir que de la estantería de las novelas, este libro ha pasado a las de Historia de España, al lado, física y metafísicamente, de las obras de crónica política de otro novelista y magnífico historiador como Manuel Vázquez Montalbán. Comencé a leerlo la tarde del 24 de diciembre, y cuando lo terminé, el pavo estaba ya en la mesa.

¡Otra razón más para ponerlo junto a Pepe Carvalho.!

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