Posteado por: fernando2008 | 7 diciembre 2009

Visita a la sección de Etnografía del Museo de las Veletas de Cáceres. Un largo adiós.

No, no voy a hablar de Philip Marlowe, por mucho que ahora me haya dado por la novela negra. Voy a hacer una crónica la visita que un grupo de miembros de la Asociación “Adaegina”, Amigos del Museo de Cáceres, realizamos el 28 de noviembre guiados magníficamente por el director del Museo don Juan Valadés. Como el lector asiduo de esta bitácora puede comprobar, es la única asociación a la que hago propaganda. Ni que decir tiene que tanto la asociación, como mi propaganda son totalmente sin ánimo de lucro.

En cuanto a lo de el largo adiós, se debe a que el Museo cerrará al año que viene por una larga temporada. Después del bombazo del aljibe, convertido por obra y gracia de la arqueología en mezquita, los amigos del Museo nos vamos despidiendo poco a poco de cada una de sus secciones. Antes de que termine este año habremos visitado y nos habremos despedido de las tres.

Las seis salas de la sección de Etnografía están distribuidas así:

Sala 9. Producción de Recursos.

Sala 10. Producción y Transformación.

Sala 11. Organización económica. Oficios.

Sala 12. Indumentaria.

Sala 13. Equipamiento doméstico y transportes.

Sala 14. Creencias y música.

A pesar de ser historiador no soy nostálgico del ayer. No creo en el mito de la Edad de Oro ni que cualquier tiempo pasado fue mejor. En el pasado la vida no era mejor; nosotros éramos más jóvenes.

Cuando don Juan Valadés nos explicaba con todo lujo de detalles el funcionamiento y el porqué de las piezas, yo me reafirmaba en esta idea. Es interesante y necesario recoger los instrumentos antiguos, saber su función pero, a mi juicio, desechar esta nostalgia del pasado. Delante de la colección de hoces, delante del trillo, instrumentos todos que he visto usar en mi niñez, pienso que deben estar ahí, en el Museo. Parafraseando a Marinetti diré que una cosechadora, con su aire acondicionado lanzada a toda velocidad, es más bella que todas las hoces del pasado, incluyendo las hoces neolíticas con sus cuerpo de madera y sus trozos de sílex. La agricultura extremeña necesita máquinas, cuanto más perfectas mejor, que hagan del trabajo del agricultor una tarea digna y, sobre todo, bien pagada. Si no, Extremadura se convertirá en un inmenso coto de caza, punteado por casas rurales. Una reserva, vamos.

Pero para saber dónde debemos dirigirnos en el futuro, debemos conocer el pasado. Y valorarlo. Y para ello, nada mejor que la sección de Etnografía de nuestro Museo.

Y para terminar, permitidme el tópico. Cierro esa entrada con la foto del traje más famoso pero menos conocido de la etnografía extremeña: el del Montehermoso. Las leyendas sobre la gorra de Montehermoso están en la mente de todos y no voy a intentar refutarlas. Me gustan como son. Y “si non é vero é ben trovato”.

El próximo día doce de diciembre visitaré la sección de Bellas Artes. Ya os contaré. Pero, mientras tanto, seguid mi consejo: visitad el Museo. Que no sabemos cómo quedará después de la remodelación.

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Responses

  1. Awesome, I didn’t know about that up to the present. Cheers!


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