Posteado por: fernando2008 | 28 noviembre 2009

La Dignidad.

El País 28-XI-09, página 12

Escribiré hoy sobre la Dignidad. Pero sobre la Dignidad con mayúsculas, como si fuese una de las Ideas Madres de Platón, esas que están “jo topos ouranós”, en un lugar del cielo. Sé que estas Ideas ya no están muy de moda, y personalmente no creo que sean ciertas, pero como metáfora pueden servirnos para lo que quiero expresar.

Para entender la Dignidad, debemos seguir el camino contrario al que siguió Platón, estudiando las dignidades particulares de Cataluña y España y mediante el estudio de lo particular llegaremos a la abstracción.

La dignidad de Cataluña.

Una vez le preguntaron a Winston Churchill qué opinaba de los franceses. Él contestó. “No lo sé. No los conozco a todos”. Pues bien, eso me pasa a mí. No conozco a todos los catalanes. Ni siquiera conozco a esa pequeña parte que dijo sí al Estatuto. He tratado a pocos. De vista conozco a más, porque estuve en la Diada del 11 de septiembre de 1977. Pero confieso que no me acuerdo de todas las caras que allí vi.

Si tuviese que hacer un breve resumen del carácter de los catalanes que conozco resaltaría su amabilidad, amabilidad que a los pocos días se convierte en cariño por ambas partes. Resaltaría también su seriedad: puedes confiar absolutamente en ellos. Y resaltaría también su educación: son tremendamente educados. Tanto su seriedad como su educación chocan a veces con nuestro carácter meridional, pero a los pocos días el malentendido se desvanece.

Pues bien; lo que me asombra sobremanera es que, estos rasgos de los catalanes que conozco, no encajan en absoluto con lo que se podía llamar la “catalanidad” o la percepción que se tiene de Cataluña fuera de Cataluña. Catalanidad que crean una serie de políticos catalanes que son atípicos dentro de la manera de ser catalana. Veámoslo.

Hay una serie de políticos catalanes cuya profesión no es ser políticos, sino ser catalanes. Es lo que algunos medios de comunicación llaman el “ensimismamiento” Sólo hablan catalán, sólo han estudiado en catalán, y a Cataluña. El resto del mundo es para ellos “terra incognita”, buena a lo sumo para poner embajadas. Si, por un cataclismo geológico, Cataluña desapareciera, estos políticos se convertirían en analfabetos funcionales: no saben hacer otra cosa. Prefiero a los políticos de antes: Jordi Pujol es médico, además de ser catalán.

Estos políticos y algunos directores de periódicos, han escrito un editorial conjunto. En principio, desconfío de adhesiones y unanimidades inquebrantables. Me suena a otras épocas felizmente superadas. De dicho texto voy a comentar cuatro cosas. Ni tres ni cinco. Cuatro.

Los catalanes pagan impuestos. Y sin privilegio foral. Igual que yo y nunca me he planteado denunciar un agravio comparativo.

Contribuyen con su esfuerzo a la transferencia de rentas a la España más pobre. Pienso que en la era de la globalización, hay comarcas ricas porque hay comarcas pobres. Los señoritos extremeños con nuestros sombreros cordobeses y nuestros caireles de plata fina (Lo siento. Es que en Extremadura no tenemos ninguna seña de identidad tan acusada) mandan dinero y mano de obra sin cualificar a Cataluña. Algo habremos contribuido. Por cierto, me parece muy bien que con mis impuestos se arregle el barrio de La Mina. Viví cierto tiempo en San Adrián del Besós y guardo buenos recuerdos de ese pueblo.

No tienen los cuantiosos beneficios de la capitalidad del Estado. Pero ¿qué Estado?. ¿El catalán o el español? ¿Barcelona quiere ser capital de un estado catalán o capital de España?.

Una lengua que en vez de ser amada, resulta sometida tantas veces a obsesivo escrutinio oficial. Ese ha sido, es y será siempre el problema de las lenguas impuestas por la fuerza. Una lengua debe ser un vehículo de comunicación, no un instrumento de discriminación. Todas las lenguas en todos los sitios.

¿Y el resto del documento?. Con el resto del documento estoy absolutamente de acuerdo. Y con lo que más de acuerdo estoy es con la idea de que Cataluña se siente nación. Cataluña es una nación. Lo ha sido desde Wilfredo el Velloso. La idea de nación es en última instancia un sentimiento. Y sobre los sentimientos no se debe legislar, porque volveríamos al “Führer bienamado” o, como en la novela de Orwell, amando al Gran Hermano. Lo que hay que quedar bien claro es que si una parte de España se siente nación, no quiere eso decir que sea más o menos que otra parte. Simplemente es distinta.

Tengo pocos puntos de discrepancia con el famoso editorial, puntos todos ellos poco importantes. Una educada redacción del documento los hubiese subsanado. Y me temo que ése es el principal desencuentro entre Cataluña y España: la falta de educación de algunos políticos catalanes que, como no están en la corte, no tienen cortesía. Políticos que hacen de su “catalanidad” su razón de ser y, lo que es más importante, su medio de subsistir. Políticos que nunca dejarán de reivindicar porque, como los ciclistas, en el momento que se paren se caen. No se contentarán con la independencia. Si la consiguieran seguirían reivindicando. Su objetivo último podría ser el de que “ningún pez pueda surcar el Mediterráneo sin llevar las cuatro  barras grabadas en sus escamas” Que no decaiga.

La dignidad de España.

España, estado soberano y democrático, tiene división de poderes y un Tribunal Constitucional. Todos debemos estar sujetos a las leyes y a nadie se le escapa que un Parlamento, sea el español o el catalán, debe acatar la sentencia del Tribunal Constitucional, porque una ley votada mayoritariamente por el órgano de la soberanía popular, puede ser anticonstitucional. Que una mayoría intente imponer su lengua (española o catalana, da igual) sobre una minoría es ilegal. Que un político robe con el respaldo de sus electores, es ilegal. Para evitar esto, existen los tribunales y la división de poderes.

Pero (siempre hay un pero) ¿están cumpliendo estas instituciones con su deber?. ¿No es la mayor de todas las injusticias el retraso en la justicia?. ¿Se está juzgando, o se está votando?.

Acabo de ver en “El País”, concretamente en la página 12, algo que me ha revuelto el estómago. Es un gráfico en el que aparecen 12 fotografías de miembros del Tribunal Constitucional, unas ribeteadas de rojo y otras de azul. Los rojos son los progresistas, los azules los conservadores. Dicho gráfico se me antoja el verdadero entierro del Montesquieu, el fin de la división de poderes.

El Tribunal Constitucional no llega a un acuerdo porque hay seis cuadrados rojos y seis azules. El partido azul no quiere renovar dicho Tribunal porque entonces en el nuevo Tribunal habría siete cuadrados rojos y sólo cinco azules. Y así llevan dos años. Se hacen todo tipo de cambalaches, se ensayan jugadas, se maniobra, pero a nadie se le ha ocurrido plantearse si el Estatuto de Cataluña es constitucional o no lo es. Eso no importa. Los magistrados rojos votarán lo que les diga el partido progresista y los azules lo que les diga el partido conservador.

Sinceramente ¿necesitamos para esto catedráticos de Derecho, magistrados del Supremo, juristas de reconocido prestigio?. No. Las funciones del Tribunal Constitucional pueden ser ejercidas por parados a los que, a cambio de los famosos cuatrocientos euros, se les indique qué botón deben apretar. O, puestos a economizar, el Tribunal Constitucional puede suprimirse. Bastará con poner siete botones en Ferraz y cinco en Génova.  O al revés, según el resultado de las elecciones. Lo que es justo o lo que es injusto, se decide en función del partido que gane las elecciones. Para este viaje, no necesitamos el Derecho.

Suprimido el Tribunal Constitucional, sigamos haciendo economías. En el Supremo la cosa es más difícil, porque las asociaciones de magistrados y jueces son más numerosas. Pero también sobre el Supremo he visto esquemas similares. Progresistas y conservadores. Y en la Audiencia Nacional, donde todo el proceso se decide no en el estrado sino en el turno de guardia de los jueces. Si te toca el juez A, has perdido. Si consigues que se asigne tu caso al juez B, has ganado. Cambiemos la balanza de la justicia por la ruleta. Es un símbolo mucho más exacto. Juristas de reconocido prestigio… ¿para qué?. Robots que aprieten botones. Salen más baratos y además no prevarican.

Puestos a meter la tijera, podemos completar la faena con el Congreso y el Senado. La soberanía nacional. Pero una soberanía nacional reducida a apretar un botón cuando el jefe de filas levanta un dedo o dos. La soberanía nacional se asienta no en la voluntad del pueblo, sino en la disciplina de partido. Sería más rápido, cómodo y sobre todo barato, si en las cámaras estuviesen sólo los portavoces de los grupos. Además, sería más estético. Nos ahorraríamos el espectáculo que dan sus señorías interrumpiendo, insultando y pateando.

¿Qué poder queda? Sólo el ejecutivo. Y debe funcionar muy bien, porque todos quieren llegar a él. Al precio que sea, pisoteando a quien sea. Incluyendo en ese pisoteo a Cataluña, a España, y a la Vía Láctea si se tercia.

¿Tu dignidad?. No. La Dignidad. La tuya guárdatela.

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Responses

  1. Es probable que el flujo migratorio haya cambiado su rumbo… ¡Ya están aquí! ¿aprenderán castuo?

  2. ¿Has vuelto a beber?

  3. Cuando Pacheco( siendo alcalde de Jerez) dijo que la JUSTICIA era un cachonceo, me pareció una estupidez. Me da la impresión que fue un adelantado en el tiempo. Vaya tribunales que tenemos. Como para fiarte. Un saludo

  4. Otro para ti, Jesús. “Pleitos tengas, y los ganes”. Esa es la maldición.

  5. ¿Y que te parece de la dignidad de los cristianos a los que la Iglesia impide comulgar si votan a afavor del aborto?

  6. Totalmente de acuerdo contigo en este caso en todo. Creo que el problema de Cataluña está en el divorcio entre su clase política y el pueblo catalán. Lo de Montesquieu ya no tiene solución. Un abrazo.

  7. Dos abrazos

  8. Por si no lo sabes, querido maestro, soy catalán de nacimiento y de cultura aunque mi padre fuera leonés y mi madre catalana. (Buen mestizaje, digo yo…)

    Me siento catalán, me siento español y me siento, antes de nada, ciudadano del mundo.

    Hablo y escribo correctamente el catalán y el valenciano (Llamado así por los incultos políticos).

    Hablo y escribo correctamente el castellano y por eso mismo, soy y me siento español. No español de pandereta ni de cante jondo, sino ESPAÑOL con mayúsculas, Es decir, abrazo todas las culturas de este estado y no ninguneo a las que difieren de la mía -que son varias- ni las considero inferiores ni yo me considero superior a ellas. Simplemente, son distintas.

    Por eso mismo, me cabrea bastante que cuando se dice “catalanes” en tono despectivo, se diga con una sonrisa provocadora en la cara como si fuéramos una enfermedad.

    Siempre habrá envidias y siempre habrán entes que no utilizan más del 0,005% de su cerebro. Lo utilizan para realizar los actos más simples de la vida: Alimentarse, Des-alimentarse, procrear, moverse y poca cosa más.

    El resto -pensar y comportarse como un ser humano- es un trabajo excesivo para ese cerebro tan limitado que no se han preocupado de cultivar.

    Si a esto le añadimos la vergüenza de que la justicia, como dijo Pacheco, es un “cachondeo”, no nos puede extrañar que los miembros de este Tribunal (Constitucional) no se hayan negado a tramitar cualquier asunto por haber cesado en su mandato hace algún tiempo.

    Resultan más cómodos y bonitos, los oropeles del cargo, el sueldo y demás prebendas que conlleva pertenecer a ese grupo de “élite” aunque su nombramiento haya caducado por imperativo legal y se haya prorrogado por culpa de unos políticos indignos de administrar nuestra vida y hacienda.

    La culpa, es enteramente nuestra.

    Volviendo con lo de Cataluña…

    ¿Qué he hecho yo al resto de España para que se me trate como si fuera un apestado cuando yo nunca he hecho nada para merecer ese desprecio?

    (Pregunta que puede hacer cualquier catalán a cualquier miembro del estado Español)

  9. ¡Bien, Jomer!. Personalmente creo que éste es un problema ficticio. Estuve tres meses en Cataluña, donde conseguí mi primer trabajo, me apunté al PSUC, me compré una gramática y un amigo me regaló un diccionario catalán, participé en la Gran Diada, conocí a Tarradellas (de lejos, pero lo conocí) y sólo tuve un problema con el idioma: el tendero de debajo de mi casa, que era de Peñarroya. Ni España mira mal a Cataluña, ni Cataluña mira mal a España. Hay personas, en Cataluña y en España que fomentan el enfrentamiento, para pescar el río revuelto.¡A esos es a lo que hay que acorralarlos y denunciarlos! Un abrazo muy fuerte.


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