Posteado por: fernando2008 | 8 noviembre 2009

Manuel Vázquez Montalbán. La soledad del manager.

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Iba a calificar a este autor como “mi autor favorito”,  pero no quiero una vez más que mis alumnos me exijan una lista de mis “autores no favoritos”.  Así que lo dejaré en la lista de autores preferidos.

Conocí la existencia de este autor a finales de los sesenta. Entonces se llamaba “Manolo V el Empecinado” o “Manolo V de España y nada, absolutamente nada de Alemania”. Era un gallego que vivía en Barcelona, trabajaba para la CIA y había matado a Kennedy. Era un detective privado de cortos vuelos, aficionado a la gastronomía y a encender su chimenea todos los días del año, con los libros, al parecer inagotables, de su biblioteca. Seguía con gran interés sus artículos en “Por favor”, “Hermano Lobo” y, por supuesto, sus colaboraciones en “Triunfo”.  Desde que cayó en mis manos “Yo maté a Kennedy” he ido coleccionando sus obras.

En el presente año, y después de haber visto con horror varias encuadernaciones de mis libros rotas por la presión de las estanterías, me había marcado como objetivo no volver a comprar ningún libro. Ya no tengo sitio. Pienso, por lo tanto, pasarme a los e-books, y estoy estudiando muy seriamente las ventajas e inconvenientes de los lectores de pdf. Presiento que es una decisión que va a marcar los últimos años de mi vida.

Pero el hombre propone y la sociedad de consumo dispone. “Público” ha iniciado la colección “Vázquez Montalbán y Pepe Carvalho” y yo me dispongo ha reconsiderar mi decisión y completar dicha colección.

Me encantan las colecciones de kioscos. Nunca he sido exigente con la presentación de los libros. Prefiero su cantidad y su calidad interna. Por eso me gustan las colecciones “Reno” y “Austral”; autores magníficos a precios de risa. Los libros son para ser leídos. Para adornar, ya tenemos los floreros. El problema es que, una vez comenzada una colección, soy incapaz de dejarla incompleta. Así que, me tendré que plantear algún día tirar algo para hacer sitio a la nueva colección de “Público”. Pero pospondré esta decisión “ad calendas grecas”. Jamás tiraré un libro y, mucho menos, lo quemaré.

“La soledad del manager” es tan buena como cualquier otra obra de Montalbán para reseñarla en mi bitácora. Por esta razón y porque me la he releído hoy de un tirón, es por lo que quiero compartirla con vosotros.

Cuando Carvalho era agente de la CIA, se encontró casualmente con un catalán y un alemán en Las Vegas. De vuelta a España y al cabo de muchos años, la mujer de este catalán acude a Carvalho porque su marido ha aparecido asesinado con unas bragas de mujer en el bolsillo. Pepe comienza a investigar y de repente todo parece que se detiene: aparece el asesino del manager convicto y confeso, el alemán que venía a ayudar a Pepe desaparece y la viuda quiere que el caso se cierre. Sin embargo Carvalho ha descubierto que el manager descubrió a su vez que la multinacional en la que trabajaba desviaba fondos con destino desconocido. Pese a las presiones Carvalho concluye la investigación y averigua el destino que se le daban a esos fondos: comprar inestabilidad política en España.

Supongo que he sido los suficientemente ambiguo para no estropear a nadie la lectura de esta novela. Creedme, el argumento, en una novela de Vázquez Montalbán es como el plato en el que os presentan un guiso: lo menos importante. Lo más es la Barcelona carvalhiana, las recetas, las agudísimas reflexiones políticas, todavía válidas después de treinta años , los comentarios que hace sobre los libros que quema, los vinos que bebe, los puros que se fuma. Es la memoria de la Transición cuando, contra Franco no es que viviéramos mejor. Es que éramos más jovenes.

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Responses

  1. Lo que yo necesito es un librero sólo para las obras que amablemente reseñas y que iré adquiriendo poco a poco.

    No soy un lector veloz, y releo quizá demasiado. Pero los estantes se llenarán rápidamente, a pesar de ello.

    Un saludo.

  2. Eres muy joven. Yo ya las tengo llenas y me quiero comprar un lector de pdf. En cada cd caben miles de libros. No sé cómo terminará esta aventura, pero echaré de menos la textura y el olor de los libros. Seguro.

  3. El olor de los libros es como el aroma de la lluvia. Nos trae una sensación íntima, de la infancia. Hace poco me enteré de la ciencia detrás del perfume de los libros: http://www.lapetiteclaudine.com/archives/013338.html

  4. Asimov y yo, cuando estamos mucho tiempo lejos de nuestros estudios, con su olor a cuero y libros, nos ponemos nerviosos.


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