Posteado por: fernando2008 | 4 noviembre 2009

Edmonds, D. J. y Eidinow J.A. El atizador de Wittgenstein.

Wittgenstein

 

Me ha gustado este libro. Mucho. Porque esperaba encontrar un libro de filosofía y me he encontrado con una película.

Imaginad una película que comienza con un choque masivo en una autopista. Después de que el espectador se empape bien de la gravedad del choque, la cámara da un salto atrás en el tiempo y se dedica a seguir las andanzas de los que van a morir en el accidente. Los vemos levantarse, desayunar, despedirse de la familia y montar en el coche. La cámara los persigue, haciéndonos comprender lo inexorable de su fatal destino. Por último, los letreros finales nos dan una breve información de qué fue de cada uno.

En el King’s College de Cambridge hay, según se mira desde el río a mano izquierda, en la primera planta, una habitación que se conoce todavía hoy como “Sala H3”. La sala número tres de la escalera H. Un ella, el 25 de octubre de 1946 se produjo un choque. No hubo muertos, ni siquiera heridos. Fue un choque de voluntades. Chocaron, académicamente hablando, Karl Popper y Ludwig Wittgenstein, ante la mirada, no sabemos si divertida o atónita de Bertrand Russell. Y de otros filósofos, estos sí escandalizados e incluso asustados, entre ellos Richard Braithwaite, el anfitrión.

El libro comienza por ese choque. Popper, cuya vida, actitud y forma de pensar es son absolutamente antitéticas de las de Wittgenstein, ha sido invitado allí por la Sociedad Moral de Cambridge para dar una conferencia titulada “¿Existen realmente los problemas filosóficos?”. La conferencia duró diez minutos porque Wittgenstein estalló según su costumbre (en conferencias anteriores había estallado a los cuatro, e incluso a los dos), dicen que amenazó a Popper con un atizador y salió indignado de la habitación.

Lo extraño no es la actitud de Wittgenstein sino la imprecisión con la que los asistentes recuerdan la escena. Las mejores mentes de la filosofía inglesa del momento no han sido capaces jamás de ponerse de acuerdo en lo que pasó en estos diez minutos. Parece ser que Wittgenstein, blandiendo un atizador, algunos apostillan que el atizador estaba al rojo vivo, exigió a Popper que formulara un principio moral. Popper respondió: “No amenazar a los conferenciantes invitados con un atizador”. Alguien apuntó también que Russell había exigido ya a Wittgenstein que dejase el atizador. El caso es que el filósofo lo tiró al suelo y salió de la habitación. Los asistentes ni siquiera se ponen de acuerdo en el hecho de su hubo o no un portazo.

Ya he aprendido que no se debe desvelar el argumento de una novela. El caso es que este libro no puede considerarse como una novela, ni como un ensayo. Vuelvo a decir que es una película. No en vano sus dos autores trabajan para la BBC realizando documentales. Me limitaré a retratar a los protagonistas con unas cuantas pinceladas.

Ludwig Wittgenstein, de origen judío era el vástago de una riquísima familia vienesa. Tan rica que puede comprar la seguridad de las hermanas de Ludwig, las cuales permanecen en Viena toda la guerra, sin ser molestadas por los nazis. Empezó su formación como ingeniero, llegó incluso a diseñar unos radiadores para su aristocrática casa (siempre se opuso a que se la llamara “palacio”) luego se dedicó a la docencia de niños y, en su etapa más conocida, llegó a ser uno de los más grandes filósofos, si no de la historia, al menos del siglo XX. De vida absolutamente ascética,descuidado en el vestir, tenía un defecto. “Tiene el orgullo de Lucifer”, según lo definía Russell. “Dios ha llegado. Me encontré con él en el tren de las 5.15” apostillaba Keynes, refiriéndose también a Wittgenstein. Y no todos confiaban en las buenas cualidades de Ludwig “Que el multimillonario ejerza de maestro de pueblo es sin duda una perversión”. Con respecto a su quehacer filosófico, una vez dio una conferencia con el título “¿Qué es la Filosofía?” que duró cuatro minutos y en la que definió a la filosofía como “todas aquellas proposiciones primitivas que son asumidas como verdaderas, sin prueba alguna, por las diversas ciencias”. ¡Pobre “ciencia de la totalidad de las cosas”!.

El otro contrincante, Karl Popper, también judío, también vienés, también ascético, pero más por necesidad que por convencimiento. Su familia había intentado asimilarse convirtiéndose al protestantismo; pasarse al catolicismo les pareció ya demasiada traición. Consigue escapar de la Europa nazi, pero no puede ir a Inglaterra. Tendrá que conformarse con Nueva Zelanda donde dará clases unos años. Educado, conservador en el vestir y en el actuar, es al mismo tiempo un intelectual comprometido. Considera su libro “La sociedad abierta y sus enemigos” su contribución a la guerra contra los regímenes totalitarios. “En Europa, las grandes pasiones amenazaban a todos y allí estaba Popper, una torre de razón en medio de la vorágine”. Para Popper la historia no puede avanzar. Sólo los seres humanos pueden hacerlo. Y avanzan mediante en método del ensayo-error. Los errores siempre son posibles y sobre la verdad nunca hay certeza. Siempre se puede demostrar que una premisa es falsa, cuando aparece algo que la refute. Pero nunca estaremos seguros de que exista una verdad absoluta. Esto hará que, para Popper, la democracia acarrea por sí misma una actitud racional. “Puede que yo esté equivocado y tú estés en lo cierto; con nuestro esfuerzo, juntos nos acercaremos a lo cierto”.

Nos queda el tercer protagonista del relato: Bertrand Arthur William Russell, tercer Conde de Russell. Experto en principales Ética, epistemología, lógica, matemáticas, Filosofía del lenguaje, Filosofía de la ciencia, religión y sobre todo, a mi juicio no al de los autores del libro era el Gran Divulgador. Creo que, desde Marco Aurelio el tercer Conde de Russell es el filósofo más aristocrático que ha existido. Para lo bueno y para lo malo. Se le vio ese mismo día tomando el té con Popper antes de la conferencia y algunos pensaban que “conspirando” contra Wittgenstein. Popper le admiraba y llegó a dedicarle un libro con estas palabras “A Bertrand Russell, cuya lucidez, sentido de la proporción y devoción por la verdad han establecido un nivel inalcanzable en la escritura filosófica”. Pero si Popper creyó ganarse el favor de Russell con sus alabanzas y su enfrentamiento con Wittgenstein se equivocó: en su autobiografía, Russell no mencionará ni una sola vez a Popper. Y es que, como dijo Dean R. Koontz “La competencia entre políticos locos por el poder y las maquiavélicas puñaladas de los ejecutivos de una gran empresa no son nada si se comparan con los miembros de un claustro académico que, de pronto, ven una oportunidad para ascender en el escalafón universitario a expensas de un colega”.

¿Y el atizador?. Bueno, cuando un profesor compró por cuatro libras el desvencijado diván que había en la “Sala H3” y lo exhibió como una reliquia del famoso enfrentamiento, Richard Braithwaite, el inquilino de la sala, lo hizo desaparecer.

Debía ser un iconoclasta.

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Responses

  1. Buen artículo, Fernando. Haces que me interese por un libro del cual mencionas sólo lo que debe venir en la contraportada. Las intercalaciones biográficas, como siempre, impecables y sabrosas.

    Y vaya protagonistas. De Popper leí hace tiempo precisamente el libro que mencionas, La sociedad abierta y sus enemigos. Una obra muy debatible, pero muy aprovechable también.

    Un saludo.

  2. Me alegro que te haya gustado el artículo, Edgar. Estoy aprendiendo a no contar los argumentos, aunque a veces me cueste trabajo. Pero cuento algo más que la contraportada. Las intercalaciones biográficas también son del libro.
    Es muy bueno. Léelo si puedes.
    Saludos

  3. Me ha encantado recordar el libro a través de tu reseña. Ahora mismo estoy sentada en la cafetería de la plaza cercana a mi piso de estudiantes, leyendo las primeras páginas, una tarde feliz y cálida en Salamanca.
    Por cierto, siempre me acuerdo del mismo detalle tonto: a Popper le gustaba el helado de pistacho.

  4. Pues sería su único lujo. Todos sus contemporáneos decían que se alimentaba exclusivamente de té con azúcar.

  5. Acabo de terminar La muertas, que no me ha gustado mucho, por cierto y voy a leerme el de los filósofos a ver si me entretiene más.

  6. ¡Es que lees cada cosa!. ¡No hay bastantes cosas sórdidas en España y tienes que ocuparte de las sordideces de Méjico! Lee este libro que es de una educación y flema británica.

  7. QE ES ESTO

  8. Es la reseña de un libro.


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