Posteado por: fernando2008 | 15 septiembre 2009

El Libro de las Maravillas 4. Los olivares de Baeza.

Arco de Villalar.

Arco de Villalar.

Por el olivar, como una lechuza volé hasta Baeza. Pero no me bebí el aceite de la lámpara de Santa María. Preferí un aceite de marca “Bañón”. No sé si los aceituneros de Jaén son todavía altivos o si tienen un aceite mejor. Si la tienen, yo no la conozco.

Como tampoco conocí, desgraciadamente, los “virolos”, un dulce típico. En la pastelería que los hacen nos dijeron que su fabricación comenzaba en octubre. ¡Extraña forma de promocionar sus productos!. Supongo que los reservan para cuando se han ido los forasteros.

Bueno, es la primera vez que iba a Baeza, pero quería encontrarme en ella con un amigo y colega de la enseñanza. Un amigo de la infancia, al que no había visto nunca. Antonio Machado no me defraudó. Aquí lo tenéis, eternamente reflexivo y eternamente lector. Quizás fueron suposiciones mías, pero lo noté un tanto melancólico por la muerte de Leonor.

Machado

Machado

Baeza es más compacta que Úbeda. Quiero decir con esto que sus monumentos están más juntos. Están alrededor de un gran eje formado por la calle de San Pablo, Plaza de la Constitución y Plaza del Pópulo (¡Como Cádiz!. El mismo nombre). Vayamos por partes.

La calle de San Pablo es un desfile palacios impresionantes, cuidados unos, siendo reaprovechados en hoteles, o más abandonados otros. Desde la iglesia de San Pablo al palacio de los Salcedos se suceden en la acera de la izquierda con pasmosa regularidad.

La torre de los Aliatares, vigila la plaza. Me recordó a la de Bujaco en Cáceres, aunque la cacereña le gana en antigüedad; la familia Aliatar palidece ante los califas almohades. Pero tienen en común su azarosa historia, sus destrucciones y reconstrucciones. Hasta un reloj muy parecido.

Girando a la derecha encontramos dos monumentos, los cuales merecen el desvío de nuestro camino: el convento de San Francisco, obra de Vandelvira, semidestruido por terremotos e invasiones. La foto de su portada no hace justicia a la maravilla de su interior a cielo abierto.

San Francisco.

San Francisco.

Pero una de las dos sorpresas que me deparó Baeza, está a la izquierda de San Francisco. Es el palacio de Vandelvira. Bueno, ahora es un restaurante, pero con un impresionante patio. Un patio renacentista, casi herreriano, antes de Herrera. Recuerda, por su sobria elegancia al patio del alcázar de Zafra. ¿Son conscientes los baezanos de la importancia de este monumento, casi escondido entre la exhuberancia constructiva de la ciudad?.

Vandelvira

Palacio de Vandelvira.

Por el arco de Villalar entramos en la parte antigua de Baeza. La vista se pierde entre tantas maravillas. Desde la catedral, magnífica la Puerta de la Luna, el Ayuntamiento, un poco fuera del recinto y que no se puede ver bien por estar cubierto de andamios, las Escribanías Públicas, ahora Oficina de Turismo donde amablemente nos atendieron. Sobre este edificio discrepo de las guías oficiales: más que plateresco yo lo clasificaría como purista. Y el palacio de don Juan Alfonso de Benavides Manrique, señor de Jabalquinto, que es en realidad como se llama, es un muestrario de estilos: gótico Isabel en su fachada, renacentista en su patio y barroco en su escalera. Descansamos un momento en él, entre la animación de la Universidad de Verano.

Palacio de Jabalquinto.

Palacio de Jabalquinto.

Y la última sorpresa que me llevé de Baeza, fue la iglesia de la Santa Cruz. Efectivamente, románica. Por dentro y por fuera. Siempre hemos estudiado que el románico tiene muy pocos edificios al sur del Tajo. Y ahora me encuentro con uno al sur del Guadalquivir. Este viaje está resultando más fructífero de lo pensado.

Santa Cruz

Santa Cruz

Pero tienen que terminar. El verano se termina, lo mismo que el espacio que dedico a cada entrada. No podré seguir hablando de las maravillas que he visitado, ni glosar las incongruencias que el “Libro de las Maravillas” nos cuenta o, mejor dicho, no nos cuenta. Por ejemplo, Marco Polo, funcionario importante en la corte del khan nunca habló del papel ni de la imprenta. Ni de la costumbre china de vendar los pies a las niñas. Muy extraño.

Campo de Baeza, soñaré contigo cuando no te vea.

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