Posteado por: fernando2008 | 28 julio 2009

Néstor Luján. La cruz en la espada.

Quiero comenzar diciendo que no tengo lecturas de verano y de invierno. Reparto equitativamente el tiempo entre lecturas ligeras y lecturas científicas durante todo el año. Lo que ocurre es que en verano tengo más tiempo. Y a veces,también en verano,  hago trampas y me dedico más a las lecturas ligeras, que se pueden hacer en cualquier lugar, sin necesidad de mesa, papel y bolígrafo, objetos que necesito para las lecturas serias.

Acabo de terminar “La cruz en la espada” de Néstor Luján y confieso que estoy un poco desorientado. La novela cuenta de la historia de Hugo von Stein, un alemán al servicio de la corona inglesa, que vive en Lisboa.  Este señor tiene una hija, caprichosa y malcriada, que desea viajar por España, y así lo hace. Además, a la chica en cuestión, Mariana, le gusta vestirse de hombre.  Durante cierto tiempo Mariana, disfrazada y bajo el nombre de sir Noel, corre aventuras por los caminos de Castilla. Luego se va a Madrid, no sabemos bien el motivo, y allí su padre se reúne con ella. Por último, planea irse a Venecia, porque cree haberse enamorado de un veneciano.

¿Y qué tiene esto que ver con cruces, espadas y el retrato de Quevedo que aparece en la portada del libro? (portada que no he podido escanear al no tener ¡todavía! mi ordenador). Pues tiene que ver con el hecho de que la novela simula una investigación sobre los motivos por los cuales Felipe IV puso en prisión a Quevedo, motivos que, por supuesto, no aparecen desvelados en la novela.

Si tuviese que definir esta novela, la palabra exacta sería “perimetral”. El autor se dedica a dar vueltas en torno a la figura de don Francisco, sin llegar a acercarse nunca. Quizás es que no le interesa. Como dice Luján por boca de Hugo: “No me interesa ninguna de sus políticas ya pasadas, que de nada servirían hoy, ni sus ideas, que me temo que no serán utilizadas nunca. Me interesa más el entremetido eterno, el correveidile, el rumoreador, el intermediario, el alcahuete…” Bueno, pues tampoco se trata en la novela este aspecto de Quevedo.

¿Qué cuentan pues, las casi doscientas cincuenta páginas de la novela? Pues que Quevedo no escribió el famoso memorial que Felipe IV encontró debajo de su servilleta, memorial que, trascrito íntegramente, ocupa sus buenas seis páginas de la novela. Y cuenta también la última carta de Quevedo, carta que se podía resumir con la frase del Quijote “En los nidos de antaño no hay pájaros hogaño”. Y poco más.

Edgar: Te aconsejo que no pongas esta obra en tu ya larga lista de lecturas pendientes.

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Responses

  1. Caramba, es la primera vez que no me recomiendan un libro de forma expresa. Ya sabes, aquello de “no hay libro malo que no contenga algo bueno”. ¿A qué se debe? ¿Es malo? Parece que no es muy interesante, pues se refleja en este artículo que has escrito casi por obligación, como para dejar constancia pero nada más. ¿O estaré equivocado?

    Por lo pronto me contento con empezar la lectura de un librito de cuentos de Yourcenar.

  2. Es un libro absolutamente prescindible. Yo lo leí pensando que iba a decir algo de Quevedo, pero no dice prácticamente nada. Ni siquiera cuando el alma de Quevedo se aparece al protagonista. Yourcenar si es buena, pero ¡cuidado!: Es una novelista, no una historiadora y su Adriano es ficticio.


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