Posteado por: fernando2008 | 27 julio 2009

Fray Guillermo, cardenal primado de España.

Constantino

– Buenos días, fray Guillermo.
– No me llamo así. Soy “Su Eminencia Reverendísima Guillermo, cardenal Baskerville, Primado de las Españas”.
– ¡Las fiebres! ¡Has cogido las fiebres!
– ¡No te atrevas a tocarme!
– Pues no, no tienes fiebre. ¿Has ido últimamente a la bodega?
– ¡No se habla así al Primado de España!
– La verdad es que no hueles a alcohol. ¡Primado de España! ¡Es el cáñamo indio!
– No Adso. Es este documento.

Hemos acordado a las iglesias de los santos Lorenzo de El Escorial y Santiago de Compostela rentas de posesiones, para que siempre estén encendidas las luces y estén enriquecidas de formas varias; aparte, por nuestra benevolencia, con decreto de nuestra sagrada voluntad real hemos concedido tierras en España, hacia el norte y hacia el sur, a saber en Portugal, España y en varias islas, con la condición de que sean gobernadas por nuestro santísimo padre el patriarca Guillermo y de sus sucesores…

Desde este momento concedemos a nuestro santo padre Guillermo, primado de España, y a todos los primados sucesores suyos, que hasta el fin del mundo reinen sobre la sede de Toledo: nuestro palacio, la diadema, o sea nuestra corona, el manto purpúreo y la túnica escarlata y cualquier otra indumentaria regia, la dignidad de caballeros godos, los cetros reales y todas las insignias y estandartes y los diversos ornamentos reales, y todas las prerrogativas de la excelencia real y la gloria de nuestro poder. Queremos que todos los reverendísimos sacerdotes que sirven a la misma santísima iglesia de Toledo en sus diversos grados, tengan la distinción, potestad y preeminencia con las que se adorna gloriosamente nuestro ilustre Senado, es decir, que se conviertan en patricios y cónsules y sean investidos con todas las otras dignidades reales. Y para que resplandezca magníficamente el honor del patriarca, decretamos asimismo lo siguiente: que el clero de la Santa Iglesia Romana adorne sus caballos con arreos y gualdrapas de lino blanco y así cabalgue. Y como nuestros senadores llevan calzados blancos de pelo de cabra, así los lleven también los sacerdotes, para que las cosas terrenas sean adornadas como las celestiales, para gloria de Dios. También hemos decidido que él y sus sucesores lleven la diadema, o sea la corona de oro purísimo con gemas preciosas, que de nuestra cabeza le hemos concedido. Pero porque el mismo beatísimo patriarca no quiso llevar una corona de oro sobre la corona del sacerdocio, que lleva a gloria de san Pedro, Nos con nuestras propias manos hemos puestos sobre su santa cabeza una mitra brillante de cándido esplendor, símbolo de la Resurrección del Señor y por reverencia a san Pedro le sostuvimos las riendas de su caballo, cumpliendo para él el oficio de caballerizo.

Nos damos al mencionado santísimo patriarca Guillermo, no solamente nuestro palacio, como ya se ha dicho, sino también la ciudad de Toledo y todas las provincias, lugares y ciudades de España. Por ello, hemos considerado oportuno transferir el poder del reino hacia Oriente y fundar en la provincia de Narbona, establecer allí nuestro gobierno, puesto que no es justo que el rey terrenal reine allí donde el Rey celestial ha establecido el principado de los sacerdotes. Decretamos que todas estas decisiones que hemos sancionado con un sagrado decreto real y con otros divinos decretos, permanezcan inviolables e íntegros hasta el fin del mundo.

– ¿Y quién, si puede saberse, te ha enviado esta donación?
– El rey visigodo Amalarico.
– ¿Y tú te lo has creído?
– ¿Por qué no, Adso?
– Hay miles de razones, mi pobre y estafado fray Guillermo, que demuestran que este documento es falso. Amalarico era un rey arriano que estuvo luchando constantemente contra sus vecinos. Y, de repente, cede su poder a un sacerdote católico y se va. Así sencillamente. Pero, aparte de la imposibilidad psicológica está la exégesis del texto. Es una falsificación burda, muy burda. Sólo puede creérsela aquél que la ha perpetrado. ¿Me equivoco?
– Sigue.
– En primer lugar, ni San Lorenzo de El Escorial ni Santiago de Compostela existían en época visigoda, lo mismo que Portugal. En segundo lugar, Amalarico no era una malva. Asesinó a miembros de su familia, y no se distinguía por su religiosidad. No hacía de caballerizo de nadie. En tercer lugar Narbona no es una provincia, sino una ciudad. En cuarto lugar, la mitra no tiene ninguna connotación romana. Es el tocado de los sacerdotes de la religión, evidentemente, de Mitra. Y en quinto lugar, piensa que los visigodos perdieron todos sus derechos. Fueron derrotados por los musulmanes, con lo que esa hipotética donación no vale ni el pergamino en el que está escrita. Me da vergüenza pensar que te han estafado de mala manera. ¿A quién creías que ibas a engañar?
– A todo el mundo, Adso. Se engañó a todo el mundo. Es una de las estafas más jugosas que se han perpetrado en toda la historia universal.
– Pues no lo comprendo.
– Mi magnífico alumno: Sustituye El Escorial y Compostela por las basílicas de san Pedro y San Pablo, sustituye Portugal por Judea, que entonces no se llamaba ya así. Sustituye Narbona por Bizancio y Amalarico por Constantino, y habrás hecho una magnífica exégesis de la “Donación de Constantino”.
– ¡Dios mío! ¡Estoy muerto!
– ¿Ahora eres tú el que tiene las fiebres?
– No, fray Guillermo. Pero he cometido un pecado que no se puede perdonar.
– ¿Has pecado contra el Espíritu Santo?
– Peor. He pecado contra el patrimonio de san Pedro. Un papa puede perdonar los más horribles pecados, como sabemos por la “Taxa camarae”de León X. Pero ningún papa ha perdonado jamás a alguien que intente mermar su patrimonio. ¡Y ha sido mi propio maestro el que me ha inducido al pecado!
– No te preocupes. Yo te he inducido al pecado, yo te absuelvo. Puedes irte en paz, pardillo.
– Pero tú debes cumplir también alguna penitencia. Dime ¿qué opinas del cuadro de arriba?
– Que si Constantino lo hubiese visto, el papa lo hubiese pasado bastante mal. Bueno, también se le caería el pelo si Constantino hubiese leído alguna vez su “Donación”. Constantino trataba a la Iglesia con el mismo despotismo que trataba a su familia y al resto de los subordinados. Nunca fue cristiano, pero se consideraba superior a todos los clérigos. Hacía y deshacía en los concilios a su antojo. ¡Después de cargarse a Majencio y a Licinio dona la mitad de su imperio a alguien al que él consideraba casi su esclavo! ¡Inaudito! Y de llevarle las riendas al papa, nada de nada. Además…
– ¿Qué?
– Que en Roma, en los desfiles, se usaban más los carros que los caballos. La caballería romana dejaba bastante que desear.
– Y de sujetarle el estribo, menos.
– ¡Eso sí que es una herejía, Adso! ¡Arrepiéntete!
– Pero ¿qué he dicho?
– Has mencionado la palabra “estribo”. Y ningún romano del Imperio de Occidente, conoció jamás el estribo. ¡Jamás!
– ¿N siquiera el rey Arturo?
– Adso, puedo jurarte por la salvación de mi alma, que el rey Arturo no vio un estribo en toda su vida.
– Mira por donde, resulta que soy un hereje ecuestre.
– Pero eres un magnífico exégeta. Has analizado un texto mejor que lo han hecho todos los doctores y Padres de la Iglesia. Ninguno se dio cuenta de que el texto era falso. Y ahí sigue, en el Archivo Vaticano, fundamentando el poder temporal del papa. Al final de esta entrada te pongo una fotografía de la primera página, y si lo quieres leer, te lo pongo completo aquí. Donación de Constantino
– No sé, fray Guillermo. Me da un poco de vergüenza. ¿No sería mejor destruirlo?
– ¿Por qué? Es una de las tan cacareadas bases cristianas de la cultura europea.

Donación de Constantino.

Donación de Constantino.

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Responses

  1. Bueno, y ya ves como es todo este tema de las “donaciones”, si hasta andaban después los papas obsequiando el continente americano, como si les perteneciera.

    Ahora bien, si te hacen válida la donación, pues un terrenito para tus fieles no estaría de más, digo yo.

  2. Desde luego. Por la bula “Inter caetera” el papa dividió el mundo, no sólo América. ¡Menos mal que entonces el hombre no había subido a la Luna!


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