Posteado por: fernando2008 | 26 julio 2009

Ildefonso Falcone. La mano de Fátima

fatima

En primerísimo lugar, quiero decir que Ildefonso Falcones es un gran historiador. O, más exactamente, es un novelista que se documenta magníficamente antes de escribir sus novelas. Tanto “La mano de Fátima” como “La catedral del mar”, son obras impecables desde el punto de vista histórico.

 En segundo lugar diré que es un buen escritor. Nos hace meternos en la piel de sus personajes y, sobre todo, en su cerebro. Y esto, a veces, no resulta agradable.

Porque Falcones más que novelas, escribe tragedias griegas. El protagonista, bueno, honrado, simpático, está cayendo siempre bajo los golpes del destino.  Juzgad vosotros mismos.

Hernando, el protagonista de “La mano de Fátima” es el resultado de la violación que un cura comente contra una pobre morisca. Está siempre en una tierra de nadie, entre los cristianos y los musulmanes, y a la postre no es ni lo uno ni lo otro. Como bastardo, es odiado por su padrastro, el cual, en vez de atacarlo directamente a él, ataca a su madre, para conseguir que Hernando haga lo que él quiera. La madre, aguanta sin una queja.

Indignado por las tropelías que los cristianos cometen con los moriscos, toma parte en la sublevación de las Alpujarras. Su buen hacer como arriero le permite subir de categoría entre los rebeldes, lo que despertará la envidia de Ubaid, otro arriero. Ya son dos enemigos.

En el campamento de los sublevados salva la vida de una niña cristiana, a la que devuelve a los cristianos, ganándose la enemistad del mercader que lo aloja. Además, rechaza los escarceos amorosos de un arráez de los jenízaros que había venido a ayudar a los moriscos. Más enemigos. Se enamora de una joven viuda y ésta le corresponde. Pero su padrastro quiere una segunda esposa y la consigue amenazando nuevamente a la madre de Hernando. La segunda esposa, Fátima, acepta colaborar en la cama con el padrastro, aunque está enamorada de Hernando, la primera esposa calla y otorga y a Hernando se lo llevan los demonios. En todas partes y en todas las épocas hay hombres que no aman a las mujeres.

Las cosas parece que se le ponen mejor a nuestro protagonista cuando, después de un viaje infernal, en el que Fátima pierde a su hijo, llegan a Córdoba. Hernando consigue un empleo en las cuadras del rey. Dichas cuadras estaban ubicadas en el Alcázar de los Reyes Cristianos, el mismo alcázar que alberga el Tribunal de la Inquisición y cuyo tribunal era el responsable de que el alcázar estuviese hecho un asco: cuadras, palomares e incluso lavaderos de paños, servían para que los familiares de la Inquisición se sacasen un sobresueldo. Bien, pues hasta ahí  le persigue la mala suerte. El conde de Espiel codicia el caballo de Hernando, y el pobre caballo, sabedor de lo que se le viene encima, se suicida dejándose embestir por un toro. Hernando, para huir de la venganza del conde, debe convertirse en “retraído” es decir se acoge a sagrado, dentro de la mezquita catedral. Las descripciones de Córdoba son magníficas, sobre todo la de la mezquita. “Los cristianos hacen templos con fuertes soportes para ganar en altura. Intentan acercarse a Dios. En la mezquita, la sección de los arcos superiores es el doble que la de los arcos inferiores. El peso se situaba en la altura, desafiando la ley de la gravedad. El poder de Alá se sitúa en la altura y la debilidad de los creyentes en la bases”.

La vida de Hernando parece mejorar gracias a un duque amigo suyo, pero siempre el destino se encarga de tirar por tierra todos sus logros. El duque muere en la Armada Invencible. “Dios sopló y fueron dispersados” proclama Isabel de Inglaterra. Su posición dentro de la sociedad morisca se ve amenazada cuando toma parte en una conspiración de altos vuelos para falsificar unos libros que produzcan un cierto acercamiento entre la fe musulmana y la cristiana. El nexo de unión entre ambas religiones, o al menos la idea que Hernando desarrolla para esto, es la Virgen María, respetada tanto por los musulmanes como los cristianos. Se pone a la tarea de crear unos falsos textos que después se materializarán en los llamados “Libros plúmbeos”. Dichos libros proclaman que los primeros cristianos de Granada son árabes, y manifiestan que el árabe es la lengua sagrada. Para hacer más verosímil este engaño, los libros van acompañados de unas supuestas reliquias. La iglesia católica acepta sin empacho las reliquias, pero desvirtúa los textos plúmbeos, traduciéndolos de una manera forzada para que encajen a martillazos dentro de la ortodoxia, con lo cual el proyecto morisco se frustra. Su mujer, Fátima y sus hijos son raptados por su padrastro y llevados a Tetuán. Su madre, que piensa que Hernando ha traicionado su fe, le dice que han muerto. Nueva desesperación del protagonista, desesperación de la que sale casándose con una pobre  cristiana, oprimida por su familia que encuentra en Hernando una liberación.

Nuevamente la vida comienza a sonreírle y nuevamente la desgracia se abate sobre él. Llega el edicto de expulsión. Su mujer cristiana debe quedarse en Córdoba y Hernando es desterrado. Cuando en el Arenal de Sevilla va a embarcar, de repente se encuentra con Fátima, su primera esposa, que ha venido a salvarle, y con Rafaela, su esposa cristiana que lo ha seguido en el camino del destierro. Tras una escena violentísima, Hernando opta por Rafaela, se escapa de la prisión gracias a sus amados caballos y se esconde en las Alpujarras. Allí obtendrá, al final, el perdón del rey y de Fátima.

Evidentemente, no se puede resumir una novela de mil páginas y miles de personajes en unas pocas líneas. Y tampoco es esa mi intención al escribir esta entrada. Es una novela magnífica, realista y, como tal, muy triste. A los moriscos, como a los judíos no se le ahorró ningún sufrimiento, ninguna injusticia. Y esto es una mancha en la historia española, ni la única ni la más grave. Judíos e indios americanos pesan también sobre nuestra conciencia histórica. A la frase “Somos un pueblo que siempre ha estado oteando el horizonte, con la esperanza de divisar una armada turca o argelina, armada que nunca ha llegado”,  pronunciada por Hernando, su amigo Efraím, el judío, respondió: “Nuestro pueblo jamás tuvo ni siquiera esa esperanza”.

Y esa es la triste historia de Hernando de Juviles, morisco culto, a caballo entre dos religiones, dos pueblos y dos idiomas, sufriendo injusticias por ambas partes. Una figura que me recuerda sin querer a la de otro culto morisco de la época: Cide Hamete Benengeli. Pero este último tuvo al menos la suerte de ser sólo un personaje de ficción.

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Responses

  1. Te aplaudo el comentario porque el libro me ha encantado.
    Lo acabé de leer ayer mismo y coincido punto por punto en todo lo que has dicho sobre él.

  2. Gracias Jomer, eres un amigo. Tómate algo.

  3. a mí también me ha gustado, pero coincido en que el autor es mejor historiador que novelista. Esta novela es algo más de lo mismo que “La Catedral del Mar”. Como bien dices, va de tragedia en tragedia. Cada vez que el protagonista conocía a alguien nuevo pensaba “a ver qué putada le va a hacer éste”.

  4. Efectivamente, Zorro. Te amarga las soleadas tardess de verano

  5. Estoy por leer La Catedral del Mar y no estaba enterado de esta segunda novela.

    Parece que Falcone ha entrado con el pie derecho en la literatura, de acuerdo a los números de sus ventas, las palabras de la crítica y el apoyo de lectores de boca en boca.

    Entre Stieg Larsson y este autor, ¿tenemos autores clásicos en ciernes? ¿O sólo buenos autores?

  6. Un clásico es aquel autor que se puede leer veinte siglos después y aportarnos cosas. No creo que ninguno de los dos entre en esa categoría. Además, y esto es una opinión muy subjetiva, Falcone es deprimente.


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