Posteado por: fernando2008 | 20 julio 2009

El sueño de la Pedagogía produce monstruos.

“El camarada Stalin, en su puesto de secretario general, ha acumulado poderes exorbitantes en sus manos… No estoy seguro de que sepa ejercerlos con su debida prudencia”.
Lenin.

Hace mucho tiempo, el 9 de enero de este año, escribí una entrada titulada “Hay que educar a papá”. Dado que no cobro nada por cada visita a esta bitácora, os recomendaría que la leyeseis.

¿La habéis leído ya?. Muy bien. Pues ahora leed, por favor, los comentarios de Enrique y mío en la anterior entrada “Piilip Kerr. Una investigación filosófica”.El párrafo al que se refiere Enrique, más sereno que yo, todo hay que decirlo, hablaba de los criminales, a los que había que apartar de la sociedad. Ese mismo día se me habían juntado cuatro noticias: El no cumpleaños de Marta del Castillo, un vídeo de “El Rafita” en la calle, y dos noticias sobre violaciones masivas protagonizadas por menores. Exploté y pedí “comas inducidos” para los autores.

Hace también un tiempo escribí (no sé que me pasa hoy; no dejo de citarme a mí mismo) que las grandes construcciones filosóficas y psicológicas son muy buenas siempre que se recuerde que no son cosmogonías. Ni el marxismo, ni el psicoanálisis, ni el capitalismo, ni cualquier “ismo” dan solución a todos los problemas. Descubren una parte de la verdad y la extrapolan a la totalidad. Lo mismo ocurre con la pedagogía terapeútica o con la idea de la reinserción: magníficas construcciones teóricas pero que no abarcan a la totalidad de la práctica.

En este caso, el error, ami juicio arranca de la Ilustración. En el Siglo de las Luces la fe se traslada de Dios al hombre: el hombre es bueno por naturaleza, la Razón es omnipotente y el progreso (surge en este siglo la palabra) del hombre es continuo e indefinido.Si el hombre es bueno por naturaleza y su destino último es el progreso, los errores que comente deben ser corregidos en la escuela, no en la cárcel (idea avalada por Sócrates nada menos), y las condenas estarán encaminadas a la reinserción. Dicha reinserción no sólo es posible, sino fácil de conseguir.

Bien. Pues el hombre no es bueno por naturaleza. El ser humano está siempre basculando entre dos puntos: su sociabilidad y su agresividad. Las dos fuerzas no son ni buenas ni malas. Son. La agresividad nos permite salir adelante y la sociabilidad nos permite unir fuerzas para una tarea común. A dónde vayamos con la agresividad, y qué tarea emprendamos con la sociabilidad, es lo que sí ya debe juzgarse como bueno o malo.
 
El niño tampoco es bueno por naturaleza. Apartándome de esas construcciones teóricas, basándome sólo en mi experiencia personal, os diré que los niños son crueles. Tienen la misma agresividad que un adulto, el mismo deseo de poder, pero no tienen las inhibiciones que caracterizan a la vida adulta.Las acciones de un niño intentando dominar con su fuerza o con su astucia una parte del patio de recreo, no tiene nada que envidiar a las acciones de muchos sanguinarios sátrapas de nuestra historia. Y digo sátrapa,autócrata o poder que no tiene que dar explicaciones a nadie. Cuando un poder es absoluto, las posibilidades de que el gobernante que lo ejerce lo ejerza mal son muchísimo mayores que las que tiene un gobernante controlado por un parlamento y que ejerce su poder dentro del marco de una constitución. Los menores de edad se están convirtiendo en los sátrapas de nuestro tiempo. Pueden hacer literalmente lo que quieran, ya que están por encima de las leyes.Sólo tienen por encima la teórica autoridad paterna, autoridad que en los casos de estos delincuentes menores de e dad, no se ejerce.

No es la primera vez, ni será la última, que escribo algo políticamente incorrecto. Entiendo que estos delincuentes infantiles provienen de familias desectructuradas, que los que han sido maltratados intentan reproducir su maltrato en los demás. Pero yo me estoy poniendo del lado del 99% de las familias que ni están desestructuradas ni tienen maltratadores entre sus miembros. Me estoy poniendo del lado de las víctimas, no de los verdugos porque, paradójicamente, en nuestra sociedad racionalista y bienintencionada, los verdugos tienen más valedores que las víctimas. Me pongo del lado de los profesores que intentan enseñar algo, lo que sea, al 99% de sus alumnos, siendo sus intentos torpedeados sistemáticamente por el 1% que se niega a aprender, que se niega a comportarse porque… tiene problemas familiares.

Es el momento de plantearnos si la “Ley del menor” es justa o si está creando más injusticias de las que ha intentado evitar. Para esto, pondré el ejemplo de Sandra Palo, violada, atropellada hasta ocho veces y finalmente quemada viva en mayo de 2003. Su asesino, poco antes de la muerte de Sandra, se asomó a su terraza y comenzó a disparar con una escopeta de perdigones a todo el que pasaba. Dos personas resultaron heridas. La decena de vecinos que fueron a comisaría recibieron una carta: «Respecto a la denuncia formulada por usted por hechos presuntamente cometidos por el menor R. G. F., ha recaído una resolución de archivo por no haber cumplido los 14 años». Para celebrar esa impunidad, cometió la salvajada con Sandra. Hoy está ya en la calle. Con una ley menos bienintencionada Sandra estaría viva.

Hoy no voy a poner ninguna foto en esta entrada. No sabría cuál elegir.

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Responses

  1. Estas noticias me producen una especie de mareo espiritual. Me siento desasosegado. Creo, al igual que tú, que el ser humano es capaz de actos buenos y actos miserables, diría yo que con la misma facilidad.

    Y también me parece que la culpa, si existe más allá del autor material, es precismanente de los padres, “los más permisivos de la historia” según aventura un estudio reciente.

    “Tus defectos como hijo son mi fracaso como padre.” -dice novelado Marco Aurelio a su hijo Cómodo en la película Gladiator.

    Nota aparte: tu auto-cita frecuente me recuerda un divertido artículo de Guillermo Sheridan en que parodiaba a los escritores soberbios, se llamaba “Cómo escribí mi autobiografía”.

  2. El problema, Edgar, es que no parece tener solución. Llevo bregando 33 años con padres y siempre se produce una curiosa paradoja: mis hijos tienen todos los derechos y los hijos de los demás no tienen ninguno. Quiero pensar que lo hacen por cariño. Pero no se dan cuenta que los están haciendo unos paralíticos mentales (no son capaces de discurrir nada por su cuenta) y unos inmorales.(Yo puedo hacer lo que me dé la gana). En cuanto a mis autocitas, es una forma más científica de expresar el “Ya os lo he dicho antes”.

  3. Con frecuencia despreciamos a quienes nos precedieron porque “son unos antiguos”. Esos antiguos, hasta no hace mucho, distinguían la mayoría de edad legal de la mayoría de edad penal.

    El razonamiento era que una persona podía no ser lo bastante madura hasta cierta edad (por término medio) para ejercer sus derechos políticos; sin embargo, eso no obstaba para que fuese capaz (desde los 14 años, en nuestro caso) para distinguir el bien del mal. Así, con 14 años, un violador o un asesino sería condenado a prisión aunque aún no tuviese derecho al voto.

    El asunto de la reinserción (su teoría) debe ser enfrentada con la realidad. Llevamos muchos años poniendo a disposición del colectivo recluso muchos recursos a los que ciudadanos libres no tienen acceso. Uno pensaría (según las teorías que aún son las que inspiran nuestro sistema penal) que debería existir un porcentaje significativo de antiguos presos reinsertados, arrepentidos de sus acciones y dando ejemplo de que es posible la reinserción….

    Va a ser que no.

  4. ¡Bienvenido, honra y prez de la andante caballería! Coincido contigo en que estamos poniendo a merced de reclusos y alumnos que no se lo merecen una serie de recursos que debían servir para otras cosas. La reinserción y la motivación son utopías que en algunos casos no tienen bases reales. No quiero unir los dos colectivos, pero es evidente que en mi caso veo como se malgastan esfuerzos y dinero en alguien que, por las razones que sea, no está dispuesto a aprovecharlos. Y en cuanto a la reinserción, tú sabes de eso más que yo.


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