Posteado por: fernando2008 | 25 junio 2009

Elogio a las repúblicas bananeras.

Bananas

Alguien, que no me conoce bien, se pregunta si yo odio algo. Desde luego. No soy ni Mohandas Gandhi ni la madre Teresa de Calcuta. Odio a algunas personas y a muchas ideas. Por ejemplo, odio a las personas que se sienten superiores por su raza. Cuando conozco a algunas, me dan ganas de gritarle: ¡Pero que demonios has hecho tú para ser blanco!. ¡Sencillamente, haber nacido de padres blancos! ¡Vaya un mérito!. Cualquiera que tenga un mínimo de cultura sabe que el hombre nació en África. Y estoy convencido de que la raza blanca ha cometido, ella sola, más atrocidades que todas las demás razas juntas.

Otra idea que odio, pero menos, es la de sentirse orgulloso de ser de un determinado país. He dicho ya en otra ocasión que me siento contento de ser español. España es un buen país. Pero si hubiese nacido unos kilómetros más al oeste, a estas horas estaría contentísimo de ser portugués. Seguro.

Pero el tema de hoy, es el de las “repúblicas bananeras”. Esta expresión, despectiva donde las haya, la acuñó un tal O. Henry. O. Henry se llamaba en realidad William Sydney Porter, y elegió este seudónimo porque tenía antecedentes penales por desfalco. O. Henry vivió en Honduras, escribió una serie de relatos sobre un pueblo, Coralio, basado en el pueblo real de Trujillo, que estaban en un ficticio país de América Central llamado Anchuria, basado en el país real de Honduras. El angelito vive en Honduras y como agradecimiento, la pone verde.

Hispanoamérica nunca ha sido una región donde la vida fuera fácil. Como dice la frase “Tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”. Hay que aclarar que en América del Norte hay dos Estados Unidos: los Estados Unidos de América y los Estados Unidos mejicanos. Por eso, tampoco me gusta la expresión “norteamericanos”. En América del Norte hay tres estados, que yo sepa.

Algunos europeos, entre los que no me cuento, consideran a todos o parte de los estados de Hispanoamérica como repúblicas bananeras. Lo cual demuestra una ignorancia supina y una carencia total de educación. Cada estado soberano es muy libre de darse el gobierno que quiera, dentro del marco de la democracia y del respeto a los derechos humanos. Y, desde luego, no encuentro en este momento ningún estado que pueda impunemente, dar lecciones a los demás. Quizás he llegado a esta conclusión tan radical porque estoy leyendo a Stieg Larsson. Todos los estados tienen puntos obscuros en su historia.

Algunos cerebros exquisitos reconocen esto, pero murmuran por lo bajo sobre la mala educación de algunos dirigentes americanos. Puede ser. Pero si la democracia es el gobierno del pueblo ¿nos podemos escandalizar de que cuando el pueblo llega al poder no se comporte con la exquisita educación de los aristócratas?. Educación que, dicho sea de paso, se ejercía con sus iguales, no con los inferiores. A este respecto recuerdo la frase (no os escandalicéis: es de un humorista) que decía: “Los reyes ingleses acuchillaban salvajemente a sus oponentes. Pero, eso sí, sin levantar jamás el codo al acuchillarlos”. Quizás los pueblos americanos se encuentren más representados por estos líderes vociferantes que por la burguesía de su país.

No sería esta una entrada mía, si no tuviese alguna parábola didáctica. Ahí va.

El día que terminé mi carrera, lo celebré a mi gusto. Me dí una buena comida y me regalé un libro. Ese libro era y es, lo tengo ahora ante mis ojos, una biografía de Ernesto Ché Guevara.

El Ché fue el icono de nuestra generación. Se ha dicho que si su muerte no hubiese sido antes de la explosión de rebeldía de 1968, no sería tanta su fama. Cuando nace un mito, los aspectos menos favorecedores se olvidan y queda sólo la foto con la gorra y la estrella. Murió en Bolivia, a manos del sargento Mario Terán y entró en la leyenda.

Muchos años después, en el marco de una campaña de salud, promovida por algunos de estos maleducados y vociferantes líderes hispanoamericanos, Mario Terán, que se había quedado ciego, fue operado de la vista en Venezuela por médicos cubanos. Dice la leyenda que lo primero que vio al abrir los ojos fue un póster del Ché.

Querido Miguel: en nuestro refinado y educadísimo Viejo Mundo necesitamos urgentemente algo de este espíritu de las repúblicas bananeras.

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Responses

  1. Mi mejor amiga, alguien de la que me acuerdo todos los días y a la que en estos momentos me gustaría tener a mi lado para llorarle en el hombro es colombiana. Colombia, república bananera por excelencia. Jamás conocí a nadie más educada y culta. Totalmente de acuerdo contigo. por no hablar de la humanidad, la alegria y la fuerza de dichos bananeros.

  2. Sí, es verdad. La frase se ha vuelto popular por su contenido altamente despectivo y generalizador. La usamos también nosotros al referirnos a repúblicas “hermanas” o a ciertos caudillos “políticos”. No conocía su origen, la verdad. Siempre es un placer y un aprendizaje pasarse por tu bitácora.

    Hay un libro que vi hace unos días en un aparador. “100 preguntas para ser culto” -o algo parecido-. Yo les daría un solo consejo: pasen por la bitácora de Fernando todos los días.

  3. Carmen, me alegro estar de acuerdo contigo. Edgar, es lamentable que siempre haya alguien que se cree mejor que otro. Me alegro poder enseñar algo; es mi oficio y mi vocación. Y si consigo un poco de reflexión y de unión entre todas las personas, mejor que mejor.


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