Posteado por: fernando2008 | 19 junio 2009

El horror, el maldito horror.

Bomba ETA

Hoy han quemado vivo a un hombre en España. No les haré el juego a las ratas asesinas discutiendo sus motivos, elección, etc. Han quemado vivo a un hombre en España y ni en los países más atrasados, ni los sátrapas más sanguinarios, se atreven a hacer algo parecido.

El horror, el maldito horror, el horror de dinamita y sangre ha vuelto a romper nuestra convivencia pacífica. Y nosotros, que nos beneficiamos del estado de derecho debemos, en momentos como éste, cumplir con nuestros deberes y denunciar la barbarie. Una mínima parte de la población, española aunque les pese, alcanzan unas cotas de crueldad inimaginables en el siglo XXI. Y contra esas ratas asesinas, escondidas en los resquicios del estado de derecho, estamos todos, no ya los nacionalistas o estatalistas. Estamos todas las personas de todo el mundo.

No hay idea que merezca una gota de sangre. No hay bandera por la cual se pueda condenar a una persona a morir abrasada. En este momento, en el que asistimos a la difuminación de las fronteras estatales, ninguna frontera pueblerina y absurda podrá separarnos.

Hace tiempo veía con indignación un vídeo en el que unos payasos, en el peor sentido de la palabra, se lamentaban porque algunos niños estaban tristes ya que su “aita” estaba lejos y no podían reunirse con él. A los dos hijos del español asesinado hoy, no le harán falta subvenciones para ir a ver a su padre.

Y, sobre todo, no aceptamos excusas. Patxi López lo acaba de decir bien claro: “Era uno de los nuestros”. Era un ser humano. Tenía todo el derecho a vivir. Como todo ser humano.

Cuando Adolf Eichmann fue secuestrado y llevado a Jerusalén para ser juzgado, estaba muy preocupado por su hijo pequeño. Decía que no era justo que viviese sin padre. El abogado judío le hizo ver que él había asesinado a medio millón de niños de la edad de su hijo. La respuesta de Eichmann fue: “Sí. Pero eran judíos”. Aquel que encuentre la más mínima justificación para la salvajada de hoy, sólo puede estar en un lugar: en el partido de Adolf Eichmann.

Hace tiempo leí en la novela “Esta noche la libertad” la escena que vio un piloto que sobrevolaba la India el 15 de agosto de 1947. Columnas de hindúes abandonaban Pakistán entre el humo de los incendios de sus casas, perseguidos por una horda de musulmanes. Más allá, columnas de musulmanes abandonaban India entre el humo de los incendios de sus casas, perseguidos por una horda de hindúes.

El sueño etarra.

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Responses

  1. Pues sí hay ideas que merecen sangre, don Fernando.

    La idea de que tú puedas expresar libremente tus pensamientos, sean cuales sean mientras no ataquen los derechos de los demas, merece mi sangre y la de otros muchos.

    La idea de que tú puedas adorar a cualquier dios o a ninguno, libremente, en público y en privado, merece mi sangre y la de otros muchos.

    La idea de que todos los seres humanos (hasta los terroristas) tenemos unos ciertos derechos que no se pueden disminuir por razón de sexo, etnia o religión, merece mi sangre y la de otros muchos.

    La idea de que todos tenemos derechos a manifestarnos libremente, a votar según nuestras preferencias, derecho a la huelga, merece mi sangre y la de otros muchos.

    Mientras que unos cuantos estemos dispuestos a combatir para que los demás tengan derecho a practicar esas ideas, esta democracia con sus defectos será preferible a la más benevolente y paternal de las dictaduras.

    Pero no creas que no hay ideas por las que merece la pena morir. Porque tus enemigos no lo creen y los que te defienden (aunque sea mal) tampoco.
    Y

  2. Tienes razón, Antonio. Tu análisis es mejor que el mío. Y ¿por qué no decirlo? eres mejor persona que yo.

  3. ¿qué idea puede llenarse de sangre y seguir siendo válida? ¿Qué ideales merecen la muerte mía o de alguien más? No, no me parece que la vía del terror sea válida bajo ninguna ideología… solo puedo ejercer violencia sobre otro para repeler su agresión, porque con gente violenta no se puede discutir sino solo defenderse…. Pero de eso a crear una agenda que diga “martes, matar a unas personas, jueves, matar a otras tantas…” y después creer que el mundo será mejor…

    sin palabras.

  4. Mi amigo Antonio, que es mejor que yo, me ha dado algunas ideas más válidas que las mías por las cuales se merece morir. Pero matar, sólo en defensa propia.

  5. Yo no soy mejor ni peor que nadie, don Fernando. Sólo expongo aquello que me permite llevar una pistola al cinto (y la posibilidad de matar) sin convertirme en un desalmado.

    Cuando una sociedad (las personas, a fin de cuentas) arma a algunos de sus miembros y les encarga el ejercicio de la violencia dentro de unas leyes, tiene que aceptar que en algún momento se producirá esa violencia.

    Una de las diferencias entre el terrorista y la persona normal (sea policía, albañil o médico) es que ésta última no provoca la violencia y no considera que ciertas ideas (que mi tribu haya sido o no nación, que mi tribu haya sido “invadida” o “colonizada” -naturalmente, olvidándose de cuando los miembros de su tribu “invadieron” o “colonizaron” a otros-) merezcan persecución a muerte.

    Otra es que el terrorista piensa que ejerciendo la violencia puede someter a chantaje al Estado, mientras que la persona normal, aunque pacífica, se resiste a la idea de ceder al chantaje pese al dolor que le se infrinje, sea particular o social.

    Y, bajo estas ideas, llegamos al quid de la cuestión que trataré de ejemplificar:

    Me encuentro a un terrorista colocando una bomba, le doy el alto, desenfunda un arma y me apunta. ¿Es legítimo que yo, guardia civil, vaya ya con mi arma desenfundada mientras le doy el alto?. ¿Es legítimo que yo dispare cuando veo que desenfunda un arma?.

    Si estamos de acuerdo en que yo he actuado legítimamente, en que España es un Estado de Derecho y una Democracia (el menos malo de los sistemas, creo que dijo Winston); pues entonces tendremos que aceptar que sí hay una violencia que merece la pena ser ejercida (o soportada, en caso de que yo falle y el terrorista acierte) para proteger un bien mayor que resulta ser nuestra libertad como individuos, primero, y como sociedad después.

    No se trata de que nos guste…

  6. ¿Y dices que no eres mejor que yo? ¿Y que no lo explicas mejor que yo? Pues disiento amigo, lo haces.
    Sólo añadir que la violencia del Estado, en tus manos, está bien ejercida. Afirmo


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