Posteado por: fernando2008 | 23 mayo 2009

La Ciencia Ficción, maestra de la vida.

Asimov

“Las pruebas atómicas francesas
no han hecho daño a un solo pez”.

Jacques Chirac.

Cada vez son menos los que creen que la Historia es maestra de la vida y tienen razón. O dicha señora es una pésima maestra, o los alumnos han faltado mucho a clase. Es más común la creencia de que “no está el mañana en el ayer escrito”. Afortunadamente. Si no ¡menudo mañana nos esperaba!. Entonces ¿qué herramienta nos puede servir para levantar aunque sólo sea una punta del velo del futuro?.

A tiempos nuevos, herramientas nuevas. La Ciencia Ficción es un ejercicio intelectual excelente para plantearnos los problemas de nuestro tiempo. Por supuesto, estoy hablando de Ciencia Ficción de calidad, no esas “espacio óperas” en las cuales la única novedad es cambiar el Colt 45 por los rayos láser y los indios por los monstruos verdes.

Desde sus comienzos, la Ciencia Ficción se ha dividido en dos ramas: la científica, representada en Arthur C. Clarke, muchos de cuyos relatos son la resolución de problemas de Física, y la humanística representada por Isaac Asimov. Por supuesto esta clasificación, como todas las clasificaciones es parcialmente inexacta: 2001 es una muestra excelente de ficción humanística, mientras que los Cuentos de los viudos negros entran dentro de la ficción científica. Sin embargo, la clasificación nos puede servir para una primera aproximación al tema.

Asimov, a lo largo de sus innumerables libros y relatos, recrea fundamentalmente problemas humanos. Es más, en su obra cumbre Fundación “crea” una ciencia, la Psicohistoria, que permite anticipar como va a evolucionar una sociedad tan compleja como un Imperio Galáctico a lo largo de treinta mil años. Huelga decir que de esta ciencia sólo conocemos su nombre y el de su creador Hari Seldon.

Pero el problema que nos preocupa hoy a todos, menos a monsieur Chirac, fue tratado por Asimov en  julio de 1957 en un cuento muy breve, aunque su comentario podría llenar más páginas que palabras tiene el propio cuento. Su título es Asnos estúpidos y paso a resumirlo rápidamente: el archivero de los Grandes Galácticos, llamado Naron, tiene a su cargo el gran libro donde va recogiendo todas las razas de las galaxias y el pequeño libros donde se anotan las razas que por su madurez pueden formar parte de la Federación Galáctica. Un mensajero le lleva la noticia de que la raza humana ha conseguido el dominio de la energía termonuclear, por lo que el Homo Sapiens es inscrito con todos los honores en el libro pequeño. Hecho esto el archivero se entera con asombro que los humanos no conocen los viajes espaciales. Y aquí cedo la palabra a Asimov.

“Naron se quedó atónito.
– ¿Ni poco ni mucho? ¿No tienen siquiera una estación espacial?
– Todavía no, señor.
– Pero si poseen la energía termonuclear, ¿dónde realizan las pruebas y las explosiones?
– En su propio planeta, señor.
Naron se irguió en sus seis metros de estatura y tronó
– ¿En su propio planeta?
– Sí, señor.
Con gesto pausado, Naron sacó la pluma y tachó con una raya la última anotación en el libro pequeño. Era un hecho sin precedentes; pero es que Naron era muy sabio y capaz de ver lo inevitable como nadie en la galaxia.
– ¡Asnos estúpidos! –Murmuró.”

Totalmente de acuerdo, Isaac.

Artículo aparecido en el Periódico Extremadura el 15 de septiembre de 1995.
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No, no estoy haciendo una antología de mis artículos. Y si la hiciese, vosotros no tenéis por qué pagar las consecuencias. Se debe a que acabo de saber que los militares franceses, afectados por las pruebas nucleares, no reciben la suficiente ayuda de su gobierno, y deben enfrentarse como pueden a sus gravísimos cánceres, cánceres producidos por dichas pruebas. No hay manera. Por mucho que se oculte, al final la verdad se abre camino.
Bueno, tenemos una situación profetizada en 1957, denunciada por mí en 1995 e imposible de ocultar en el 2009. Se obliga a los soldados franceses a participar en unas pruebas que “no van a hacer daño a un solo pez” y luego se les abandona a su muerte. Que cada uno saque sus propias consecuencias.
¡Es que necesitamos la energía nuclear para poder seguir con el consumo de energía actual!
Ya. Y si quisiéramos gastarnos cinco mil euros a la semana en juegas, necesitaríamos vender droga ¿no?

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Responses

  1. la semana pasada una burgalesa argumentaba de forma similar. “Si les dices a los de Garoña que les quitas la central nuclear, se te echan encima. Miles de personas viven de ella”. Ya, ¿y para que los de Garoña estén contentos, el resto de la provincia de Burgos ha de estar en peligro?

    Otra más, de un amiguete pro-nuclear. “Es absurdo no tener centrales evitando el riesgo cuando en Francia hay un centenar”. Hombre, si todos pensáramos igual, todos seríamos fumadores. Total, ya que me como el humo del resto, para eso fabrico el mío propio.

    Amos qué.

  2. A una chica de Navalmoral de la Mata le dijeron que la radioactividad de Almaraz provocaba impotencia, y contestó: “Me da igual. Mi novio es de Jaraíz”.
    Aguanta mientras cobro

  3. Desde hace tiempo soy lector de Asimov. Sus cuentos me entretienen bastante.

    Pero no hablamos de ficción, hablamos de la terrible realidad de gobiernos inhumanos.


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