Posteado por: fernando2008 | 8 mayo 2009

Vintila Horia. La séptima carta.

Hoy quiero presentaros el libro de Vintila Horia “La séptima carta”. Lo compré en 1969, en aquellas ediciones en rústica de 25 pesetas. Desde entonces, no he dejado de leerlo y restaurarlo.
Por una deformación profesional, tengo subrayado con rojo los errores. Pocos y disculpables en una persona que no fue nunca historiador. Además de no ser historiador, el autor como ideólogo dejó mucho que desear. Al fin y al cabo, era un enamorado de Platón, y de Aristocles de Atenas se puede decir, y se ha dicho, todo menos que era un demócrata.
La historia comienza cuando la expedición ateniense marcha a Siracusa. O mejor, cuando los Hermes de Atenas son profanados, y el joven Platón ve en este sacrilegio el final de la edad de oro de Atenas y el fin del favor de los dioses para con esta ciudad. Continúa con la llegada del propio Platón a Siracusa y sus esfuerzos por convertir a Dionisio I de un tirano malévolo y receloso en el príncipe-filósofo. Platón tiene que abandonar Sicilia, dejando atrás a dos amigos, Dión y Briseis y la visión de las Latomías, germen de “El mito de la caverna”.
En Atenas, Platón funda su Academia e inicia su magisterio. Pero su alma está en Siracusa, y piensa que sus libros son “una falange de escudos” que le impiden pensar en lo que realmente añora. En este capítulo da una explicación del porqué Sócrates no escribió nunca nada, que por su viveza no puedo por menos que copiárosla.
“Pitágoras y Sócrates no habían escrito nada. Habían formado con sus manos almas nuevas,  porque habían vivido en un tiempo lejano, en el que todo se enseñaba por transmisión directa. Mis tiempos eran ya demasiado vastos para los hombres, y el la verbo, confiado a la letra escrita, como un mensajero infiel, se esparcía por el mundo, incapaz de servir de vehículo a la verdad completamente pura, y librado a la interpretación de los falsarios”.
A la muerte de Dionisio I, Dionisio II, Briseis y Dión escriben a Platón para que vuelva. Y el anciano vuelve, sintiéndose veinte años más joven. El palacio de Dionisio se convierte en una nueva Academia, desaparecen las orgías, y todos se dedican a estudiar Geometría con tanto afán que “una nube de polvo flota constantemente sobre el palacio, producida por los palos que dibujan figuras geométricas y los dedos que las borran sobre la arena.
Evidentemente, esta situación no podía durar. En seguida co comienzan las intrigas y las calumnias. La vieja guardia de Dionisio I ve peligrar su poder, y el resto de la corte está aburrida de tanto ascetismo filosófico. Platón consigue iniciar las obras de su ciudad ideal, Kallípolis, pero Dionisio II tiene celos de Dión, mejor alumno que él, y lo destierra. Mientras, el filósofo entrará en contacto con un sacerdote sículo, que mediante hipnosis lo transportará a un continente desconocido. Así es como Platón conoce la Atlántida.
Al final, Dionisio vuelve a la guerra y Platón a Atenas. En Atenas, Platón conocerá a Aristóteles y se reencontrará con Dión.
Por tercera vez volverá Platón a Siracusa, llamado por el tirano, y por tercera vez la realidad de Dionisio le hará huir.
A su vuelta a Atenas, asiste al juicio de Friné y al crepúsculo de su mundo. Mundo del que se marcha Aristóteles que viaja a Macedonia “a formar su propio Dión”. Finalmente, Platón muere y los últimos episodios de su historia son contados por un escoliasta.
La novela nos deja una amarga impresión final. Platón dirá que los hombres, al intentar crear Kallípolis, terminarán creando unas nuevas Latomías. Los hombres activos y pesimistas suelen terminar siendo fascistas; espero que Platón y Vintila Horia se equivoquen.
Voy a volver a pegar, una vez más, el libro antes de colocarlo en su sitio. Me da vergüenza escanear su portada; por eso he puesto como final de esta entrada una foto mía ante las Latomías. Dionisio la convirtió en la más horrible de las cárceles; Platón sacó de ella el Mito de la Caverna. Cada uno plasma en el exterior el mundo que lleva dentro de sí.

Latomías

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Responses

  1. Alguna vez leí en Popper que este muchacho Platón tenía unas ideas, en conjunto, muy poco democráticas. Se iba más del lado del Estado que por el lado del individuo. No me he dado el tiempo de releer al filósofo a la luz de la opinión de Karl Popper, pero su opinión es interesante.

    De una forma u otra siempre terminamos releyendo a los clásicos. No estamos tan lejos de aquella Grecia, o sí?

    Aparte: creo que también los hombres activos y optimistas terminan siendo unos tiranos. No creo en el ejercicio aséptico del poder. No creo que alguien pueda ser ajeno al canto de esas sirenas.

  2. Efectivamente. Popper y todos dicen que Platón no era demócrata. Lo dice el propio Platón.Y lo dice antes que él Bías en su frase “La mayoría de los hombres es mala”
    El poder no corrompe; atrae a los corruptibles

  3. Alguien dijo una vez: Cuando estés del lado de la mayoría, es momento de hacerse a un lado y reflexionar.


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