Posteado por: fernando2008 | 23 abril 2009

Walther F. Otto. Dionisio. Mito y culto.

dioniso

Desde siempre me ha llamado la atención la frase de Plutarco: “Podrás viajar por diversos países y encontrar ciudades sin murallas, sin literatura, sin leyes, pero no encontraras ninguna sin templos, sin dioses, sin oraciones y juramentos”. La verdad es que me merecía todos los respetos. Si todos los hombres tienen esa idea en si interior, si coinciden todos en ella, ¿de dónde ha salido? ¿Quizás de un genio maligno? Dejémoslo. Desde Plutarco a Descartes van muchos siglos.
Walter F. Otto, me ha dado alguna clave de cómo afrontar dicha idea. Es, sencillamente, pensar que es incompleta. Veamos.
El hombre, todos los hombres, nacen con la idea de la verdad, de la belleza, de la música, de la poesía. Y sin embargo no le damos corporeidad, o mejor divinidad a esas ideas. No pensamos, como Platón, que la Belleza, la Verdad, la Poesía están “en un lugar del cielo”. Pensamos que están dentro de nosotros. Y eso, que funciona razonablemente para todas las ideas, no funciona para la idea de Dios.
Hasta aquí mis reflexiones. Ahora, cedo la palabra a Otto. Para él, Dionisio y Apolo son las dos caras de la misma moneda. Con los dos, la religión griega alcanza la cima más excelsa, como consagración del Ser objetivo.
Dionisio es el dios contradictorio. Su llegada provoca alegría, pero su verdad provoca espanto y las bacantes huyen presas de pánico. El hombre experimenta la fuerza vital e intenta unirse a ella. Pero la creación está siempre cerca de la muerte y la muerte da miedo. En resumen, vestimos las creaciones más o menos subjetivas de nuestras mentes, con el ropaje de los dioses. Nuestros deseos, miedos o sensaciones primigenias se personifican en los dioses.
Y, creados los dioses, creamos el culto. El culto pertenece a las creaciones monumentales del espíritu humano. Para estudiarlo en la perspectiva adecuada hay que situarlo junto a la arquitectura, a música, la plástica, artes que algún día estuvieron al servicio de lo divino. Son las grandes lenguas con las que la humanidad apela a lo excelso. Esas lenguas se plasmaron en la construcción de los templos y con otros lenguajes, el más grande de los cuales es el culto. Atestiguaron la cercanía de lo excelso en su momento y hoy, su lejanía, hace que las artes aparezcan como fuerzas mayores, mientras el culto se petrifica.
Las formas de culto vienen determinadas por la proximidad de la divinidad. Muchas revisten un carácter de relación directa con ella. Lo primero es la postura del orante, la expresión originaria del sentimiento que despierta la presencia divina. Luego, la catedral copiará la postura de los brazos alzados al cielo.
El culto, a veces, nos parece ilógico. Bailes, procesiones, dramatizaciones. Hay que pensar, para entenderlo, que representan no la actitud de los hombres, sino la actitud del dios. La idea sagrada primigenia, anterior al mito, es lo que se refleja en las ceremonias. Creamos las ceremonias por la inspiración. Esto no implica necesariamente, la colaboración divina. Los artistas son conscientes de que el acto de crear está inspirado en fuerzas ajenas a ellos.
Del culto se sacan beneficios. La idea de que un sacrifico, una renuncia, una mortificación pueden conseguir algo de la divinidad, puede interpretarse equivocadamente como un mecanismo causa-efecto. En realidad el poder se extrae de nosotros mismos, concentrando todas las fuerzas del alma. La manipulación externa es secundaria. Se reduce a la puesta en escena. Un ejemplo extremo de esto sería la superstición, que se da cuando un comportamiento que surgió de una gran idea se adapta a una mentalidad prosaica y se pone al servicio del propio interés.
En resumen, en el centro de todo está la imagen del hombre mismo. Antes de que el hombre pudiera verse, se le apareció la imagen del dios. Lo que es y lo que debe ser el hombre se lo atribuyó al dios. No apareció porque el hombre lo deseara, sino porque los deseos y necesidades del hombre se encarnan en Él.

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Responses

  1. Me han entrado unas ganas horrorosas de leerme este libro, mira tú.

  2. Hay (o debería haber) una antropología del culto. Ni siquiera es necesario ser creyente para sentirse atrapado por el sustrato común a todo sentimiento religioso y sus expresiones externas.

    Llegar a la conclusión de que el dios es, al tiempo, una interiorización y una proyección humana puede resultar un gran consuelo. “Sois como dioses” y la pregunta ya no es si un dios puede nacer de una mujer: ¡todos los dioses nacen del ser humano!.

    P.D.- Debo acostarme más temprano…

  3. Es de nuestra común amiga Hypatia de Alejandría. Desde luego es muy interesante y no es un libro al uso. Es extraordinariamente respetuoso con la figura de Dionisos, pero bucea más allá delmito

  4. ¡No!. Debes acostarte más tarde, y seguir iluminándonos con tus ideas. Si consigues acostarte más tarde serás como dios, y nosotros también.


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