Posteado por: fernando2008 | 21 febrero 2009

Sí a la vida. A todas las vidas.

no_al_aborto
En mis higiénicos paseos por la ciudad, me he encontrado con un cartel como el que reproduzco arriba. En Internet he encontrado otros, pero me niego a reproducirlos.
Veo que la iglesia católica está a favor de la vida. Magnífico. Yo también. La diferencia es que yo estoy a favor de todas las vidas. Incluso de las vidas de los adultos. Porque nunca entenderé el hecho de que la vida de un espermatozoide sea más importante que la de una persona.
Según la moral católica no se puede poner la menor traba a que un espermatozoide realice su función. Eso es sagrado. Lo demás, no. El Dios de los Ejércitos maldice el condón, pero bendice los tanques. ¿No hay en esto un contrasentido?.
Y así ha sido desde el principio. El mandamiento de “No matarás” parece que es algo relativo. No impedirás que el óvulo sea fecundado. No matarás al óvulo fecundado. El resto es “pecata minuta”, nunca mejor dicho.
No estoy exagerando, ni voy a referirme a las cruzadas, la Inquisición, las guerras de religión. Eso es de sobra conocido. Voy a referirme a la práctica cotidiana de la iglesia.
Para empezar ¿con quién mejor que con san Pedro? En los “Hechos de los Apóstoles” el Príncipe de los Apóstoles ejecuta personalmente y a sangre fría a dos ancianos. ¿Motivo? El dinero. Veámoslo.
“1 Pero cierto hombre llamado Ananías, con Safira su mujer, vendió una propiedad, 2 y se quedó con parte del precio, sabiéndolo también su mujer; y trayendo sólo una parte, la puso a los pies de los apóstoles. 3 Y dijo Pedro: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieses al Espíritu Santo, y quedarte con parte del precio del campo? 4 Reteniéndola, ¿no se te quedaba a ti? y vendida, ¿no estaba en tu poder? ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? No has mentido a los hombres, sino a Dios. 5 Al oír Ananías estas palabras, cayó muerto. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron. 7 Pasadas tres horas, llegó su mujer, no sabiendo lo que había acontecido. 8 Entonces Pedro le dijo: Dime, ¿vendisteis en tanto el campo? Y ella dijo: Sí, en tanto. 9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué os pusisteis de acuerdo para tentar al Espíritu del Señor? Ahí tienes a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, ellos te llevarán a ti también. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido. 11 Toda la Iglesia y todos los que oyeron esto se quedaron sobrecogidos de terror”. (Hechos 5) Sin comentarios.
Y después, toda una legión de santos defendiendo la pena de muerte. San Agustín al principio duda, luego en su replica a la carta de Parmeniano la acepta.
Santo Tomás de Aquino “Si algún hombre es peligroso para la comunidad, y la corrompe a causa de algún pecado, es provechoso privarle la vida, para conservar el bien común.”
La propuesta de Inocencio III, confirmada por el Cuarto Concilio de Letrán de 1215, según la cual la autoridad civil “puede infligir sin pecado la pena de muerte, siempre que actúe motivada por la justicia y no por el odio y proceda a ella con prudencia y no indiscriminadamente” es dogma de fe. Esta declaración dogmática confirma toda la tradición católica anterior y sintetiza la posterior. De hecho, hasta ahora no ha sido modificada por ninguna otra sentencia solemne del Magisterio.
Además, el infalible Romano Pontífice proclama de vez en cuando que matar a un veneciano, a un genovés, a un español, es un acto agradable a Dios. Depende de la política internacional de los Estados Pontificio
¿Y el aborto? Huy, eso era más pecado. La “Taxa Camarae” del papa León X establece la durísima pena de 17 libras y 15 sueldos para la madre que aborte y quiera recibir la absolución. Si el padre colabora en el aborto deberá pagar igual cantidad.  Eso sí, el contrabando estaba castigado con 87 libras 3 sueldos. Los Médicis siempre han sido personas razonables.
Al Papa-Rey tampoco le temblaba la mano al firmar las sentencias de muerte. Los franceses llevan ante la Silla de Pedro un simpático regalo: la guillotina. Y esta comienza a funcionar alegremente. El “Mastro Titta” es nombrado verdugo del papa y pronto adquiere gran celebridad. Byron escribe sobre él en una carta a John Murray, su editor en Inglaterra. Charles Dickens le dedica un largo párrafo después de ver su trabajo de una tarde en 1845. El poeta italiano Giuseppe Gioacchino Belli escribió varios sonetos satíricos en su honor. En el más famoso cita al Mastro Titta como una rápida cura para un dolor de cabeza. Aún hoy las madres romanas, cantan para dormir a sus niños una canción que que dice: “Sega, sega, Mastro Titta”. La guillotina papal funcionó tan bien que consiguió superar en ejecuciones a todos los demás estados de Italia.
Con el Tratado de Letrán se equiparaba el asesinato del Papa con el regicidio, estableciéndose la pena capital para dicho delito. En 1969 la Santa Sede derogó esta disposición.
Pío XII establece en 1952 la doctrina de que “Está reservado al Poder Público privar al condenado del bien de la vida en expiación de su delito, después que, por su crimen, él se ha desposeído de su derecho a la vida”. El derecho a la vida no es en la Ciudad del Vaticano algo inalienable. Se puede perder tranquilamente.
En la actualidad, el Catecismo de la Iglesia Católica establece: Nº 2667. “La enseñanza tradicional de la Iglesia no excluye, supuesta la plena comprobación de la identidad y de la responsabilidad del culpable, el recurso a la pena de muerte, si ésta fuera el único camino posible para defender eficazmente del agresor injusto las vidas humanas. Pero si los medios incruentos bastan para proteger y defender del agresor la seguridad de las personas, la autoridad se limitará a esos medios, porque ellos corresponden mejor a las condiciones concretas del bien común y son más conformes con la dignidad de la persona humana.
No puedo resistirme a hacer una comparación. “Cuarenta años antes de la destrucción del Templo de Jerusalén (año 30 d C.) el Sanedrín prohibió en la práctica del uso de la pena de muerte, convirtiéndola en un límite superior hipotético a la severidad del castigo, lo que hacía su uso aceptable tan solo por parte de Dios y no de seres humanos falibles”. ¡Ah, el pueblo deicida!
Al final, no he hablado sobre el aborto. Pero no creo que a nadie le importe conocer la idea que tengo sobre este punto. Si yo pienso que no debo abortar no abortaré, por muy fácil que me lo ponga la ley. Y si, alguna vez, se promulga una ley por la que debo abortar obligatoriamente, me rebelaré contra ella siguiendo la santa doctrina de Tomás de Aquino. Así de fácil.
¡Extraña religión en la que es más seguro ser espermatozoide que cristiano adulto! Sobre todo si eres un cristiano tacaño.

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Responses

  1. Pues eso. A mí me interesa muchísimo tu opinión sobre el aborto. Como tu opinión sobre todo.

  2. Carmen, me mimas demasiado. Pero tus deseos son órdenes para mí. ¿Cómo la quieres?¿En público o en privado?

  3. Aquí la mosca co…:

    Entonces, ¿das como probado que Pedro tenía poder para causar la muerte con su sóla palabra?. Porque no se dice en el texto que el apóstol hiciera nada, físicamente, para acabar con el matrimonio.

    Y si Pedro tenía el poder para matar a alguien con su sóla palabra, ¿de dónde le venía ése poder?.

    Fíjate; tengo yo una amiga que se ha negado a que sus críos lean la Biblia porque le parece (con razón) que es un libro violentísimo.

    🙂

  4. ¡Vamos, Antonio! ¿Dónde has estado metido?
    Efectivamente. Ese es un tema que me ha dado miedo abordar. Pedro por sí mismo no tenía ese poder. Luego viene de Otro y es ese Otro quien realmente mata a los dos pobres viejos. Elemental querido Sherlock.

  5. Defendiendo a la Patria en la medida de lo posible.

    Creo que ese Otro es aún el Yahvé veterotestamentario (¡qué palabra tan bonita y tan larga, oiga!). Como Pedro aún no tenía muy claro si tenía que dirigirse al dios judío o al cristiano, el primero que respondió lo hizo con su amabilidad natural y se llevó a los viejeciglios consigo.

    De haber sido el dios cristiano (aún no manipulado por Saulo y sus tonterías), seguro que se habría conformado con un ligero pescozón paterno-admonitorio.

    Digo yo….

  6. Siempre dije que eres mitad monje mitad soldado

  7. Me cabrea. La Iglesia Católica, no tú, y su coro de defensores de la vida. No puedo con ellos. Y como soy incapaz de hablar del tema sin echar pestes por la boca, lo dejo aquí.
    Un saludo.
    P.D.: He estado el fin de semana en Sevilla y me he acordado un montón de ti.

  8. Pues no hay que cabrearse sino decir las cosas bien claras y educadamente. ¡Ah, Sevilla! La ciudad de mi juventud, y mi sevicio miltar. (Claro que yo hice la mili con laza)

  9. Pa mí que los ancianos sufrieron un infarto de miocardio debido al estrés que le causaba la presencia de Pedro al hombre y la mujer al ver muerto al marido. A partir de ahí.. lo que queráis.

    Me pierde lo mio.Salud.

  10. Buenas tardes.
    Yo siendo católico medianamente practicante…
    No me asombra para nada lo que he leído sabiendo como es la iglesia.
    Pero mi opinión sobre el aborto, es que debe de ser legal” siempre”que se quiera abortar con un mínimo de criterio razonable y no habiendo pasado un cierto periodo de embarazo.
    Fernando a mí me agradaría bastante saber cual es tu opinión personal sobre el tema expuesto, por una sencilla razón…
    “”Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo,involúcrame y lo aprendo.””

  11. Mi opinión personal es la siguiente. Cuando uno sufre una intervención quirúrgica tiene un daño físico pero se alegra porque ha salido bien la operación y pronto se recupera. Cuando una mujer sufre, porque lo sufre, un aborto, se recupera en lo físico, pero siente un tremendo trauma mental. Por lo tanto, mi opinión es que se debe evitar en lo posible el aborto, con una educación sexual y con anticonceptivos, para que cada uno sea dueño de su sexualidad, a partir de una determinada edad y con una formación. Y si, por algunas excepcionales y desgraciadas cricunstancias, se debe practicar el aborto, lo que no se puede hacer es obligar a la mujer a abortar en unas clínicas clandestinas que atenten contra su salud.Y, que te quede bien claro, nadie aborta por diversión o por ligereza. Bastante trauma físico y psíquico tiene la pobre mujer como para que encima vayamos dándole lecciones de moral que, en la mayoría de los casos, sólo sirven para subir el precio de los que atienen el aborto.

  12. Muchas gracias Fernando, me has hecho ver una cosa en la q no había pensado =).
    ¡Hasta el lunes!

  13. Alguien sabe porque los mismos que defienden tanto “algunas vidas”, piden a gritos la pena de muerte y el terrorismo de estado.

    NO, ya se que nadie lo sabe, era retorico.

  14. Pues yo sí lo sé, Jorge. No se trata tanto de defender vidas como de controlar la sexualidad de los demás.


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