Posteado por: fernando2008 | 17 enero 2009

Educación para la ciudadanía. Preludio orweliano.

Alguien me ha dicho que con tantos viajes a la Palestina del siglo I, me he olvidado de la España del siglo XXI.  Tiene razón. Hay que volver a nuestra dura realidad. Y como el tema sobre el que más me pregunta la gente es sobre “Educación para la ciudadanía”, escribiré sobre él con una cierta amplitud.
Pero permitidme que hable antes un poco de George Orwell. En realidad se llamaba Eric Arthur Blair, y en realidad hizo muchas cosas y escribió muchos libros. Pero se le conoce  fundamentalmente por uno de los libros menos leídos y más citados de la literatura contemporánea: “1984”.  Una inmensa mayoría de los que le citan sólo saben que en este libro aparece por primera vez la expresión “Gran Hermano”.
No voy a hacer una reseña de la obra. Sólo diré que en ella aparecen tres estados, Eurasia, Oceanía y Asia Oriental, que luchan entre sí. Y que el gobierno que preside el Gran Hermano manipula a los ciudadanos hasta extremos inverosímiles. En el mismo discurso se dice una cosa y la contraria según convenga. Leamos a Orwell.

Oceanía estaba en guerra con Eurasia y era aliada de Asia Oriental. (…)Su voz, que los altavoces hacían metálica, soltaba una interminable sarta de atrocidades, matanzas en masa, deportaciones, saqueos, violaciones, torturas de prisioneros, bombardeos de poblaciones civiles, agresiones injustas, propaganda mentirosa y tratados incumplidos. Era casi imposible escucharle sin convencerse primero y luego volverse loco. A cada momento, la furia de la multitud hervía inconteniblemente y la voz del orador era ahogada por una salvaje y bestial gritería que brotaba incontrolablemente de millares de gargantas. Los chillidos más salvajes eran los de los niños de las escuelas. El discurso duraba ya unos veinte minutos cuando un mensajero subió apresuradamente a la plataforma y le entregó a aquel hombre un papelito. Él lo desenrolló y lo leyó sin dejar de hablar. Nada se alteró en su voz ni en su gesto, ni siquiera en el contenido de lo que decía. Pero, de pronto, los nombres eran diferentes. Sin necesidad de comunicárselo por palabras, una oleada de comprensión agitó a la multitud. ¡Oceanía estaba en guerra con Asia Oriental! Pero, inmediatamente, se produjo una tremenda conmoción. Las banderas, los carteles que decoraban la plaza estaban todos equivocados. Aquellos no eran los rostros del enemigo. ¡Sabotaje!

Pasemos a la realidad española. Y para asegurarme de la veracidad de lo que escribo, me limitaré únicamente a contar mis experiencias personales.
Fui bautizado a los dos días de nacer (Sin el documento llamado “Fe de bautismo” no se podían hacer muchas cosas en la España de los 50). A los pocos años, ingresé en la escuela de los doctrinos, es decir, de aquellos niños que son tan pequeños que sólo pueden aprender una cosa: la doctrina católica.
Posteriormente, recibí en un colegio religioso la primera comunión, la confirmación y la educación religiosa. Superé las dos reválidas de bachillerato ante unos tribunales cuyo presidente eran nombrado por el Estado, pero que, en caso de ausencia de este presidente, su lugar era ocupado por ley por el profesor de religión. Profesor de religión que también nos impartía las asignaturas de Psicología, Lógica y Ética, así como la Historia de la Filosofía.
Durante mi servicio militar, mis necesidades espirituales eran atendidas por los capellanes castrenses, benévolos ángeles de la guarda pero con las estrellas de capitán, y que dependían del Vicario General Castrense.
En la universidad, pude elegir algunas asignaturas pero las fundamentales, Política y Religión, me fueron impuestas durante los cinco cursos. Precisamente durante mi carrera la Jefatura del Estado cambió, pasando a ser ejercida durante dos días por don Pedro Cantero Cuadrado, arzobispo de Zaragoza, junto con los otros dos miembros del Consejo de Regencia. Durante estos veinticinco años nadie pensó que se estaban conculcando el derecho que tenían mis padres a decidir sobre mi educación moral, nadie imaginó ni por un momento que se me estaba adoctrinando ni política ni religiosamente y la educación que recibí no fue sesgada ni pretendió conducir mi voluntad ni modelar mi conciencia. Lo sé porque si esto hubiese ocurrido, la Iglesia habría protestado.
Sin cargar las tintas, la mía ha sido una historia absolutamente vulgar, idéntica a la de las demás personas de mi generación. Y hubiese seguido así si no se hubiese producido ahora un cambio que haría palidecer de envidia a Orwell.
Ahora, el gobierno conculca el derecho de los padres, organiza una educación sesgada, pretende conducir la voluntad de los niños, modelar sus conciencias. ¡Qué horror!. ¿Imaginan ustedes los monstruos que creará una asignatura que se impartirá durante 35 horas, no a la semana ni al año, sino en un único curso para toda la E.S.O y el Bachillerato?
Pero hay más. Monseñor Antonio Cañizares, cardenal primado de España, dice que dicha asignatura “llevará a la sociedad cuesta abajo hacia el totalitarismo”. Eso ya sí que me descoloca. La Formación del Espíritu Nacional y la Religión que he estudiado durante 25 años y con muchas más horas ¿a dónde llevaba?.
El cardenal primado afirma también que el que imparta dicha asignatura “colaborará con el mal”. Pero ¿con el Mal o con el eje del mal? Es decir ¿con el Diablo o con Bin Laden?. Parece que ya me voy aclarando. La asignatura de Educación para la ciudadanía nos lleva, cuesta abajo, a Kandahar.
Ni el propio Orwell hubiese podido imaginar un giro semejante. La organización que alberga en su seno el mayor número de pederastas convictos y confesos que ha conocido la historia de la humanidad, se preocupa ahora porque se les pueda dar a esos mismos niños una educación sesgada. La organización que ha monopolizado la enseñanza en España durante cuarenta años, teme ahora que no se respete la libertad de los padres. La organización que ha llevado bajo palio a todos los dictadores españoles, se aterra ahora ante la posibilidad de que una hora de clase a la semana durante un único curso, nos lleve al totalitarismo. El nacional-catolicismo triunfante y militante acusa ahora al gobierno del crimen de intentar modelar las conciencias infantiles.
Un nuevo mandamiento os doy: Cuando estemos en el poder obedecednos religiosamente. Cuando no lo estemos, rebelaos y Dios estará con vosotros.
– Vale, vale. Pero ¿qué es exactamente la Educación para la ciudadanía?
– Eso lo veremos con todo detalle en la siguiente clase.

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Responses

  1. Señor Diáfano, qué bien escribe usted. Espero ansiosa la segunda parte. Por cierto, tiene un premio en Naranja Amarga. El mundo de los blogs, que tiene estas cosas.

  2. ¿Recuerdas la cita de Nietzsche que dice que su “Humano, demasiado humano” y el “Parsifal” de Wagner se cruzaron en el correo como si se tratase de dos espadas? Bueno, pues mientras tú escribías aquí ese comentario, yo escribía otro en tu blog. Nuestros comentarios se cruzan, pero no como espadas. Gracias por el premio. Me haré un tarro de mermelada

  3. Además, por completar tu magnífico post, el señor, que no monseñor, Cañizares parece olvidar que esta nueva asignatura, adecuada o no, ha salido del Congreso, y éste de la mayoría de los españoles que acudieron a votar LIBREMENTE. ¿Quién es él y sus APAS canónicas para decir que lo que hace el Congreso es “totalitario”?

  4. Muchas gracias Zorro. Eso lo añadiré en el post número 3 “Por qué se ataca a la Educación para la ciudadanía”. Me temo que va a ser un tema muy largo.


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