Posteado por: fernando2008 | 9 enero 2009

Villasviejas del Tamuja, o el encanto de Botija.

botija

Lo sé, lo sé. Gobernar es priorizar. Y si en tiempos de tribulación no hay que hacer mudanzas, en tiempos de crisis no hay que hacer dispendios.
Pero es una lástima. Acabo de regresar de uno de los muchos viajes culturales que organiza la Asociación “Adaegina” Amigos del Museo de Cáceres, y hemos visitado el yacimiento de Villasviejas de Tamuja en Botija. Un castro de la II Edad del Hierro, perfectamente documentado desde 1231, o desde antes si aceptamos su identificación con la ceca de Tamusia, y excavado desde 1970.
Lo primero que llama la atención al viajero es la importancia del sitio. Valga como ejemplo la foto de la izquierda, el torreón SO. Hay muchas cosas que excavar, muchos conocimientos que sacar a la luz y que están aguardando enterrados bajo esta dehesa.
Pero la segunda impresión es la de la magnitud del trabajo. Hay que controlar la vegetación, consolidar las estructuras ya descubiertas, proteger los elementos significativos, denunciar las actuaciones clandestinas (¡Endovélico mío!. ¡Mil agujeros hechos por furtivos hasta la fecha!) Y eso, antes de poder dar el primer golpe de pico!
Y luego, trece hectáreas para excavar y, además, tres necrópolis. No entiendo como a Alicia Prada, la amabilísima arqueóloga que nos explicó el yacimiento, no se le cae el alma a los pies.
En resumen, tenemos bajo nuestros pies la historia de la Edad del Hierro en Extremadura, pero para abrir ese tesoro necesitamos tres cosas: dinero, dinero y dinero.
Pasamos buena parte de la tarde recorriendo el yacimiento. Una larga y calurosa tarde. Y después, como fin de fiesta, nos trasladamos a Botija.
Un dato curioso. Este bonito pueblo (¡Qué le voy  a hacer! ¡Me encantan nuestros pueblos!) no tiene bar. Tiene una quesería donde compramos para aumentar el comercio interior y, de paso, perfumar el autobús. Pero no tiene el bar que nosotros necesitábamos urgentemente para beber y desbeber.
La amabilidad de Alicia, y la hospitalidad de Botija solucionó el problema: nos abrieron el Ayuntamiento. Aparte de satisfacer nuestras necesidades, nos hicieron sentirnos a todos personas importantes.
Además, nos abrieron la iglesia. No puedo decir de ella que es grande, majestuosa, de un gran valor artístico. Pero es bonita. No es kitsch. Es una verdadera creación, sin trampa ni artificios, del arte popular.
No todas las iglesias del mundo pueden tener una Capilla Sixtina. Pero tampoco todas las iglesias pueden contar con una cúpula adornada con unas pinturas, tan deliciosamente ingenuas, como las de la iglesia de Santa María Magdalena.
Dicen que el nombre de “Botija” proviene de la frase: “Vete hija”. Pero tú, lector, no hagas caso. Ven a Botija. Es un lugar encantador.

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