Posteado por: fernando2008 | 9 enero 2009

Rompiendo cristales.

Como he sido muy bueno, los Magos me han traído “Rompiendo cristales”, la autobiografía de Juan Carlos Rodríguez Ibarra. Dos ejemplares. Mañana cambiaré uno por “La traición del rey”, de José Luis Gil Soto.
Es mi primer encuentro con Ibarra, aunque la casualidad nos ha hecho tener muchas cosas en común: ambos somos extremeños por libre decisión, porque nos dimos cuenta de que “aquí estaba todo por hacer”, los salesianos, el servicio militar en Obejo, la Universidad de Sevilla, la librería Antonio Machado. Pero no coincidimos, o al menos yo no me acuerdo. Sólo te tenido un contacto con él. La anécdota es tan reveladora que merece contarse.
Cierto día, programé una visita para mis alumnos de Historia del Arte. Tras mucho papeleo, conseguí que el precio de las entradas nos fuera rebajado en un euro, teniendo que acreditar documentalmente en el lugar de la visita la concesión de esa rebaja.  Enfadado, escribí un correo electrónico a Ibarra explicándole el caso y diciéndole que si para conocer nuestro patrimonio artístico los alumnos extremeños tenían que pagar, la próxima visita la realizaríamos fuera de la región. Me contestó al día siguiente, prometiéndome que se informaría y que si en su mano estaba, tomaría las medidas oportunas, y agradeciéndome la información.
Interpreté ese correo como una mera cortesía de político. Al año siguiente programé la misma actividad y era ya gratis.
Acabo de leer el libro, y me ha gustado. Como ya no tiene ningún cargo, supongo que podré alabar a Ibarra impunemente.
Me han gustado las ideas que tiene sobre el nacionalismo y el regionalismo, sobre el Senado y la ley electoral, sobre el terrorismo, la Sociedad de la Información, la Sociedad de la Imaginación. Y, sobre todo, me han gustado sus ideas sobre Extremadura.
¿Qué ha podido hacer más? Todos podemos hacer más. ¿Qué ha podido hacerlo con otras formas? Él explica que su actitud altanera ha sido una actitud medida, que no estaba en su carácter. Deseaba no verse obligado “a ponerse en la solapa una credencial cada vez que entraba en el palacio de La Moncloa”. Deseaba no ser despreciado. “Lo que yo sentía era que despreciaban Extremadura, se reían de mí por ser extremeño, no por ser Rodríguez Ibarra”.
Es evidente que ha hecho muchas cosas. Buenas y malas. Y es de resaltar que en nuestra cainita España, en 336 páginas apenas critica a media docena de personas.
El libro, vuelvo a repetir, me ha gustado. Tanto que no me ha durado ni un día. Más o menos lo que duran hoy la mayor parte de los juguetes.

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Responses

  1. Hola, Fernando:

    A mí también me han traído los Reyes (Magos) el libro de Ibarra, y coincido contigo en las opiniones. He estado dos veces con él; en la primera yo era asesor cultural de la Casa de Extremadura en Leganés; en la segunda, seis años después, era Director del Museo de Cáceres y me todo recibirle porque vino a entregar los Premios Extremadura a la Creación.
    El próximo 22 de Enero le recibiré de nuevo en el Museo, donde va a impartir una conferencia; confío en verte por allí.
    Un abrazo

  2. ¡Bienvenido, Juan! Me alegro que coincidamos. Ese día estaré allí


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