Posteado por: fernando2008 | 9 enero 2009

Las balanzas fiscales.

Me gusta la Filosofía. Muchas veces me he perdido por ese jardín de senderos que se bifurcan y me he parado, a orillas del Ilisos, a pensar en alguno de sus temas. Y, creedme, desde el agua de Tales a la náusea de Sartre, hay muchos.
Uno de mis temas favoritos es el de la política.  Tema en el que también hay mucha tela que cortar, desde Kallípolis a las superestructuras ideológicas, pasando por la Ciudad de Dios o el Contrato Social. Pero temas que, parece ser, ahora se encuentran totalmente desfasados. Ahora el tema que preocupa en España es el de las balanzas fiscales. ¡Si Jean Touchard levantara la cabeza!.
Comencemos a explorar esta cuestión. En primer lugar, hay que decir que se parte de un contrasentido. Todo el mundo quiere recibir más de lo que aporta. Y eso es imposible, tanto lógica como matemáticamente.
No me detendré en analizar los índices, los baremos, los indicadores. Economistas tiene la Santa Madre Iglesia. Lo que quiero hacer resaltar es el contrasentido en el que están cayendo sesudos políticos, que se quieren colgar medallas a costa de pisotear el sentido común. Cuando España entró en la C.E.E., todo el mundo se felicitó por la recepción de los fondos estructurales que nos iban a subir, y de hecho nos subieron, a los primeros puestos de la economía mundial. Y ahora, los mismos que aplaudían ese logro de la democracia española, se rasgan las vestiduras al pensar que van a contribuir con su dinero al auge de otras comunidades autónomas, comunidades a las que no me atrevo a llamar hermanas, pero todos deben reconocer que, al menos, son vecinas. Lo que Alemania y Francia hicieron por España, es impensable que lo hagan unas comunidades autónomas españolas por otras comunidades autónomas españolas.
“Y si no se puede recibir más, al menos que se reciba lo que se aporta”. Para ese viaje, no necesitamos alforjas. Si es verdad, como dijo el señor Pizarro en cierta ocasión, que donde mejor está el dinero de los contribuyentes es en el bolsillo de los contribuyentes, la solución es bien fácil. Suprimamos los impuestos. Que cada uno gestione su propio dinero. Nos ahorraríamos el coste del Estado, el coste de las comunidades autónomas, de los ayuntamientos. Podríamos gestionar, por fin, nuestra individual política exterior, nuestra sanidad, nuestra libérrima educación…
Hay un pasaje de “Robinson Crusoe” que siempre me llamó mucho la atención. Cuando Robinson encuentra en los restos del naufragio una cantidad de dinero y reflexiona: “No merece la pena ni agacharme. Hubiese preferido encontrar un buen cuchillo a estos billetes”.
Así os quisiera yo ver.

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