Posteado por: fernando2008 | 9 enero 2009

A.E.I.O.U. Carlos V en Yuste.

yuste

Los cacereños sentimos por Carlos V la misma admiración que por esos parientes lejanos ricos y poderosos, tienen algunas familias. Es, salvando las distancias, nuestro tío de América. Y nunca nos cansamos de agradecerle que viniera a morir a Yuste.  Las razones de este viaje, recreado una y otra vez, se nos escapan.  Pero, desde luego, Carlos V no vino a hacer penitencia. Y si hizo aquí alguna penitencia, no fue precisamente contra el pecado de la gula, que, al final de su vida, era el único pecado que le quedaba.
Emprendo la marcha para visitar la exposición. Lo primer que se me ocurre es que la carretera de Cuacos a Yuste debía ser algo más… imperial. Hay personas que no hacemos la ruta a pie. Hay algunas que incluso quieren llegar en autocares. Y el acceso no es muy bueno.
Viendo las tres salas, pequeñas, donde se ubica, lo primero que llama mi atención es la falta del espíritu del Emperador. He sentido el espíritu de Felipe II en El Escorial, el espíritu del Gran Duque de Alba en Abadía, pero aquí no siento nada. No hay nada que me una a él. Los libros, salvo su breviario, son “sobre” el Emperador, las armas y el reloj no son suyos, y los cuadros son copias de otras copias de los originales. El emperador jamás vio lo que hay aquí, excepto quizás su breviario y su altar portátil. No puedo por menos que sucumbir a la sensación de atrezzo, de parque temático. ¿No hay ningún objeto personal de Carlos en toda España que se pueda exhibir aquí? ¿No hay ni una carta, con esa horrible caligrafía suya, que alguien pueda prestar?
Decepcionado, paso al monasterio. Recuerdo que de mi primera visita, que hice hace cuarenta años, salí muy impresionado. Ahora, la impresión que saco es que todo sigue igual. Pero, como decía Goya “el tiempo también pinta”. En este caso, aja. Los muebles están más desvencijados, lo objetos más empañados (¿qué pinta aquí un aguamanil del siglo XVIII?) las telas más ajadas, sobre todo las del dormitorio. Lo único nuevo en estos años han sido los carteles. Que, por cierto, proclaman que las colgaduras negras fueron puestas en señal de luto por la muerte de la emperatriz Isabel. Falso. La emperatriz había muerto dieciocho años antes. El luto era por Doña Juana, la madre de Carlos, muerta en 1555.

Evidentemente, no es lo mismo ver Yuste en una obscura tarde de invierno con los ojos de un niño a verlo en una radiante mañana de verano en la que el sol insolente hace resaltar lo estragos que el tiempo ha causado en el venerable edificio y a los que no se les ha puesto un remedio adecuado.

A.E.I.O.U. “Austriae est imperare orbi universo”. Que así sea.

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