Posteado por: fernando2008 | 12 julio 2008

Bienvenida

Hola navegante. Ignoro qué vientos del ciberespacio te han traído a esta página.

Pero sé bienvenido.

¿De qué voy a hablar? De lo que me llame la atención y me haga reflexionar.

Fiódor Dostoievski.

 

 “Un intelectual es aquella persona para la cual los problemas políticos son, ante todo, problemas morales”.

Max Aub.

Posteado por: fernando2008 | 27 febrero 2017

Augusto – Adrian Goldsworthy.

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Cuando mi amigo Nino me recomendó este libro, me di cuenta de lo poco que conocía de Augusto. Es un hombre misterioso, el hombre de las mil caras, aunque para sus súbditos solo tuvo dos.

Se dice que Sila, obligado a perdonar a Julio César, sobrino de Mario, su enemigo, exclamó: “Hay muchos Marios en ese joven”. Pues bien; lo mismo puede decirse de Augusto. Hay muchas personas en él, personas que van sucediéndose sin que siempre se aprecie un nexo entre una y otra.

Augusto joven.

Augusto joven.

A la edad en que los chicos apenas se preocupan de otra cosa que de juegos y novias, Octavio, por la muerte de su tío abuelo César, pasa a primer plano de la política romana. Y entra de lleno. Roma vuelve a vivir con horror la época de las proscripciones. Los ciudadanos y los senadores mueren según sean amigos o enemigos del triunviro de turno. Cicerón definió al entonces Cayo Julio César Octaviano como “laudandum adolescentem, ornandum, tollendum” que venía a significar que “el joven debe ser alabado, honrado y promovido.” El joven era Octaviano, pero “tollendum” no solo significa “promover” sino también “asesinar”. Y en boca de Cicerón, esos dobles sentidos se sabía muy bien cómo había que interpretarlos.

Cuando Octaviano y Marco Antonio se reparten el mundo (Lépido había quedado relegado a Pontífice Máximo), aparece otra faceta de Octaviano: la de general victorioso. En realidad, si hacemos caso a las crónicas y chismorreos, Octaviano era débil, enfermizo y se quitaba del medio en el momento que olía una batalla, llegando incluso a meterse varios días en un pantano hasta que pasó el peligro de Filipos. Pero sabía elegir bien a sus generales. Gracias a ellos, gana a aquella fuerza de la naturaleza que era Marco Antonio. También tenemos que tener en cuenta que, aunque Marco Antonio no era precisamente una virgen vestal, fue el blanco de una campaña de calumnias hábilmente orquestada por Octaviano.

Augusto de Actium.

Augusto de Actium.

Y después de Actium, Augusto queda dueño del mundo. Con sus achaques, con sus aciertos, con sus equivocaciones, pero será único. Pero aunque es el centro de todas las miradas, su figura sigue siendo un misterio. Su sello personal fue la esfinge, la guardiana de los secretos. La esfinge que también aparece en la coraza de su estatua de “Prima Porta”.

Para los millones de romanos que jamás vieron a Augusto, su figura solo tiene dos representaciones. Una la de Octavio joven, parecida a la de todos los adolescentes de su época y otra llamada “de Actium”. Augusto vencedor, en la plenitud de su vida con el pelo peinado en la forma de garra de león y cola de golondrina. Y ya no envejece jamás. Para sus súbditos, es un dios eternamente joven. Para hacernos una idea de cómo sería en su vejez, os traigo una foto del Augusto de la magnífica serie “Yo, Claudio”.

Augusto de "Yo, Claudio".

Augusto de “Yo, Claudio”.

Con respecto a la moralidad, ni Octavio ni Octaviano fueron ejemplo de ella. Casado con Clodia Pulcra, se divorció en extrañas circunstancias para casarse con Escribonia. No menos extraño fue su tercer matrimonio con Livia, casada entonces y embarazada. Cuando se convirtió en Augusto intentó sin éxito, éxito que no alcanzó ni en su propia familia, reformar las costumbres. Según los chismorreos de la época, Augusto tenía un miedo cerval a Livia, con la que no pudo tener ningún hijo, y se desfogaba con mujeres de baja condición. La leyenda de que resistió a los encantos de Cleopatra, es falsa. Cuando se entrevista con Octavio, Cleopatra tiene ya 39 años y ha perdido el encanto que le sirvió para seducir a César y a Marco Antonio.

Los esfuerzos de Augusto para gobernar el imperio, sus deseos de abdicar, deseos impedidos inmediatamente por el senado en una obra teatral magnífica en la que los dos participantes saben como va a acabar la cosa y lo tienen magníficamente ensayado, es la parte principal del libro. También el autor dedica mucho tiempo al estudio de los honores concedidos a Augusto y los rechazados por él, así como a su infelicidad familiar.

Quiero terminar con una idea que no aparece en el libro, pero que debía estar: la influencia de Augusto en el cristianismo. Dicho así, parece absurdo, pero no lo es. Augusto fue en su época y posteriormente la personificación del poder, de la majestad. Y los cristianos aprovechan alguna de sus características para atribuírselas a Jesús. Por ejemplo, el texto de Suetonio, que después de adaptó a Jesús y Herodes, y el hecho de que Augusto, hijo adoptivo de Julio César fuese llamado “Hijo de Dios”.

Augusto y sus amigos.

Augusto y sus amigos.

 

Posteado por: fernando2008 | 19 febrero 2017

San Antonio de la Florida, Luisa Fernanda y Alcántara.

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Cuando terminé la carrera, tuve la increíble suerte de comenzar mi docencia en Alcántara, el pueblo de mi madre, el lugar donde están enterrados mis abuelos y gran parte de mi familia. Fue un magnífico augurio. Comenzaba mi trabajo con muy buen pie.

En los años setenta, la política del ministerio de Educación (ni se barruntaba entonces la idea de las comunidades autónomas) era bien clara. Ahorro. Así me vi impartiendo clases de Historia, Geografía, Arte, Filosofía… y Música.

Nada que decir de las cuatro primeras asignaturas, asignaturas serias, de las que tenía más o menos idea. Pero la Música era otra cosa. Mi educación musical, autodidacta por más señas, terminaba y termina, en los grandes compositores del XIX. Todo lo que viene después de los Strauss era y sigue siendo para mí “terra incognita”. Sin embargo, con la alegría de mis veintitantos años, me tomé la Música como un reto. Quise infundir en la mollera de mis magníficos alumnos de Alcántara que había más allá de la música discotequera. Y creo que lo conseguí.

De la misma manera que la explotación didáctica del medio hizo que, muchos años después, mis alumnos de Arroyo de la Luz terminasen queriendo (u odiando, no lo sé) a Luis de Morales, busqué algo que conectase Alcántara con la música clásica. Y lo encontré en la zarzuela “Luisa Fernanda” parte de cuya acción se desarrolla muy cerca de allí, en Piedras Albas.

La primera vez que se oyó en mi clase la música de la zarzuela, los alumnos se miraron asombrados. ¡Este dinosaurio nos trae música prehistórica! Incluso un día que fuimos de excursión puse una cinta de la susodicha zarzuela, música acallada por gritos de indignación. ¡Queremos música de ahora, música de verdad!

Pero poco a poco, la sensibilidad que hay en todo cerebro joven, fue abriéndose paso. Mis alumnos comenzaron a apreciar la buena música. Y comenzaron a entender “Luisa Fernanda”. Uno de los momentos más gratificantes de esta etapa fue cuando vi lágrimas en los ojos de algunas alumnas ante el final de la zarzuela en el que Plácido Domingo (no hay otro Vidal Hernando mejor que el suyo) declara que sin su morena, no sirve ya para nada.

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Y el tiempo pasó. Cuando aprobé las oposiciones y tuve que marcharme de Alcántara, salí llorando a lágrima viva. No me avergüenza decirlo. Es un homenaje que debo al pueblo de mi madre. Y a mis primeros alumnos.

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Hace dos días, por fin pude conocer la ermita de san Antonio de la Florida. Visitándola resonaron en mis oídos la “mazurca de las sombrillas” y volví a recordar el pueblo de mi madre, el pueblo de mis dos hijos, el de mi primer trabajo, el pueblo donde fui tan feliz.

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Posteado por: fernando2008 | 18 febrero 2017

Sorolla en París

 

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captura-de-pantalla-2017-02-18-a-las-16-19-24No. No ha sido uno de mis famosos ataques de “vaguitis aguda”. Llevo casi tres meses de un trabajo frenético gracias a (o por culpa de) un documento que he desempolvado del Archivo Provincial de Cáceres. Un documento de 87 folios con una letra microscópica. ¡Cómo podrían escribir miniaturas los escribanos del XVIII!. Pero la ocasión merece que salga de mi retiro y comparta con vosotros esta experiencia.

Como historiador estoy totalmente en contra del dicho: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No es cierto. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Y entonces, nosotros teníamos otro cuerpo, teníamos otras fuerzas, teníamos otra mirada. Lo mejor eran esos días azules, ese sol de la infancia, no la situación económica o social por la que atravesábamos.

Esos días azules y ese sol de la infancia, han pasado irremediablemente. Nunca volverán. Aunque, a veces, podemos atisbarlos por el rabillo del ojo. Como, por ejemplo, mirando los cuadros de Sorolla.

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Alguien ha calificado el estilo de Sorolla como “luminiscismo valenciano”. Creo que es muy correcto. Sorolla es luz, Sorolla es blanco, Sorolla es azul. Es una vela blanca que se está cosiendo en un patio lleno de sol de flores. Sorolla es la piel mojada de los niños que se bañan en el mar. Sorolla es el viento que mueve la ropa de las dos mujeres que pasean por la playa, vestidas de blanco, con zapatos negros la primera y blancos la última. Lo de Sorolla no es pintar: es robar la luz y el color a la naturaleza

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Sorolla es todo lo que nos queda de nuestros días azules y del sol de nuestra infancia.

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Sé que hay otros Sorollas. Hay el magnífico Sorolla retratista, que se autorretrata con la seriedad en su mirada, mostrando los recovecos del alma. Hay, incluso un Sorolla pintor de batallas.

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Y hay, también, un Sorolla que ha influido en el traje regional de Cáceres. Un Sorolla que vio un Martes Mayor a un grupo de montehermoseñas vendiendo cencerros para las ovejas, con sus gorras de trabajo, gorras que había inventado hacía poco una señora que no era de Montehermoso. Pero que la mirada y el pincel de Sorolla las unieron para siempre al traje popular de Cáceres.

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Muchos Sorollas hay, y mucho ha aportado Sorolla a la pintura española. Pero por lo que estará siempre en mi corazón es por haberme permitido ayer volver a ver por un momento los días azules y el sol de mi infancia.

Posteado por: fernando2008 | 23 noviembre 2016

Honras fúnebres.

Carlos I ante la tumba de Lutero

Carlos I ante la tumba de Lutero

 

Hoy nos hemos levantado con la muerte de la senadora Rita Barberá. Como siempre, en este país llamado España sobre el que vaga la sombra de Caín, los dos bandos han formado sus haces y se han lanzado el uno contra el otro, esgrimiendo todo tipo de armas: armas de reglamento y navajas cabriteras.

Hay que aclarar que dicha señora no ha sido víctima de una cacería. Ha sido víctima de un procesamiento por parte del Tribunal Supremo. Cacería sería la del concejal Zapata, juzgado tres veces por el mismo delito. O la de “Podemos” seis veces juzgado y seis veces absuelto sobre la financiación de Venezuela. De todas formas, ese argumento deja mucho que desear pues lo esgrime, como navaja cabritera, el mismo que dijo que “los que tienen a sus padres enterrados en las cunetas, solo se acuerdan de ellos cuando hay subvenciones que cobrar”. El argumento retrata a quien lo dice, no a los huérfanos.

Otra locuaz comentarista de televisión, se hace la ingenua diciendo que que la señora Barberá “está acusada de donar mil euros a su partido”. ¡Deliciosa ingenuidad! Su buen corazón no le permite pensar mal. No le permite pensar mal de los suyos. De los demás sí. “Estoy convencida que si gana “Podemos” no volverá a haber elecciones en España”. Porque sí. Porque lo digo yo, y basta. Para eso tengo mi propia bola de cristal. De eso estoy segura. De lo demás no me entero.

Cuando murió José Antonio Labordeta, diputado en el Congreso, (quiero recalcarlo) durante ocho años, el presidente entonces del Congreso señor Bono, no permitió un minuto de silencio en el Congreso, porque no se había hecho nunca. Cuando el diputado Muguruza fue asesinado, tampoco se le dedicó un minuto de silencio. No se había hecho nunca y no era cuestión de crear un precedente.

Hoy hemos visto como el Congreso de los Diputados homenajeaba con un minuto de silencio a la senadora Rita Barberá. ¡Ya hay un precedente! Ha sido necesario la muerte de una persona con tantos méritos como la senadora Barberá para que el Congreso de los Diputados por fin cree ese precedente. La ocasión lo merece. ¿No?

¿Mi postura?. Que es al fin y a la postre lo que algunos impacientes seguidores me están pidiendo. Pues ahí va. Pero, como profesor de Historia que fui, escondida en una anécdota histórica.

Corría el año de gracia de 1547. Carlos I de España había vencido a los protestantes y entrado triunfalmente en Wittenberg. En el castillo de esta ciudad estaba la tumba de Martín Lutero. El emperador se para ante ella y algún pelota que siempre hay, tanto en Alemania como en España, añade leña al fuego sugiriéndole que desentierre al fraile y queme su cadáver. Carlos I responde: “Dejadle descansar. Él ya ha encontrado a su Juez. Yo hago la guerra a los vivos, no a los muertos”.

Yo también.

 

Posteado por: fernando2008 | 16 septiembre 2016

Matilde Asensi. El regreso del Catón.

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Nunca segundas partes fueron buenas. Me gustó El último Catón, magnífica novela de aventuras con La divina comedia como mapa para la búsqueda del tesoro, pero el tema está ya muy explotado. Arqueólogos casados con ex-monjas, ayudados por unos misteriosos millonarios, se lanzan a la aventura de encontrar los osarios de Cristo y de toda su familia. Los “Illuminati” al uso, bajo el mando de una alta jerarquía del Vaticano, por supuesto a espaldas del papa Francisco, intentan, por todos los medios criminales y rastreros, evitarlo pero son vencidos. Al final, el bien triunfa, pero los osarios vuelven a ser escondidos en otro sitio, supongo más seguro.

Esta vez el mapa del tesoro son las “Bienaventuranzas”. Bueno, tras la utilización de Leonardo, Bernini, Dante, Miguel Ángel e incluso Vivaldi, supongo que se hacía necesario buscar nuevos acertijos y soluciones a esos acertijos.

Hay además, como aderezo para esta salsa, unas cartas del famoso Marco Polo. Después de ver una serie en la que el mismísimo Marco Polo está admirando la basílica de San Giorgio Maggiore, me lo espero todo. ¡Curioso viajero que después de estar veinte años en China y viajar por todo el imperio no menciona jamás el té ni de la Gran Muralla!. Hay muchas lagunas en la historia del veneciano. Tantas como en esta novela.

En primer lugar, no he visto en ninguna de las civilizaciones que he estudiado, que un osario se señale con el nombre del hermano del muerto. Que en un osario se lea: “Santiago, hermano de Jesús el Mesías” me da muy mala espina. Pudiera ser, por la relevancia de Jesús, pero no lo creo. Si hay alguna constante en la historia del siglo I en Judea, es que los grandes hechos del cristianismo son ignorados completamente por los historiadores de la época. Jesús no fue muy conocido en su tiempo. Fue, uno de los veinte mesías que crucificaron los romanos. Y, normalmente, los osarios sirven para contener los huesos de toda la familia. No se usaban osarios individuales. Y Nazaret, pese a quien pese, no existía en tiempos de Jesús.

Pero la pega más grande no la encontraremos ni en la arqueología ni en la historia. La encontramos en el propio Pablo de Tarso cuando dice: “Si Cristo no ha resucitado, vana es entonces nuestra predicación, y vana también vuestra fe”. (1 Corintios 15:14).

Un Resucitado puede tener un sepulcro, del cual salió al tercer día. Pero nunca tendrá un osario.

 

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