Posteado por: fernando2008 | 12 julio 2008

Bienvenida

Hola navegante. Ignoro qué vientos del ciberespacio te han traído a esta página.

Pero sé bienvenido.

¿De qué voy a hablar? De lo que me llame la atención y me haga reflexionar.

Fiódor Dostoievski.

 

 “Un intelectual es aquella persona para la cual los problemas políticos son, ante todo, problemas morales”.

Max Aub.

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Posteado por: fernando2008 | 4 febrero 2019

Allende, Maduro y el diablo.

– Maestro ¿te puedo hacer preguntas ya?

– Sí, Adso. Has sido un buen amigo dejándome en paz en este año tan doloroso. Puedes volver a hacerme preguntas.

– Muchas gracias, me alegro que estés recuperado. Hoy quisiera preguntarte, ya lo habrás adivinado, por Venezuela.

– ¡Difícil tema donde los haya! Adelante.

– No, sencillamente quisiera conocer tu opinión sobre lo que está pasando. Sé que tu opinión es fundada, lógica y que no se basa en bulos ni mentiras.

– Mi opinión sobre asunto, Adso, se basa en el refrán de que más sabe el diablo por viejo que por diablo.

– Otra vez tus cabriolas mentales, maestro. ¿Qué tiene que ver eso con lo que te pregunto?

– Tiene que ver que, por una vez, te voy a contestar con mi memoria, no con mis estudios de Historia.

– Adelante.

– Salvador Allende fue un socialista, como Maduro, que fue elegido presidente de Chile en unas elecciones impecablemente democráticas, como Maduro.

– Ya, pero Chile no es Venezuela.

– No te creas. Chile y Venezuela tienen mucho en común. Chile era el primer productor de cobre, en un momento en que la I.T.T. necesitaba ese metal para el desarrollo de la telefonía. Y Venezuela es el país que más reservas de petróleo tiene, en un momento en el que todos necesitamos el petróleo. Por lo que la Venezuela del 2019 es idéntica al Chile de 1970.

– Si tú lo dices…

– Lo digo. Inmediatamente que Allende subió al poder, EE.UU. inició una campaña de desprestigio contra él. Recuerdo todavía las noticias del yate de Allende.

– ¿Qué pasaba en ese yate?

– Pues de todo, y nada bueno. Grandes orgías de sexo, drogas y alcohol. Las noticias corrieron por el mundo y todos los periódicos se hicieron eco de ellas. Hasta que Allende se cansó.

– ¿Y dejó de hacer orgías?

– Mucho mejor. Ordenó que su yate se pusiese en una fuente de Santiago.

– ¿Un yate en una fuente?

– Sí. Y no solo el yate. Ordenó que los dos remos también se pusiesen en la fuente.

– ¿Un yate con dos remos que cabe en una fuente?

– Efectivamente. El yate, todos lo vieron, era una barca con dos remos.

– ¡Absurdo! ¡Ahí no se podían hacer orgías!

– Ya. Pero nadie pidió disculpas. Y se comenzó otra campaña. El monstruo de Allende decidió que todos los niños de Chile tuviesen asegurado el suministro de leche, suministro pagado por el estado.

– ¿Y eso es malo?

– Horrible. ¡Se atentaba contra el libre comercio! ¡Se intentaba manipular a los niños y, por ende, a los padres para que le votaran! Según las reglas de la libertad, los niños que tuviesen sus padres dinero, podrían tomar leche. Los que no, no debían tomarla. ¡Libertad!

– Bueno, vale. Ya me he hecho una idea. ¿Y qué pasó?

– Pues pasó lo que tenía que pasar. El general Pinochet, con el apoyo de la CIA, dio un golpe de estado, Allende murió luchando en el palacio presidencial y la paz y la libertad volvieron a Chile.

– Te recuerdo, fray Guillermo, que eso de la paz y la libertad no fue así.

– Te recuerdo Amanda.

– ¿Quién es Amanda?

– Nadie. Eres demasiado joven para recordar a Víctor Jara y a sus compañeros de cautiverio en el estadio de Santiago.

– Bueno, pero no te he preguntado por Chile. Te he preguntado por Venezuela.

– ¿Qué más da?

– ¿Estás seguro que es igual?

­– Lo será. Las cosas irán cada vez peor en Venezuela, se producirá un golpe, Maduro morirá en el palacio de Miraflores, y habrá paz, tranquilidad, libertad y democracia en Venezuela. Todos se sentirán contentos en su país, menos uno.

– ¿Quién no se sentirá contento en su nuevo país?

– El petróleo, que dejará de ser venezolano y pasará a ser estadounidense.

– ¿Y el pueblo estará contento?

– El pueblo venezolano estará tan contento en 2019 como lo estuvo el pueblo chileno en 1973. Pero ¿a quién le importa el pueblo?

– Pero no me negarás que Maduro es un dictador y una mala persona.

– ¿Comparado con quién? ¿Con el príncipe heredero de Arabia Saudí, por ejemplo?

– Vaya un ejemplo que pones.

– Pongo el ejemplo de un político muy amigo de España y al que nadie critica aquí.

– Pero Maduro reprime a su pueblo.

– Sí. Gracias a las armas y municiones que le vendió el gobierno de Rajoy.

– Dejémoslo. Veo que auguras un negro porvenir para Venezuela.

– Fíjate lo que has dicho: “augurar”. Según el diccionario “Augurar: Anunciar un hecho futuro por simple intuición o por conjeturas a partir de ciertos indicios”.

– ¿Y no es cierto?

– No. República Dominicana, Chile, Panamá, Afganistán, Irak, Libia, Siria. Son demasiado indicios ¿no te parece?

– Vamos, que Estado Unidos es para ti el Eje del Mal.

– No, porque el Eje del Mal no existe. No hay un lóbrego sótano donde unos enmascarados deciden el destino del mundo.

– ¿Entonces?

– El destino del mundo se decide en los consejos de administración de las grandes multinacionales. Ni siquiera Trump lo decide.

– Eso sí que me parece difícil de creer.

– Apelemos a mi memoria una vez más. ¿Cuál es el país que ha tenido la guerra más larga y sangrienta con los Estados Unidos?

–  Vietnam, sin lugar a dudas. Además, Estados Unidos la perdió.

– ¿Y cómo están ahora las relaciones entre Estados Unidos y Vietnam?

– Están bien. Son unas relaciones diplomáticas cordiales.

– ¿Mejor que las de Estados Unidos y Cuba?

– Muchísimo mejor. Las relaciones con Cuba son muy tirantes.

– Pero Cuba nunca estuvo en guerra con los Estados Unidos.

– Ya, pero cuando Fidel Castro tomó el poder, nacionalizó las empresas norteamericanas y desde entonces están enfrentados.

– ¿Lo comprendes ahora? 58.000 muertos estadounidenses se pueden perdonar y olvidar, y las relaciones diplomáticas pueden volver a ser normales. Pero que se nacionalicen empresas eso, el verdadero Eje del Mal, no lo perdonará jamás.

 

 

Posteado por: fernando2008 | 25 noviembre 2018

Sapiens. Yuval Noah Harari. (Y II)

IV.- REVOLUCIÓN CIENTÍFICA.

14º.- El descubrimiento de la ignorancia.

Según la tradición premoderna del cristianismo, islamismo y budismo, todo lo que era importante conocer del mundo, estaba ya conocido. “No hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés). Los científicos afirman que no hay una teoría cien por cien cierta. En consecuencia, la verdad es una prueba inadecuada para el conocimiento. La prueba real es la utilidad. Y la ciencia no es totalmente cierta, pero es útil

Las religiones piensan que un día aparecerá el Mesías y acabará con las guerras, el hambre y la muerte misma. Pero la idea de que la humanidad podrá hacer eso mismo descubriendo nuevos conocimientos, era peor que ridícula: era arrogancia.

En un principio, la ciencia no estaba subvencionada, pero pronto comenzará el dinero a fluir hacia ella porque alguien creyó que los estudios científicos podían ayudar a alcanzar algunos objetivos políticos, económicos o religiosos. La ideología justificará los costes de la investigación.

15º.- El matrimonio de la ciencia y el imperio.

Europa conquista el mundo gracias a la ciencia moderna y al capitalismo. Colón era un hombre medieval: creía conocer todo el mundo. Pero entre 1502 y 1504 aparecen dos textos, atribuidos a Américo Vespucio, diciendo que las nuevas tierras no era islas de Asia, sino un nuevo continente desconocido por la Escrituras y los geógrafos clásicos. La llegada de los españoles a América fue muy parecida a una invasión extraterrestre. Ni el Islam, ni India, ni China, habían enviado una expedición semejante.

Para los europeos, construir un imperio era un proyecto científico. Los oficiales ingleses que llegaban a la India tenían que pasar tres años estudiando derecho, idiomas, culturas indígenas y matemáticas. Por eso 5.000 funcionarios británicos y 70.000 soldados dominarán a 300 millones de indios.

16º.- El credo capitalista.

Toda la economía moderna es un fraude. A los bancos se les permite prestar diez dólares por cada dólar que posea realmente, y el 90% del dinero que existe, no está cubierto por monedas y billetes reales.

Además, el crédito se basa en la suposición de que nuestros recursos futuros serán más abundantes que nuestros recursos actuales, a diferencia del mundo premoderno en el que se creía que el futuro sería peor o, en el mejor de los casos, muy parecido. Por eso los préstamos eran pequeños, a corto plazo y con intereses elevados.

La idea del progreso hizo confiar en el futuro y esa confianza creó crédito, y el crédito produjo un crecimiento económico real, que aumentó la confianza en el futuro y generó más crédito. La codicia pasó a ser buena, pues al hacerme rico yo, beneficio a todos. Pero el crecimiento económico perpetuo va en contra de las leyes del universo y, para subsanar esto, el progreso debe crear industrias totalmente nuevas cuyos beneficios respalden ese dinero de mentirijillas.

Sin embargo, la confianza en el futuro se ve amenazada constantemente por ladrones y charlatanes. Ademas, el capitalismo no puede garantizar que los beneficios se obtengan de manera justa y se distribuyan también de manera justa, por lo que el crecimiento, sin estar regido por la ética, nos conducirá a la catástrofe.

17º.- La verdad de la industria.

No hay límites a la energía que tenemos a nuestra disposición. La economía capitalista debe aumentar constantemente la producción si quiere sobrevivir. Pero alguien tiene que consumir estos productos.

Si en la época premoderna lo bueno era la frugalidad, ahora la nueva ética promete el paraíso a condición de que los ricos sean cada vez más ricos y avariciosos y pasen su tiempo haciendo cada vez más dinero, y las masas compren cada vez más.

18º.- Una revolución permanente.

Dentro de 65 millones de años, unas ratas inteligentes contemplarán agradecidas la destrucción que la humanidad provocó.

Antes, la familia y la comunidad se encargaban de la salud, la educación y la protección social. Pero el estado empleó su naciente poder para debilitar los lazos tradicionales de la familia y la comunidad, porque en los individuos alienados puede intervenir con más facilidad que en los individuos de familias y comunidades fuertes.

La nación es la comunidad imaginada por el estado, que será nada más que una tribu de consumidores.

El estado actual casi ha acabado con las guerras de conquista. Desde 1945 ningún país independiente reconocido por la O.N.U. ha sido conquistado y borrado del mapa. Pero no es por la bondad del estado por lo que ocurre esto, sino porque las guerras son muy caras y las armas nucleares convierten la guerra en un suicidio colectivo. Además, la paz da buenos dividendos.

19º.- Y vivieron felices por siempre jamás.

Los campesinos neolíticos vivían peor que los cazadores recolectores, y los ciudadanos del siglo XXI han acabado con la mayoría de las especies y con el equilibrio ecológico sin encontrar la felicidad. Porque la felicidad es un bienestar subjetivo, el estar contento con lo que se tiene, que es más importante que obtener más de lo que se desea. No está determinada por parámetros externos como el salario, sino por un complejo sistema de nervios, neuronas, sinapsis y sustancias bioquímicas como la dopamina.

Filosofías y religiones buscan el sentido de la vida humana pero según el punto de vista científico, la vida humana no tiene ningún sentido.

20º.- El final del homo sapiens.

El homo sapiens no fue diseñado por un creador inteligente. Evoluciona de microorganismos que no tienen conciencia, ni objetivo, ni capacidad de planificar por adelantado.

Actualmente intentamos sustituir la selección natural por la ingeniería biológica, pero la ingeniería biológica la llevamos practicando con nosotros mismos, con los animales y las plantas, desde hace mucho tiempo.

La creación se produjo hace 4.000 millones de años en la singularidad, momento en el que ni el tiempo ni las leyes de la física existían, y la vida irrumpió en el reino inorgánico.

Ahora los ciborgs y los programas informáticos conducirán pronto a la sustitución del homo sapiens por otra cosa distinta, tanto en lo físico como en lo emocional y cognitivo. La pregunta es ¿en qué deseamos convertirnos?.

EPÍLOGO.

Somos más poderosos de lo que nunca fuimos, pero tenemos muy poca idea de qué hacer con ese poder.

Pero del uso de ese poder se hablará en el siguiente libro Homo Deus: Breve historia del mañana.

Posteado por: fernando2008 | 22 noviembre 2018

Sapiens. Yuval Noah Harari. (I)

Un amigo mío me dijo en cierta ocasión que si lees el libro de Harari, y lo entiendes, deberían convalidarte la carrera de Historia. Y algo de razón tiene. Este libro me ha impresionado bastante, y solo recuerdo una sensación parecida cuando leí La Biblia desenterrada de Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman, y por la lectura, ya más antigua de Estudios de la Historia, de Arnold J. Toynbee. Son cinco partes con un total de veinte capítulos. La reseña me ha salido un poco larga, pero merece la pena.

I.- REVOLUCIÓN COGNITIVA.

1º.- Un animal sin importancia.

En comparación con el chimpancé, que invierte cinco horas diarias masticando alimentos crudos, al hombre le basta una única hora para masticar alimentos cocinados. Y dado que un intestino largo y un cerebro grande no puede coexistir en un mismo cuerpo por el enorme consumo de energía se suponen los dos, al acortar el intestino, gracias a los alimentos cocinados, se abre el camino para el enorme cerebro del sapiens.

2º.- El árbol del saber.

La característica principal del lenguaje humano no es transmitir información sobre cosas que existen, cosa que hacen los lenguajes animales. El lenguaje humano puede transmitir información sobre cosas que no existen, sobre los mitos. El pegamento mítico funciona y aglutinará a un gran grupo de personas que cooperarán con éxito si creen en mitos comunes: dioses, naciones, corporaciones…

3º.- Un día en la vida de Adán y Eva.

Los cazadores recolectores cazaban un día de cada tres y recolectar les ocupaba alrededor de tres horas diarias. Tienen pues menos horas de trabajo, menos tareas domésticas y comen regularmente decenas de alimentos que les proporcionan los nutrientes necesarios. Son más altos y sanos que sus descendientes campesinos, y tienen menos enfermedades, pues la viruela, el sarampión y la tuberculosis son enfermedades originadas en los animales domésticos.

4º.- El diluvio.

El verdadero diluvio en la Tierra fue la aparición del homo sapiens, que acabó con la mitad de las grandes bestias del planeta antes de que los humanos inventasen la rueda. La primera oleada de la colonización del sapiens fue un de los desastres ecológicos mayores que ocurrieron en el reino animal.

II.- REVOLUCIÓN AGRÍCOLA.

5º.- El mayor fraude de la Historia.

La revolución agrícola dio a los agricultores una vida peor que la de los cazadores. Trabajaban más horas, lo que provocó una serie de dolencias como artritis y hernias, y la dieta de cereales es más pobre en minerales y vitaminas, difícil de digerir y mala para dientes y encías. Los cazadores podían resistir los años difíciles, incluso sin comida acumulada, pero en época de malas cosechas los agricultores morían de hambre. Además, al vivir siempre en el mismo lugar, las mujeres podían tener un hijo al año, lo que provocó la superpoblación, la mortalidad infantil y la dependencia de los cultivos. Fue el trigo quien domesticó al hombre, no al revés.

6º.- Construyendo pirámides.

La preocupación por el futuro es la incertidumbre fundamental de la agricultura. Se produce más, cuando se puede, para acumular reservas. La élites viven a costa de las reservas acumuladas por los campesinos, y para justificarse se inventan relatos de dioses, patrias y sociedades anónimas. La mitología forma vínculos sociales pero, a diferencia de la ley de la gravedad que sigue funcionando aunque nadie crea en ella, el orden deja de funcionar si nadie cree ya en él. El orden necesita la violencia, ejército, para subsistir. Y además necesita creyentes, sacerdotes.

7º.- Sobrecarga de memoria.

El orden imaginado necesita esfuerzo para mantenerlo, pero el cerebro no es un buen dispositivo de almacenamiento por su poca capacidad. Además, el cerebro muere. Por eso los sumerios inventaron un sistema para almacenar gran cantidad de datos fuera del cerebro. Fue la escritura.

8º.- No hay justicia en la historia.

La jerarquía niega sus orígenes ficticios y afirma ser natural e inevitable. La jerarquía sirve para que personas totalmente desconocidas sepan cómo tratarse mutuamente, sin perder tiempo ni energías al presentarse. Y si se desea mantener aislado a un grupo humano, el mejor modo es convencer a los demás que ese grupo es una fuente de contaminación.

Pero la jerarquía social está basada en mitos, y desde una perspectiva biológica nada es antinatural. Lo antinatural es un concepto de la teología. Así, se tomará por natural la esclavitud, y se valorará más la masculinidad que la feminidad, pero no hay relación entre fuerza física y poder social. Los esclavos eran más fuertes que los amos, y las mujeres son mas resistentes al hambre, a la fatiga y a la enfermedad que los hombres. Será una paradoja que que una especie, cuyo éxito depende fundamentalmente de la cooperación, sea regida por hombres, que son mucho menos cooperativos que las mujeres.

III.- LA UNIFICACIÓN DE LA HUMANIDAD.

9º.- La flecha de la Historia.

Los hombres crearon instintos artificiales que permitieron que millones de extraños cooperaran de manera efectiva. Esta red de instintos artificiales se llama “cultura”.

Las culturas tienen contradicciones, como las órdenes militares que unen cristianismo y caballería, o la de libertad e igualdad. La resolución de esas contradicciones hace que la historia se desplace en una dirección: se desplaza implacablemente hacia la unidad.

El primer orden universal fue el económico. Para los comerciantes, todo el mundo era un mercado único y todos los humanos clientes potenciales.

El segundo fue el orden imperial. Para los conquistadores, el mundo era un imperio único y todos los humanos súbditos en potencia.

Y el tercer orden universal fue el religioso. Para los profetas, todo el mundo debía creer en una única verdad, y todos los humanos eran creyentes en potencia.

10º.- El olor del dinero.

Cortés dijo a los aztecas que sus compañeros y él tenían un mal de corazón, enfermedad que solo se sanaba con oro.

El oro se ha revelado como el mejor sistema de intercambio, muy superior al trueque y sin sus inconvenientes. El dinero será el más universal y eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado. No confiamos en el vecino o el extraño: confiamos en las monedas que tiene. Si se le acaban las monedas, se nos acaba la confianza.

11º.- Visiones imperiales.

Los imperios se caracterizan por mantener fronteras flexibles y un apetito potencialmente ilimitado. Consiguen unir grupos étnicos diversos y zonas ecológicas diferentes bajo un único paraguas político, fusionando así segmentos cada vez mayores de la especie humana, reduciendo su diversidad. La estandarización era una bendición para los emperadores.

12º.- La ley de la religión.

La religión es la tercera gran fuerza unificadora de la humanidad. Es un sistema de normas y valores humanos que se basan en la creencia de un orden sobrehumano universal que sea válido siempre y en todas partes. Ha de ser universal y misionera.

Los pueblos primitivos querían comprender el orden sobrehumano que regulaba su valle y ajustar su comportamiento en consecuencia. No tenía sentido convencer a los del valle lejano para que siguiesen sus mismas reglas.

El primer efecto religioso de la revolución agrícola fue convertir en propiedad a las plantas y animales que antes eran miembros iguales en la espiritualidad. También hacer que los dioses mediasen entre los hombres y las plantas o animales.

El politeísmo tiene un poder supremo que no tiene interés ni prejuicios, por lo tanto no les importa los deseos de los hombres. Pero los humanos pueden hacer tratos con los poderes parciales, y confiar en su ayuda para ganar guerras o recuperarse de la enfermedad. Cuando los politeístas conquistaron imperios, no intentaron convertir a sus súbditos.

Todo esto cambió con el monoteísmo. Los monoteístas piensan que siguen al único y verdadero Dios. Por lo tanto, deben desacreditar a las demás religiones.

Pero se encuentran con el problema del Mal. Cuando el Bien y el Mal luchan ¿qué leyes comunes obedecen y quién decreta esas leyes? ¿Cómo justificar que el cuerpo y la materia son malignos, si todo ha sido creado por un Dios bueno? ¿Cómo creer que el Dios bueno y omnipotente necesita la ayuda de los hombres para luchar contra el diablo, justificando así yihads y cruzadas? Esta contradicción dará lugar a varias religiones o modos de pensar.

Budismo: El orden sobrehumano que rige el mundo es producto de leyes naturales, no de caprichos divinos. Cuando el budista comprenda que las cosas son como son, cesará el sufrimiento.

Comunismo: Creen también en un orden sobrehumano de leyes inmutables que deben guiar a la humanidad. La humanidad es colectiva, no individual como dice el humanismo liberal. La idea de que todos los hombres son iguales es una versión renovada de que todas las almas son iguales ante Dios.

Nazismo: Para ellos, la humanidad no es algo universal y eterno, sino una especie mutable que puede evolucionar o degenerar. El hombre puede evolucionar  hacia el superhombre o degenerar en un subhumano. Los nazis querrán acabar con los degenerados y fomentar la evolución progresiva de la humanidad.

13º.- El secreto del éxito.

No hay ninguna prueba de que las culturas que son beneficiosas para los humanos triunfarán inexorablemente, y la perjudiciales desaparecerán. Las culturas no son conspiraciones de unas personas para sacar provecho de otras. Las culturas son parásitos mentales que surgen accidentalmente y se aprovechan de todas las personas a las que infectan. Es curioso como las pautas de comportamiento que dañan a todos los jugadores, consiguen no obstante arraigar y extenderse, lo que prueba que la cultura hace caso omiso de la felicidad de los organismos individuales.

Posteado por: fernando2008 | 10 noviembre 2018

Yo, Julia. Santiago Posteguillo.

Diuturni silenti, patres conscripti.

Marco Tulio Cicerón.

 

 

Que Santiago Posteguillo es un magnífico novelista, es algo que casi todos saben. Que es uno de los principales autores de novela histórica, también. Pero lo que puede no estar tan claro para su público, entre el que me incluyo, es que se documenta exhaustivamente antes de escribir cada novela y, lo que para mí es más de destacar, sabe elegir perfectamente el tiempo y el personaje.

El imperio romano no era un “mar violeta oscuro”, en donde se reconocían y promovían los derechos de las mujeres. En el capítulo LXIV, el autor pone en boca del senador Claudio Pompeyano un repaso a todas las emperatrices de los dos primeros siglos del imperio. Incluso define la actividad de la gran Livia, la esposa de Augusto, como “caza menor”. Livia solo quiere que su hijo Tiberio sea emperador. Bien es verdad que está dispuesta a hacer cualquier cosa, literalmente cualquier cosa, para conseguir este objetivo. Pero al fin y a la postre, esto no es más que amor de madre. No hay otro cálculo, otro plan político de gran envergadura, detrás de ese amor, como lo hubo en el plan de Julia.

Julia Domna comienza su particular cursus honorum femenino con una doble desventaja: es mujer, y no es romana. Ni el mismísimo Julio César se atrevió a casarse con la extranjera Cleopatra, ni Tito lo hizo con su gran amor, Berenice. La aristocracia romana era un grupo tan orgulloso y cerrado, que incluso a Pompeyo el Grande y a Marco Tulio Cicerón los consideraban “hombres nuevos”, unos parvenus. Podéis imaginar lo que dirían de una siria que, por sus propios méritos, consigue auparse hasta el trono imperial. Las críticas debieron ser de tal magnitud que Posteguillo ha tenido que inventar varios personajes femeninos para materializarlas. Mucho después de su muerte, se siguió achacando a Julia su promiscuidad. Nadie pareció darse cuenta que una constante en la vida de nuestra protagonista fue el estar siempre al lado de su marido: en la capital de la provincia, en el palacio imperial o en los campamentos de las guerras, jamás se separó de Septimio Severo. Y Septimio no era una persona que transigiese con los devaneos de nadie.

La narración que hace el médico Galeno de la vida de Julia, empieza y acaba demasiado pronto. Apenas nos dice nada de su infancia y juventud, excepto que el amor por Septimio Severo fue fulminante, y termina cuando la pareja imperial llega al máximo de su gloria. Hay escenas líricas en el encuentro entre los esposos tras las batallas, y momentos épicos, como la magnífica descripción de la batalla de Lugdunum, el clímax de la novela. Cuando el emperador entrega a su mujer una moneda de oro con la efigie de Julia, parece que nuestra protagonista ha alcanzado la cima.

Y efectivamente, ha alcanzado la cima, por lo que a partir de entonces no hará más que caer, hasta terminar suicidándose en Antioquía. Por eso Galeno, con muy buen juicio, cuenta los capítulos de la vida de Julia no en función de sus años, sino en función de sus enemigos. Los cuatro primeros conseguirá vencerlos, los demás, entre ellos Plauciano, el malo de la novela, terminarán venciéndola y apartándola del amor de su marido. Retirada de la vida pública, y dedicada al estudio de la filosofía y la medicina con su inseparable Galeno, volverá a la escena pública gracias a su hijo Caracalla, consiguiendo el título más glorioso dado jamás a una mujer en Roma: Iulia pia felix Augusta mater Augusti nostri et castrorum et senatus et patriae.

Cuando subáis al Capitolio, y miréis desde arriba el arco triunfal de Septimio Severo pensad, como estoy pensando yo en esta fotografía, que detrás de un gran hombre, por muy emperador victorioso de Roma que sea, siempre hay una gran mujer.

 

Posteado por: fernando2008 | 8 abril 2018

Puri Teruel. Los días se suceden.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“Yo que siempre me afano y me desvelo/ por parecer que tengo de poeta/ la gracia que no quiso darme el cielo/”, decíamos Cervantes y yo. Cervantes mentía; solo hay que leer su obra La Numancia para darse cuenta que era un magnífico poeta. Yo, digo la verdad. Entre mis méritos no está el de ser poeta. Los pocos poemas que he escrito han sido todos burlescos, y la poesía no ha sido nunca mi lectura favorita.

Quizás ahora, por estar más sensible de lo que he estado nunca, y por haber conocido a Puri, ese problema que tenía con la poesía se ha atenuado un poco. Solo un poco. He leído su libro, su ópera prima, y me ha impresionado. Por eso, voy a compartir mis impresiones con vosotros.

La primera de éstas, es que Puri es una poeta triste (la llamo “poeta” porque a ella no le gusta la palabra “poetisa”). E inmediatamente, buscamos la raíz de su tristeza en una vida desgraciada. Error. Puri explica este hecho en un poema magnífico, poema con el que abro este comentario. La tristeza no proviene de ella, de su vida, de su familia. La tristeza proviene la mirada que lanza al mundo que le rodea, del dolor de ese mundo. Y tiene razón. Hay muchos motivos de tristeza para una mujer en el mundo que nos ha tocado vivir. “Hay poemas que, al escribirlos, un hilillo de sangre se desliza por el borde de sus líneas”.

Pero nuestra protagonista no se queda en su tristeza. Es una luchadora, aunque ella misma confiese que “lo más peligroso que he hecho en mi vida, ha sido mezclar la ropa blanca con la ropa de color”. Sus poemas no son meros ejercicios retóricos, o ensimismamientos en una tristeza estéril. Sus poemas “nos abren los ojos para mostrarnos el hedor del mundo”.

“Ha llegado la hora de gritar alto, ¡bien alto! mujer, tu nombre bien alto. Que nadie patee tu sombra, mujer, ¡ni tu sombra!” es un poema con el que todos debiéramos estar de acuerdo. No ya por justicia, sino incluso por utilidad. Una especie no puede condenar a la improductividad al cincuenta y uno por ciento de sus cerebros, para beneficio y comodidad del otro cuarenta y nueve. El único argumento a favor de esta monstruosa injusticia es el de que así ha sido siempre, más o menos endulzado con la coletilla de los distintos roles del hombre y de la mujer, roles que se desmoronan en cuanto se analizan, aunque sea someramente. En la Prehistoria, la mujer era cazadora como el hombre, e incluso fue superior a él, porque fue la inventora de la agricultura. Pero cuando el culto a la Gran Madre decayó, sustituido a sangre y fuego por el culto del dios masculino, las mujeres iniciaron un largo y doloroso camino hacia la inferioridad, camino que todavía hoy algunos intentan que sigan recorriendo. Contra esta inercia lucha este libro.

“A las mujeres que yo conozco les robaron el chocolate caliente de los sábados. Les negaron la entrada al paraíso (…) Ellas se levantan por la mañana y con sus pechos encienden el mundo. Están por todas partes: en las tiendas de ultramarinos, en las paradas de los autobuses, en las cocinas cloacas de algún bar de carretera, en la sala de espera de cualquier hospital, en el metro, en sus casas cocinando las tristezas”. Y estas mujeres, que están por todas partes, que con sus pechos encienden el mundo, no pueden ser subyugadas, sometidas, discriminadas y ninguneadas ni un momento más. Es contra esto contra lo que lucha Puri, en Los días se suceden que si bien es de poemas, es un libro profundamente revolucionario.

Porque la próxima revolución será feminista, o no será.

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