Posteado por: fernando2008 | 12 julio 2008

Bienvenida

Hola navegante. Ignoro qué vientos del ciberespacio te han traído a esta página.

Pero sé bienvenido.

¿De qué voy a hablar? De lo que me llame la atención y me haga reflexionar.

Fiódor Dostoievski.

 

 “Un intelectual es aquella persona para la cual los problemas políticos son, ante todo, problemas morales”.

Max Aub.

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Posteado por: fernando2008 | 13 octubre 2017

Cataluña

El 11 de septiembre de 1977 estuve en la plaza de san Jaime para recibir a José Tarradellas, con una bandera del P.S.U.C. y gritando: “Libertad, amnistía y estatuto de autonomía”. Previamente, me había comprado una gramática, un diccionario de catalán y una cinta de magnetofón para aprenderme “Els segadors”. Internacionalismo proletario.

¡Cómo ha cambiado el cuento! Al menos en lo que a mí respecta. Primero fue el hecho diferencial, hecho que, según Albert Boadella se reduce a sentirse superiores a los demás. Lógico. En toda la historia universal, jamás,  jamás, ningún grupo humano ha confesado sentirse inferior a los demás. Si te sientes diferente es porque te sientes superior, aunque esa superioridad no tenga una explicación racional. La única que apunta el señor Junqueras es que los catalanes son genéticamente más afines a los franceses que a los españoles. El hecho de que los antepasados del señor Junqueras provengan del pueblo extremeño de Esparragalejo, parece no contar. La genética para los nacionalistas siempre se ha basado en profundos misterios de fe. El hecho de que Hitler no fuese alemán, Napoleón no fuese francés y Stalin no fuese ruso es, simplemente, una simpática anécdota. O que los fervores nacionalistas tienen siempre algo más detrás de ellos.

La burguesía catalana inventó el nacionalismo para luchar contra el internacionalismo proletario, sin cuestionar jamás el régimen del que sacaban provecho. Así, Francesc Cambó fue monárquico, Lluís Companys fue republicano, Juan Antonio Samaranch fue franquista, Jordi Pujol y Artur Más, nacionalistas, y Carles Puigdemont independentista. Recuerdo la anécdota de un cámara de cine que filmó el entierro de Durruti y la entrada de las tropas franquistas en Barcelona y al comparar las dos películas decía escandalizado: “¡Son los mismos! ¡Exactamente los mismos!”

Me temo que ésta es la verdadera historia, no ese patético relato digno de una “Antología del disparate”, si no fuese por el triste hecho de que la Generalitat lo ha financiado y el P.P. y el P.S.O.E. consentido a cambio de un puñado de votos. Los ejemplos de ese desatino me hacen enrojecer de rabia y no voy a publicarlos una vez más. Solo diré que John Elliott, un historiador de reconocido prestigio, constató horrorizado que los universitarios catalanes creen firmemente que en 1936 hubo una guerra de toda España contra Cataluña. Con una historia así, se comprende que la gente se crea que la Unión Europea acogerá a Cataluña con los brazos abiertos. Supongo que los corsos, los valones, los padanos estarán ansiosos por darle también la bienvenida y comenzar sus fiestas particulares. O creerse las palabras de Más de que las empresas y los bancos no abandonarán Cataluña. Solo 250 empresas al día. O que los Mozos de Escuadra son dulces hermanitas de la Caridad cuando cargan, en comparación con la Policía Nacional. O que la esperanza media de vida aumentará en Cataluña con la independencia.

En el otro lado, tenemos al presidente Rajoy, brioso defensor de la Constitución, menos cuando permite que se cambie en un fin de semana para defender a los bancos. Adalid del artículo 2, pero al que el 35 y el 47 no le inquieta lo más mínimo. Guardián del estado de derecho, al que machaca con el mismo martillo con el que machacó los discos duros de Bárcenas. El que establece que todo debe hacerse dentro de la ley, desde un despacho construido con dinero negro, con todos los tesoreros de su partido imputados, y que ha conseguido su cargo gracias a unas elecciones manipuladas por el dinero que las empresas le han donado a cambio de favores con el dinero de todos. El partido más corrupto de Europa, dando lecciones de legalidad. La anécdota de que el empresario que ha puesto una bandera enorme en un edificio, debe más de cien millones a Hacienda, es muy ilustrativa. Banderas tapando corrupción.

Pero no es esto de lo que quiero hablaros hoy. Hoy quiero hablaros del odio. Patriotismo es, en palabras de De Gaulle, el amar a su país. Nacionalismo es odiar a los demás países, países que son inferiores al mío por la sencilla razón que yo nací en él y, por lo tanto, el mío es superior a todos. Los que no quieran aceptar esta sencilla razón, deben ser exterminados. Y ya adelanto que los demás países no la van a aceptar, porque ellos también piensan que son superiores. Comienza el espectáculo.

La república catalana será un oasis de paz, trabajo y riqueza, donde las empresas y los unicornios pacerán con toda tranquilidad, bajo la benévola mirada de Europa. No entienden que alguien se pueda oponer a esa Edad de Oro. ¡Votar nunca puede ser delito! Efectivamente. Tampoco puede ser delito hacer el amor, si los dos quieren. Si uno no quiere ya es violación y por lo tanto delito. Recuerdo una entrevista que Jordi Évole hizo a un mando de los Mozos de Escuadra. Cuando Évole le reprochó que los Mozos hubiesen cargado contra una manifestación pacífica el mando respondió: “En el momento que nosotros les decimos que abandonen el lugar, y no lo hacen, ya no es una manifestación pacífica. Están haciendo resistencia a la policía”. Nuevamente, el cuento cambia según quien lo cuente. Pero, lo cuente quien lo cuente, lo cierto es que una parte de la población catalana no está dispuesta a abandonar la idea de la independencia, pase lo que pase, y diga España lo que diga.

En el otro lado está España, una realidad ilusionada e ilusionante, que no admitirá jamás que se quiebre su unidad. Esa unidad está en la Constitución, y por ella, si es necesario, intervendrá el ejército. ¡Lástima que el ejército no defienda también el derecho a un trabajo y a una vivienda digna! Eso también está en la Constitución, pero a nadie parece importarle. Nos escandalizamos de que los independentistas catalanes incumplan sus propias leyes, mientras nosotros incumplimos las nuestras. Es muy bonito ver a Barcelona lleno de banderas españolas, pero la bandera suiza impera en nuestra economía. Bruselas apoya la unidad de España. Hay que gritarlo a los cuatro vientos. Pero cuando Bruselas critica la corrupción en España nadie se entera.

El estado español nunca aceptará negociar de tú a tú con el presidente de una comunidad autónoma española. La Unión Europea apoya la unidad de España, porque si hiciera otra cosa Europa se partiría en un montón de mini estados. Las empresas no aceptarán una inseguridad legal, ni quedar fuera del euro, y se irán de Cataluña. Pero Cataluña no aceptará a su vez todo esto y seguirá con su deseo de independencia.

No soy equidistante. Soy realista. No veo en el futuro ni una Cataluña independiente, ni una España unida. Solo veo, ojalá me equivoque, una cosa.

El Ulster.

Posteado por: fernando2008 | 29 agosto 2017

El “malismo”.

 

 

 

Soy un optimista incorregible. Mil veces me he ordenado a mí mismo no volver a escribir sobre la actualidad, no volver a predicar en el desierto del enfrentamiento cainita de España, y mil veces he vuelto a caer en la tentación. Es cierto que la mejor manera de vencer la tentación es caer en ella y hoy, por fin, hace un poco de fresco, una temperatura ideal para escribir.

Hoy quiero hablar del “buenismo”. El “buenismo” es el concepto de la postverdad que establece que los progres acepan, en virtud de unas ideas misteriosas que nadie sabe cuales son, que los musulmanes vengan a apoderarse de Europa y nadie haga nada. De acuerdo con esas ideas, que repito nadie sabe cuales son ni de dónde han salido, el futuro de los europeos será vestir el turbante y rezar en las mezquitas. Nuestras hijas vestirán el velo, el cerdo y el vino estarán prohibidos y Europa se regirá por la sharía. Con lo cual se acabará Europa, se acabará la civilización cristiana y nuestra forma de vida. Incidentalmente, también se acabarán los progres, pero eso debe ser considerado sólo como un daño colateral. Los progres aceptarán suicidarse por… no se sabe muy bien el porqué, pero tampoco importa mucho.

Pues bien, yo me rebelo contra el “buenismo” y lanzo un nuevo concepto: el “malismo”. Hay que perseguir a los terroristas por toda Europa y abatirlos. Pero no sólo eso: hay que perseguir también por todo el mundo a quienes los adiestra y los paga.

Seamos serios. En lo que coinciden todos los malvados yihadistas es que del Islam sólo saben gritar ¡Alá es grande! y poco más. Beben alcohol, salen con chicas cristianas, trapichean con drogas y de repente ¡se radicalizan! Así, de la noche a la mañana. Tenemos el último caso del heroico muyahidín de Rotterdam que, influido por las enseñanzas radicales del Islam, coge una furgoneta, la carga con bombonas de butano y se va a matar infieles. Afortunadamente, la policía lo detiene. ¿El motivo? Estaba borracho como una cuba. O el caso del yihadista John, feroz combatiente del Islam, decapitador de infieles, que en sus ratos libres le daba a la ginebra “Bombay” y oía a los Beatles. ¡Extraño yihadismo!. O el de los chicos australianos (Australia ha forma parte siempre del Islam) a los que el autodenominado estado islámico atrajo ofreciéndoles todas las armas que quisieran y todos los blancos humanos que pudiesen matar.

Cristiano en Charlotteville

Descerebrados, inadaptados, enfermos mentales ha habido siempre. Y siempre ha habido líderes criminales que se aprovechan de ellos, lanzándolos a cometer las mayores barbaridades. En esto no tiene la exclusiva el Islam. Hace poco tiempo, en Charlottesville, un cristiano lanzó su coche contra una manifestación. En Noruega otro cristiano mató a 77 jóvenes socialistas. Lo mismo que el DAES se autodenomina Estado Islámico, Brevik se autodenomina “caballero templario”. Fijaos en la cantidad de cruces que lleva. ¿La diferencia? Los musulmanes de Barcelona son yihadistas. Los cristianos de Charlotteville y Noruega son locos.

Breivik

Y aquí estamos, sumergidos en una espiral de odio. Decía Séneca que la venganza es un placer y el agradecimiento es un deber. Por eso, es fácil y agradable odiar. Pero ojo: odiar a los que son más débiles que nosotros, no vaya a ser que el odio se vuelva peligroso. Los matones nazis atacaban a los judíos, porque sabían que los judíos estaban indefensos. Los racistas blancos atacan a los negros en EE.UU. porque son menos, más pobres y menos protegidos. En España es relativamente seguro atacar a los moros que venden cosas por las calles porque, normalmente, se aguantan.

Permitidme que, en este momento del artículo, haga una breve digresión y os cuente un chiste. Durante mucho tiempo se ha estado protestando en Barcelona porque las Ramblas estaban llenas de “top mantas”, pobre gente que vende lo que puede poniéndolo encima de una manta en el suelo. La policía, supongo que debido a estas quejas, realizó unas actuaciones, y la Rambla quedó libre de manteros. El día en que la furgoneta de los asesinos sembró de muerte la Rambla hubo gente que protestó ¿Por qué no había manteros en la Rambla? Tenían que haber estado allí, para parar la furgoneta con sus cuerpos. El infierno son los otros.

Retomando lo del “malismo”, pienso que si la policía abate a diez terroristas, siempre habrá otros diez dispuestos a coger el relevo. Y más ahora, cuando el autodenominado estado islámico está siendo destruido. Por lo tanto, para acabar de una vez por todas con el terrorismo yihadista hay que acabar con los que los entrenan. El agente de la CIA Osama ben Laden hizo un buen trabajo organizando a los yihadistas contra los soviéticos. De acuerdo. Pero los Estados Unidos deberán, en justicia, darles ranchos en Minnesota, o masacrarlos a todos. No quiero dictar la política exterior norteamericana. Por eso dejo al inquilino de la Casa Blanca que elija una de las dos soluciones. Pero lo que no podemos tolerar de ninguna de las maneras es que el resto del mundo pague con sangre el paro de sus agentes.

Reagan con los talibanes

En cuanto a la financiación, no es un secreto que proviene de los países del Golfo Pérsico. Los libros de texto del autodenominado estado islámico son los de Arabia Saudí. El wahabismo saudí es el que financia las mezquitas radicales en Europa, pero se niega a hacerse cargo de ni uno solo de sus hermanos musulmanes refugiados. Pero ese régimen es intocable. No sólo porque nos compra armas y trenes sino, sobre todo ¡cuando vienen a Marbella dan una propinas enormes! Hace unos días hubo un incidente entre el séquito de un príncipe saudí y la policía. Los mismo que aplaudieron cuando cuatro terroristas fueron abatidos, pusieron el grito en el cielo ¡Si dejan de venir perderemos mucho dinero! Y el dinero de los países del golfo no sólo sirve para financiar mezquitas. Habrá que resignarse y tener unos cuantos muertos cada año. Ya les haremos altares con velas, flores y peluches

Lo primero con lo que acaba el terrorismo es con la objetividad.

 

Posteado por: fernando2008 | 27 febrero 2017

Augusto – Adrian Goldsworthy.

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Cuando mi amigo Nino me recomendó este libro, me di cuenta de lo poco que conocía de Augusto. Es un hombre misterioso, el hombre de las mil caras, aunque para sus súbditos solo tuvo dos.

Se dice que Sila, obligado a perdonar a Julio César, sobrino de Mario, su enemigo, exclamó: “Hay muchos Marios en ese joven”. Pues bien; lo mismo puede decirse de Augusto. Hay muchas personas en él, personas que van sucediéndose sin que siempre se aprecie un nexo entre una y otra.

Augusto joven.

Augusto joven.

A la edad en que los chicos apenas se preocupan de otra cosa que de juegos y novias, Octavio, por la muerte de su tío abuelo César, pasa a primer plano de la política romana. Y entra de lleno. Roma vuelve a vivir con horror la época de las proscripciones. Los ciudadanos y los senadores mueren según sean amigos o enemigos del triunviro de turno. Cicerón definió al entonces Cayo Julio César Octaviano como “laudandum adolescentem, ornandum, tollendum” que venía a significar que “el joven debe ser alabado, honrado y promovido.” El joven era Octaviano, pero “tollendum” no solo significa “promover” sino también “asesinar”. Y en boca de Cicerón, esos dobles sentidos se sabía muy bien cómo había que interpretarlos.

Cuando Octaviano y Marco Antonio se reparten el mundo (Lépido había quedado relegado a Pontífice Máximo), aparece otra faceta de Octaviano: la de general victorioso. En realidad, si hacemos caso a las crónicas y chismorreos, Octaviano era débil, enfermizo y se quitaba del medio en el momento que olía una batalla, llegando incluso a meterse varios días en un pantano hasta que pasó el peligro de Filipos. Pero sabía elegir bien a sus generales. Gracias a ellos, gana a aquella fuerza de la naturaleza que era Marco Antonio. También tenemos que tener en cuenta que, aunque Marco Antonio no era precisamente una virgen vestal, fue el blanco de una campaña de calumnias hábilmente orquestada por Octaviano.

Augusto de Actium.

Augusto de Actium.

Y después de Actium, Augusto queda dueño del mundo. Con sus achaques, con sus aciertos, con sus equivocaciones, pero será único. Pero aunque es el centro de todas las miradas, su figura sigue siendo un misterio. Su sello personal fue la esfinge, la guardiana de los secretos. La esfinge que también aparece en la coraza de su estatua de “Prima Porta”.

Para los millones de romanos que jamás vieron a Augusto, su figura solo tiene dos representaciones. Una la de Octavio joven, parecida a la de todos los adolescentes de su época y otra llamada “de Actium”. Augusto vencedor, en la plenitud de su vida con el pelo peinado en la forma de garra de león y cola de golondrina. Y ya no envejece jamás. Para sus súbditos, es un dios eternamente joven. Para hacernos una idea de cómo sería en su vejez, os traigo una foto del Augusto de la magnífica serie “Yo, Claudio”.

Augusto de "Yo, Claudio".

Augusto de “Yo, Claudio”.

Con respecto a la moralidad, ni Octavio ni Octaviano fueron ejemplo de ella. Casado con Clodia Pulcra, se divorció en extrañas circunstancias para casarse con Escribonia. No menos extraño fue su tercer matrimonio con Livia, casada entonces y embarazada. Cuando se convirtió en Augusto intentó sin éxito, éxito que no alcanzó ni en su propia familia, reformar las costumbres. Según los chismorreos de la época, Augusto tenía un miedo cerval a Livia, con la que no pudo tener ningún hijo, y se desfogaba con mujeres de baja condición. La leyenda de que resistió a los encantos de Cleopatra, es falsa. Cuando se entrevista con Octavio, Cleopatra tiene ya 39 años y ha perdido el encanto que le sirvió para seducir a César y a Marco Antonio.

Los esfuerzos de Augusto para gobernar el imperio, sus deseos de abdicar, deseos impedidos inmediatamente por el senado en una obra teatral magnífica en la que los dos participantes saben como va a acabar la cosa y lo tienen magníficamente ensayado, es la parte principal del libro. También el autor dedica mucho tiempo al estudio de los honores concedidos a Augusto y los rechazados por él, así como a su infelicidad familiar.

Quiero terminar con una idea que no aparece en el libro, pero que debía estar: la influencia de Augusto en el cristianismo. Dicho así, parece absurdo, pero no lo es. Augusto fue en su época y posteriormente la personificación del poder, de la majestad. Y los cristianos aprovechan alguna de sus características para atribuírselas a Jesús. Por ejemplo, el texto de Suetonio, que después de adaptó a Jesús y Herodes, y el hecho de que Augusto, hijo adoptivo de Julio César fuese llamado “Hijo de Dios”.

Augusto y sus amigos.

Augusto y sus amigos.

 

Posteado por: fernando2008 | 19 febrero 2017

San Antonio de la Florida, Luisa Fernanda y Alcántara.

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Cuando terminé la carrera, tuve la increíble suerte de comenzar mi docencia en Alcántara, el pueblo de mi madre, el lugar donde están enterrados mis abuelos y gran parte de mi familia. Fue un magnífico augurio. Comenzaba mi trabajo con muy buen pie.

En los años setenta, la política del ministerio de Educación (ni se barruntaba entonces la idea de las comunidades autónomas) era bien clara. Ahorro. Así me vi impartiendo clases de Historia, Geografía, Arte, Filosofía… y Música.

Nada que decir de las cuatro primeras asignaturas, asignaturas serias, de las que tenía más o menos idea. Pero la Música era otra cosa. Mi educación musical, autodidacta por más señas, terminaba y termina, en los grandes compositores del XIX. Todo lo que viene después de los Strauss era y sigue siendo para mí “terra incognita”. Sin embargo, con la alegría de mis veintitantos años, me tomé la Música como un reto. Quise infundir en la mollera de mis magníficos alumnos de Alcántara que había más allá de la música discotequera. Y creo que lo conseguí.

De la misma manera que la explotación didáctica del medio hizo que, muchos años después, mis alumnos de Arroyo de la Luz terminasen queriendo (u odiando, no lo sé) a Luis de Morales, busqué algo que conectase Alcántara con la música clásica. Y lo encontré en la zarzuela “Luisa Fernanda” parte de cuya acción se desarrolla muy cerca de allí, en Piedras Albas.

La primera vez que se oyó en mi clase la música de la zarzuela, los alumnos se miraron asombrados. ¡Este dinosaurio nos trae música prehistórica! Incluso un día que fuimos de excursión puse una cinta de la susodicha zarzuela, música acallada por gritos de indignación. ¡Queremos música de ahora, música de verdad!

Pero poco a poco, la sensibilidad que hay en todo cerebro joven, fue abriéndose paso. Mis alumnos comenzaron a apreciar la buena música. Y comenzaron a entender “Luisa Fernanda”. Uno de los momentos más gratificantes de esta etapa fue cuando vi lágrimas en los ojos de algunas alumnas ante el final de la zarzuela en el que Plácido Domingo (no hay otro Vidal Hernando mejor que el suyo) declara que sin su morena, no sirve ya para nada.

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Y el tiempo pasó. Cuando aprobé las oposiciones y tuve que marcharme de Alcántara, salí llorando a lágrima viva. No me avergüenza decirlo. Es un homenaje que debo al pueblo de mi madre. Y a mis primeros alumnos.

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Hace dos días, por fin pude conocer la ermita de san Antonio de la Florida. Visitándola resonaron en mis oídos la “mazurca de las sombrillas” y volví a recordar el pueblo de mi madre, el pueblo de mis dos hijos, el de mi primer trabajo, el pueblo donde fui tan feliz.

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Posteado por: fernando2008 | 18 febrero 2017

Sorolla en París

 

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captura-de-pantalla-2017-02-18-a-las-16-19-24No. No ha sido uno de mis famosos ataques de “vaguitis aguda”. Llevo casi tres meses de un trabajo frenético gracias a (o por culpa de) un documento que he desempolvado del Archivo Provincial de Cáceres. Un documento de 87 folios con una letra microscópica. ¡Cómo podrían escribir miniaturas los escribanos del XVIII!. Pero la ocasión merece que salga de mi retiro y comparta con vosotros esta experiencia.

Como historiador estoy totalmente en contra del dicho: “cualquier tiempo pasado fue mejor”. No es cierto. Cualquier tiempo pasado fue anterior. Y entonces, nosotros teníamos otro cuerpo, teníamos otras fuerzas, teníamos otra mirada. Lo mejor eran esos días azules, ese sol de la infancia, no la situación económica o social por la que atravesábamos.

Esos días azules y ese sol de la infancia, han pasado irremediablemente. Nunca volverán. Aunque, a veces, podemos atisbarlos por el rabillo del ojo. Como, por ejemplo, mirando los cuadros de Sorolla.

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Alguien ha calificado el estilo de Sorolla como “luminiscismo valenciano”. Creo que es muy correcto. Sorolla es luz, Sorolla es blanco, Sorolla es azul. Es una vela blanca que se está cosiendo en un patio lleno de sol de flores. Sorolla es la piel mojada de los niños que se bañan en el mar. Sorolla es el viento que mueve la ropa de las dos mujeres que pasean por la playa, vestidas de blanco, con zapatos negros la primera y blancos la última. Lo de Sorolla no es pintar: es robar la luz y el color a la naturaleza

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Sorolla es todo lo que nos queda de nuestros días azules y del sol de nuestra infancia.

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Sé que hay otros Sorollas. Hay el magnífico Sorolla retratista, que se autorretrata con la seriedad en su mirada, mostrando los recovecos del alma. Hay, incluso un Sorolla pintor de batallas.

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Y hay, también, un Sorolla que ha influido en el traje regional de Cáceres. Un Sorolla que vio un Martes Mayor a un grupo de montehermoseñas vendiendo cencerros para las ovejas, con sus gorras de trabajo, gorras que había inventado hacía poco una señora que no era de Montehermoso. Pero que la mirada y el pincel de Sorolla las unieron para siempre al traje popular de Cáceres.

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Muchos Sorollas hay, y mucho ha aportado Sorolla a la pintura española. Pero por lo que estará siempre en mi corazón es por haberme permitido ayer volver a ver por un momento los días azules y el sol de mi infancia.

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