Posteado por: fernando2008 | 28 febrero 2011

Pilar Urbano. Jefe Atta. El secreto de la Casa Blanca.

“Cualquier parecido con la realidad es… pura investigación”.

Pilar Urbano.

Paso corto, vista larga y mala leche. El consejo no iba dirigido originalmente a la investigación histórica, pero puede servir para ésta. Con todas las salvedades posibles. Entre ellas el hecho de que no se puede hacer la historia del 11 de septiembre del 2001 en el 2003. Ni siquiera se podrá hacer en el 2013. Hay que esperar muchos años a que determinados documentos se desclasifiquen. Y algunos documentos sobre este tema no se desclasificarán jamás.

Puedo aseguraros que no soy de los conspiranoicos. Pienso que las explicaciones más normales suelen ser las acertadas. Y que todos los que revelan conspiraciones del pasado lo que quieren es hacerse con el dinero del presente. Por ejemplo, el tesoro de los templarios existe: está compuesto de los derechos de autor que los escritores de hoy han cobrado elucubrando sobre él.

Pilar Urbano ha hecho en este libro un magnífico reportaje sobre el antes, el 11 S, y el después. Cualquier lector se da cuenta, desde las primeras páginas de la ingente tarea de investigación que ha sido necesaria para poder organizar dicho reportaje. Y lo que es mejor, a mi juicio, es que no se lanza a elucubrar como otros autores. Recuerdo las mentiras fantásticas que se organizaron en periódicos y documentales. Hay en Wikipedia toda una página que recoge el listado de conspiraciones. Incluso yo he visto una foto en la que un turista sonríe a la cámara desde lo alto de una torre… cuando el avión se lanzaba contra ella. Por último, alguien dijo que de las 2.600 personas que murieron en ella, ninguna era judía.

Pero centrémonos en el libro. En el “antes” Pilar Urbano sigue a los componentes del comando suicida desde sus lugares de origen hasta Alemania y desde allí a los Estados Unidos, recreando su formación académica, generalmente caótica, las becas de las que disfrutaban, sus desapariciones para contactar con Al Qaeda, sus estudios de piloto en los Estados Unidos. Incluso una visita de Atta a Tarragona. Nos describe la evolución psicológica de un musulmán tibio a un “yihadista” suicida. Hace hincapié en sus dudas, en la pobre idea del paraíso que tienen. Incluso refleja una conversación en la que uno de los “mártires” pregunta a Atta si el infierno y el paraíso son dos estados espirituales o lugares. La respuesta de Atta habría gozado de la aprobación de Benedicto XVI: “Las dos cosas. Cada hombre, según sus acciones, gozará o sufrirá eternamente un estado espiritual en un sitio localizado: cielo o infierno”. Los integrismos se tocan.

Estoy totalmente de acuerdo con Pilar Urbano cuando dice que usar la palabra “mártir” es prostituir el concepto moral. “El mártir no busca su muerte. Ni la planifica. Ni la provoca. El mártir no se mata: se deja matar, cuando la única manera de conservar la vida es renegando de su fe. Y no hay Corán ni Torá ni Evangelio que ofrezca el Paraíso a quien se suicida con el propósito de causar daño, o a quien usa su propia muerte como arma de asesinatos. No hay una promesa de cielo para quien libremente decide la atrocidad de matarse matando”.

Y también estoy de acuerdo en la indignación con la que relata como los terroristas aprovechan todas las ventajas que las permisivas democracias occidentales les ofrecen para seguir adelante con sus criminales planes. Atta llega a pedir una subvención al gobierno federal para comprar una avioneta. La gestión fracasa porque el encargado de tramitar la petición es una mujer, y el integrista islámico no quiere rebajarse a tratar con ella.

Varias veces mis lectores me han tachado de filomusulmán. Y tienen razón. Aunque sólo conozco Marruecos, tengo buenos amigos musulmanes. Desde luego ninguno, que yo sepa, fanático. Pero cuando se me ha pedido mi opinión sobre las relaciones entre musulmanes y cristianos, mi respuesta ha sido la misma: los musulmanes deben tener en Europa la misma libertad que los cristianos tienen en Arabia. Es una buena vara de medir.

Continúa el libro describiendo el horror del 11 de septiembre, y los puntos obscuros que hubo en la versión oficial. Pilar Urbano defiende la tesis de que el tercer avión no se estrelló contra el Pentágono y que los daños allí ocasionados fueron por un fallo en la batería de misiles del propio Pentágono. La verdad es que nadie ha visto jamás esa batería. Incluso cuando en el 2002 una avioneta violó el espacio aéreo de Washington, se desalojó el Capitolio, pero la fantasmal batería no entró en funcionamiento.

Otro punto obscuro es el de si los cazas que salieron una vez dada la alarma derribaron el tercer avión o el derribo se produjo cuando los pasajeros atacaron a los terroristas. La cuestión no es baladí. Las compañías aseguradoras pagaron quinientos millones de dólares a las familias de los afectados. Si hubiesen sido los aviones militares norteamericanos los que dispararon contra aviones comerciales que no podían devolver el fuego, aunque ellos mismos fueran bombas volantes, la indignación y las reclamaciones se habrían disparado. Además, a las familias de los muertos les agradaría más saber que sus seres queridos murieron peleando antes que saber que lo hicieron como mansos corderos llevados al matadero.

Pero, lo más interesante, está al final del libro. Lo que hay debajo de los cantos de victoria o los lamentos de dolor. En suma, el dinero.

Comencemos por “El Bueno”: George W Bush. Como dice Pilar Urbano “aquel Día, él no estuvo” No estuvo en su puesto hasta bien entrada la tarde. El “Fuerza Aérea Uno” anduvo por los vacíos cielos de Estados Unidos rodeado de cazas y desplazándose de un sitio a otro. El vicepresidente, desde el búnker de la Casa Blanca dirigía todo, hasta las evoluciones sin sentido del presidente. “Lo que Cheney no le decía a su joven Presidente era que había hablado ya un par de veces con su viejo amigo, George Bush padre; y si éste le había sugerido: Dick, hoy hazle tú el turno”. Quizás George Bush padre, con buen criterio, pensó que Cheney se desenvolvería mejor en esa peligrosa situación. Y, desde luego, los acontecimientos posteriores le dieron la razón. En palabras de Pilar Urbano: “La guerra contra Afganistán, concebida como la concibió Bush, como «legítima defensa demorada en el tiempo», iba contra el derecho de guerra -contra el ius belli-. Era represalia. Era venganza. Era, crudamente, masacrar a un pueblo y destruir un país por cazar a un hombre”. Y no sólo fue la guerra. Estuvo también Guantánamo.

No sólo hubo miedo y luego venganza. También hubo dinero. Antes y después.

Si no recordaba mal, de 1978 a 1984, George W. Bush era un destacado ejecutivo de la petrolera Arbusto, rebautizada como Arbusto-Bush Exploration.(Empresa creada por George Bush padre con el llamado «grupo de los texanos». Uno de los 50 accionistas de la compañía era James E. Bath, quien casualmente representaba en Texas los intereses del Bin Laden Group). A continuación la compañía fue absorbida por Spectrum, y ésta a su vez adquirida por Harkem Energy. En 1986, George W. Bush pasó a ser directivo de alto rango en Harkem. Curiosamente, le permitieron comprar acciones de Harkem al 40 % de su precio real. En los últimos días de julio de 1990, George W. Bush, hijo del entonces Presidente de Estados Unidos, tuvo una “corazonada”: debía soltar papel cuanto antes. Y logró vender el 60 % de sus acciones justo en vísperas de aquel desplome brutal de los precios del crudo. El 2 de agosto, Sadam Hussein invadía Kuwait…”por sorpresa”. ¿Sorpresa también para el hijo del Presidente? No sólo vendió Bush. Toda la empresa Harkem se benefició de su “corazonada”. En cambio, por el escándalo especulativo y por la sombra de «información privilegiada», se hundió el banco que había gestionado los dividendos: el BCCI.Y su cartera de clientes pasó al Banco Alex Brown. Entre esos clientes estaban George W. Bush, Harkem Energy, la Casa Real saudí y el Bin Laden Group” ¡Los Bush y los Bin Laden en el mismo consejo de administración. ¡La pela es la pela!.

Después de estudiar a “El Bueno”, pasemos a estudiar a “El Feo”. El feo sería Arabia Saudí y demás emiratos árabes, defensores de una cosa ante la galería y de otra muy distinta bajo cuerda. “No era fortuito que 15 de los 19 participantes en los atentados fuesen saudíes. Ni que Wail Alsheri y Abdulaziz Alomari -miembros del comando de Atta los dos- disfrutasen de bolsas de estudio y estancia en Estados Unidos otorgadas por el Gobierno de Arabia Saudí para obtener sus licencias como pilotos de líneas aéreas. Quizá pudo ser una negligencia timorata que la princesa Haisa Faisal, esposa del príncipe Bandar Sultán, embajador de Arabia Saudí en Estados Unidos, estuviese enviando durante cuatro años determinados talones -unos 3.140.000 dólares- a un saudí, Osama Basnam, residente en Estados Unidos y “necesitado de ayuda”. No debía de estar tan necesitado, cuando derivaba parte de esas inyecciones a un tercer individuo, Al Bayoumi, miembro activo de la célula de Al Qaeda en San Diego, quien a su vez los entregaba a Jalid Almidhar y Nawaq Hazemi, los “logísticos” y pioneros del comando de Atta en América.

Las nada raquíticas ayudas de Arabia Saudí a grupos extremistas musulmanes, eran un inicuo pago para comprar la seguridad en su propio territorio. Sólo entre septiembre de 2000 y noviembre de 2002, y desde el Ministerio de Interior, el Gobierno saudí distribuyó 140 millones de dólares a terroristas de Yihad Islámica y de Hamas, a través de organizaciones benéficas controladas por esos grupos.

Pasemos por último a “El Malo” de la película: Osama Bin Laden, a quien se admiraba por su desprecio de las riquezas y porque “pudiendo vivir como un príncipe, eligió la vida dura y pobre de un guerrero de Alá”. Éste no era un clérigo, ni un jurista islámico, ni un guerrero, ni un estudioso del Corán. Era un multimillonario saudí. El presidente un holding de empresas. Un hombre de negocios. Osama siempre dijo que desconocía la fecha exacta del ataque, pero antes de dicha fecha se detectaron extrañas operaciones de compraventa. Y quienes cobraron por dichas transacciones, quienes sacaron suculentas ganancias “fueron el Deutsche Bank y su filial estadounidense, el banco Alex Brown. Podría ser una casualidad sarcástica, pero el Bin Laden Group tenía sus cuentas más enjundiosas depositadas en el Deutsche Bank/Alex Brown”.

Bin Laden se habría aprovechado de un «ataque santo» con jóvenes «mártires» por medio, para dar un vulgar «pelotazo» de oportunismo en bolsa, obteniendo dinero caliente.

¿Necesitamos creer en conspiraciones, Expedientes X, cintas de vigilancia que desaparecen, connivencia del FBI con los terroristas? No. La realidad supera a la ficción. Y es mucho peor.


Responses

  1. Efectivamente, la realidad supera a la ficción y si conociéramos los entresijos que hay detrás de los llamados “grandes hombres y gobernantes” perderíamos la fe en la raza humana. creo yo. O sea que mejor “no meneallo”. :-(

  2. Meneallo, meneallo. ¡Que se sepa! Que no nos la den con queso. Que luego Bush se sube a unos cascotes en la Zona Cero y parece que fue él quien estuvo allí con las mangueras.

  3. Estoy de acuerdo con Pilar Urbano, que en el Pentágono no se estrelló un avión comercial. Recuerdo que a la mañana siguiente del ataque en el Mundo digital se podían ver las fotos de la fachada atacada y había las incongruencias que luego se han destacado, de la falta de restos del avión y el cesped en perfecto estado de revista.
    Mi opinión coincide con la de otras informaciones que se pueden encontrar en internet, de que lo que realmente se estrelló allí fue realmente un misisl tipo crucero o similar, pero en fin algo con un gran poder de penetración. Soy piloto, he volado más de 30 años y distingo claramente los restos de un avión y sé que la aproximación, “tan limpia” a pesar de estar llena de obstáculos urbanos al pentágono, no la puede realizar un avión comercial¿Disparado por quién? !Ahh! ahí ya no llego. Lo más que se puede decir es que lo dispararon los que lo tenían.
    Se han creado muchas hipótesis sobre este ataque, muchas de ellas excesivas, pero en lo referente al Pentágono no hay duda. Se mintió y se miente. Recuerdo que la misma tarde del ataque se ofrecían imágenes por TVE del “avión que se estrelló contra el Pentágono” y era un Airbus cuatrimotor que parecia bajar debido a la perspectiva. El que dicen que se estrelló era un Boeing bimotor…
    Un cordial saludo

  4. Pues muchas gracias por esa información que siempre es bien recibida. Una prueba más de que los americanos siempre nos mienten. Un cordial saludo


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