Posteado por: fernando2008 | 9 enero 2009

La Vía de la Plata

calzadaromana

Es curioso que, casi siempre, desconozcamos lo más cercano. Quizás porque no le demos importancia, o quizás porque lo tenemos muy cerca y siempre dejamos su estudio para un momento mejor, tranquilo y relajado, momento que, al final, nunca llega.
Cuando desde el Arco de Tito contemplamos las ruinas de los foros romanos, nos sentimos sobrecogidos por estar en un lugar numénico. Pues bien; nuestra comunidad está atravesada de sur a norte por un lugar numénico mucho más antiguo y con más historia. Me refiero a la “Vía de la Plata”.
Sólo enumerar los nombres que se le han dado a este camino nos permitiría hacer un repaso a toda la historia de España. Si me seguís, iniciaremos el viaje.
En un principio, no tenía nombre. Porque el camino lo hicieron los animales, no los hombres. La trashumancia la inventaron las manadas de herbívoros que buscaban los frescos pastos del norte en verano y las cálidas tierras del sur en invierno. Tras los herbívoros iban los carnívoros y, entre ellos, el más voraz de todos: el hombre.
El camino sin nombre se fue consolidando a lo largo de los milenios. Propició el comercio neolítico y la introducción de los metales tartéssicos. Gracias a éstos, recibió su primer nombre “Camino del estaño“. Por él subió Aníbal a conquistar Salamanca. Nunca pudo imaginar que la calle por la que penetró en esta ciudad a sangre y fuego se convertiría, dos mil años después, en el remanso de paz y saber que es ahora la calle Libreros.
Con Roma, el camino se oficializa. La calzada es un instrumento de conquista tan potente como el “gladius”. La Vía Hercúlea, luego llamada Augústea, porque Augusto mandó repararla, comienza en los Pirineos y termina en Cádiz.
Y desde Cádiz, al norte. Comienza entonces el baile de nombre equívocos
Vía Lata” Muy improbable. La vía Lata era la Hercúlea. La nuestra es mucho más pequeña.
Iter ab Emerita Asturicam” . Bien. Ese es el título de una tesis doctoral del siglo XX, no el nombre de la calzada. Ha ocurrido lo mismo que con el título del libro “Gárgoris y Habidis”.
Vía Delapidata“. Cualquiera que conozca cualquier tramo de esta calzada, sabe que no está hecha de guijarros. No, por lo menos, su parte visible. Además ¿qué calzada no era de piedra?.
César y Metelo debieron llamarla “Vía XXIII“. Un nombre poco romántico, de acuerdo. Los Balbo la siguieron desde Cádiz hasta la plaza de Santa Clara. Viriato la vería con el mismo horror con el que veían los indios americanos el trazado del ferrocarril que se iba acercando a sus praderas.
Por la “Vía XXIII” bajan los visigodos destruyendo primero y construyendo después. A cuatro kilómetros de la vía se edificará Santa Lucía del Trampal.
Suben los musulmanes. Muza la recorre y queda maravillado ante Mérida. También la vía maravillará a los musulmanes que la llamarán “Al Balat“.
Y aquí hace su aparición el nombre más conocido. Su traducción es “La enlosada, la pavimentada”. Había una plaza en Yatrib, o sea en Medina, entre la mezquita y el mercado que se llamaba así. Incluso los musulmanes llamaron “Al Balat” poéticamente, a Jerusalén.
También subirá por ella muchas veces Almanzor, siendo la primera vez que la vía influye negativamente en lo que después será Extremadura. Como no hay manera de oponerse militarmente a “El Victorioso” se creará un desierto estratégico en la mesopotamia entre el Duero y el Tajo.
En el devenir de subidas y bajadas, le toca ahora el turno a los cristianos. Y le dan un nuevo nombre “Vía Guinea” o “Vía Quinea” nombre que algunos hacen derivar de “Vía equina” El Cid la atraviesa camino del destierro.
Los mozárabes suben por ella y la llaman “Camino mozárabe” porque también fue el “Camino de Santiago“. Posteriormente será el “Camino Real” y también el “Camino de las Indias“.
Y es ahora cuando la Vía nos hace la segunda jugarreta, jugarreta que afectará a nuestros actuales bolsillos. En efecto, en 1157, por el Tratado de Sahagún, se decide que sea la frontera entre los reinos de Castilla y León. Aparte de lo pintoresco del hecho de que los alumnos del Norba (León) tengan que examinarse de Selectividad en la Universidad (Castilla), esta división será una de las causas por las que no se daría un “hecho diferencial extremeño” y no podamos reclamar una negociación bilateral asimétrica en nuestra financiación autonómica. Gracias al Tratado de Sahagún, para nosotros la pela no es la pela.
Continuemos. Colón pasa por ella en 1504 y la llama “Vía de la Plata”. Nebrija le corrige en 1510, diciendo que ese nombre es un error. Y, para terminar de una vez, Bernabé Moreno de Vargas, que vive sobre ella la llama “Vía Consular“.
De todo lo expuesto anteriormente, hay una cosa que queda meridianamente clara. De plata nada. Aunque sólo sea porque “plata” en latín es “argentum”. El único rastro de ese metal que encontramos a lo largo de la calzada es Almadén de la Plata. Pero el nombre proviene de “Al madin al balat” (La mina de la calzada). No es la calzada la que recibe el nombre de la plata. Es la plata la que recibe el nombre de la calzada. Con lo cual, hemos cerrado el círculo.
Yo la seguiré llamando “Vía de la Plata”. Es incorrecto, pero mucho más sonoro y evocador que “Vía XXIII”. O que “Nacional 630“.

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